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La atmósfera enrarecida del sector editorial, el talante de su autor, Sergio Vila-Sanjuán, periodista cultural de La Vanguardia de Barcelona, y la naturaleza anecdótica e indiscreta de este ensayo periodístico hacen de Pasando página, a qué dudarlo, un libro polémico.
     Fruto del encargo del editor de Destino y de frecuentar el sector del libro y sus personajes durante muchos años, el ensayo de Vila-Sanjuán, que se ocupa con provecho de los años siguientes a los que revisa Xavier Moret en Tiempo de editores. Historia de la edición en España 1939-1975, no disimula su condición de crónica periodística, y aborda el desarrollo del sector desde 1975 hasta hoy sirviéndose de un discurso a un tiempo minucioso y, digámoslo también, frívolo. Los epígrafes y títulos de cada capítulo (“Tercer hito: operación Belver Yin“, “El Planeta de Mister Lara”, “Las flores del Mall”, “El fin del señor de la pipa” o “El star-system de autor”) reflejan el estilo lúdico y ácido de una obra que estaba destinada —habida cuenta de cómo nos las gastamos por estos pagos— a ser criticada hasta la saciedad. Son muchos los que sólo han visto en ella un rosario de ausencias, omisiones o torpezas, esto es, la mota, ignorando adrede el esfuerzo globalizador, la abundancia de fuentes o el arrojo de la empresa, esto es, la viga. El caso es que, al margen de las críticas por la complicidad de un discurso trufado de gossips y cotilleos varios —algunos fuera de lugar, como los entresijos “conyugales” de los propietarios de Tusquets—, al libro se le ha reprochado su maniqueísmo y falta de voluntad de contrastar fuentes —en el caso de los affaires de la fundación de Crítica y del “descubrimiento” del Nobel Kertész en nuestro mercado—, sus veleidades corporativas —que lo llevan a minusvalorar la importancia de suplementos de libros como el de El Periódico de Catalunya del Grupo Z, competencia local del de La Vanguardia—, su tendencia a la hagiografía o la elipsis según corresponda a las afinidades electivas de su autor, el carácter meramente testimonial de la información dedicada a la edición gallega o vasca, su menor esmero e interés por la edición en catalán, se diría que despachada por compromiso y sin atender a cuestiones en verdad primordiales para la dinamización del sector (coediciones, carrera de iniciativas), el olvido del boom de la formación de editores, la ausencia de referencias a la balcanización de las agencias, y el olvido de El Europeo, El Urogallo o El Paseante, o el excesivo peso de la “transmisión oral” (entrevistas, confesiones, seminarios) en la documentación empleada. Nada nuevo, sabido es que esta suerte de libros, como las antologías poéticas o ciertas memorias, levantan ampollas y enredan la madeja, cuando en realidad debieran verse como aportaciones a la historiografía, y juzgarse en virtud de su honestidad y de su claridad de criterio.
     Cumple señalar, en cualquier caso, que algunos libros aparecidos en los últimos años contribuyen asimismo a esclarecer la situación del sector editorial desde mediados de los setenta. De un lado, las memorias de editores como Mario Muchnik, Lo peor no son los autores. Autobiografía editorial, 1966-1997; Jorge Herralde, Opiniones mohicanas; Carlos Barral, Memorias, o Rafael Borràs, La batalla de Waterloo. Memorias de un editor. De otro, los ensayos monográficos de André Schiffrin, La edición sin editores, y Jason Epstein, La industria del libro, y todos a la espera de que Carmen Balcells publique sus “anotaciones a un libro de memorias que jamás escribiré”, como reza el irónico título de las memorias de su llorado cliente Jorge Amado. El libro que nos ocupa es el primer intento de hilvanar incontables datos y confesiones y tejer una monografía que ordene y explique nuestro sector desde la muerte de Franco. Así, y tras una descripción de la década de los setenta, en la que todavía están muy vigentes figuras y sellos como Juan Grijalbo, Carlos Barral, José Janés, Bruguera o Caralt y Argos Vergara, Vila-Sanjuán introduce al lector en el terreno que más le seduce y que ha tenido la oportunidad de seguir de cerca, los años ochenta y los noventa. Desde el advenimiento de un tipo de lectores en los ochenta que convierte en best-seller de culto una narrativa de calidad —Kundera, Duras, Kennedy Toole, Eco, Süskind o Cohen— a la hipertrofia de los premios literarios y la sombra de corrupción que se cierne sobre ellos, el autor refiere en jugosas páginas que se leen, efectivamente, como una novela de aventuras librescas, la hegemonía de los agentes, el concepto de nicho, torna y sinergia, el nacimiento de la “nueva narrativa española” —de Mendoza a Muñoz Molina—, el auge de la novela de género, el fenómeno de los negros, los escándalos de plagio, la oleada de los libros periodísticos de encargo sobre corrupciones y pelotazos, la elegante tiranía de Círculo de Lectores, la peligrosa dinámica de los grandes grupos —Planeta, Anaya, Random-House Mondadori y Santillana—, las discutidas subastas, la hipérbole de los anticipos desorbitados, la venta masiva de autores españoles en la Feria de Frankfurt, la supervivencia del ensayo y la poesía merced a esforzados militantes de lo sublime, el “negocio de los clásicos” y otras candentes cuestiones de un sector que, a juicio del autor, dispone de una mala salud de hierro.
     Su índice onomástico final —no del todo fiable, sea dicho de paso— se ha convertido enseguida en una suerte de who is who oficioso del sector, y no ha sido preciso ser muy observador para advertir cómo los profesionales del libro se apresuraron a comprobar si figuraban en el dramatis personae.
     Vila-Sanjuán pone el dedo en todas las llagas posibles, disfruta proclamando que el rey va desnudo y convierte muchos de sus capítulos en versiones ampliadas de sus célebres “Latidos de la industria cultural” de La Vanguardia. En fin, hagámonos a la idea de que Pasando página ya es una referencia imprescindible para conocer la evolución del sector del libro en la España posfranquista, y es también, y no menos, un impagable vehículo de acceso a los mecanismos de funcionamiento del sector editorial para lectores no avisados que se formulaban incontables preguntas que ahora encontrarán respuesta. Será fácil de criticar, pero admitamos que es éste un libro tan valiente como necesario. –

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