Para una crítica abierta de la novela hispanoamericana

Discípulos y maestros 2.0. Novela hispanoamericana hoy

Wilfrido H. Corral

Iberoamericana/ Vervuert

Madrid, 2019, 610 pp.

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Para entender este ambicioso ensayo de más de seiscientas páginas de Wilfrido H. Corral me remito al breve cuento de Augusto Monterroso “Obras completas”. Se recordará la tensión entre el profesor Fombona y su talentoso pero tímido discípulo Feijoo. La ambigüedad de Fombona consiste en que no se puede dilucidar si es la preocupación por la seguridad o la envidia por el talento lo que lo lleva a empujar a su discípulo hacia un trabajo académico en vez de animarlo a la incertidumbre de la creación poética. El cuento tampoco revela el destino del discípulo. ¿Se volvió un hirsuto académico acorralado en la edición crítica de las obras completas de Unamuno o se perdió en las miserias y penurias de poetas sin fama? ¿Obedeció Feijoo a su maestro?

Estas preguntas que parece haber querido responder Roberto Bolaño en Los detectives salvajes en el joven García Madero –Monterroso nutre más de lo que parece– también rondan a Corral, que apuesta por muchos Feijoos recientes que la novela hispanoamericana ha dispersado por el mundo. No es optimista, y eso se agradece en un crítico de buena fe. Quizás él mismo se muestra decidido a no seguir las trayectorias de los Fombonas de las academias angloamericanas, españolas y latinoamericanas que circunscriben un pequeño y manejable recinto, siempre autosuficiente, políticamente correcto o victimizado, sin que les importe la pérdida de lo que queda al margen (mucho más voluminoso y enjundioso) y sin arriesgarse a señalar el pulso vivo de revelaciones y carencias de la literatura latinoamericana.

Corral no teme criticar frontalmente –con cotejos minuciosos de correcciones convenientes, otras señalando generalizaciones o banalizaciones– entre muchos otros a novelistas como Carlos Fuentes, Jorge Volpi, Ricardo Piglia, Rodrigo Fresán, Edmundo Paz Soldán, Alberto Fuguet, Sergio Chejfec o Juan Sebastián Cárdenas, así como a sus respectivos críticos. Al mismo tiempo apuntala a quienes considera decisivos para su criterio como Bolaño, César Aira, Alejandro Zambra, Rita Indiana, Ariana Harwicz, Eduardo Berti, un par de novelistas ecuatorianas y varias autoras mexicanas, además de unos títulos puntuales de otros autores ubicados en ese mainstream itinerante de acuerdo a las modas periodísticas a las que Corral no se rinde complacientemente, sino todo lo contrario, y de los que su criba sustentada salva títulos de Héctor Abad Faciolince, Diego Cornejo o Wendy Guerra.

Discípulos y maestros 2.0. Novela hispanoamericana hoy es una síntesis del trabajo crítico de Corral sobre la novela, si se toma en cuenta que ha dedicado varios libros al género, empezando por los monumentales volúmenes de Los novelistas como críticos (con Norma Klahn, 1991-1992), pasando por Cartografía occidental de la novela hispanoamericana (2010) o libros sobre Mario Vargas Llosa y Bolaño. A partir de la recepción de este compiló con numerosos críticos nuevos The contemporary Spanish-American novel. Bolaño and after (2013). A esto se podría sumar decenas de artículos en varias revistas de lengua inglesa y española.

Digo síntesis a pesar de la extensión de este tomo. Sobre todo es necesario advertir su procedimiento para abordar la materia descomunal del campo novelístico, una producción difícil de seguir al tratarse de obras de decenas de países, más aún si se quiere una lectura independiente y crítica del centralismo editorial español o del adocenamiento instrumental de la academia estadounidense sobre lo que debe ser considerado “latinoamericano” según perspectivas ideológicamente viables, e incluso toma distancia de ese criterio de los departamentos especializados en cada país latinoamericano, entre el contexto nacional o su región inmediata. Lo más atrayente, de hecho, es el método que sigue. Corral aplica una lectura comparatista centrada en motivos que son mecanismos de centrifugado que le permiten pasear libremente por distintas novelas, debates, manifiestos y polémicas, donde los referentes no se limitan al ámbito latinoamericano. Consciente de que la formación de las nuevas generaciones de escritores es global, de las nuevas ideas sobre los clásicos y las obras maestras, incorpora referencias teóricas y literarias anglosajonas, francesas y españolas; y así como trata de Bolaño, Aira, Juan Gabriel Vásquez, Cristina Rivera Garza o Zambra, habla de sus pares contemporáneos como Cormac McCarthy, David Foster Wallace, J. M. Coetzee, Philip Roth, David Markson o Adam Thirlwell. También se escapa de la autorreferencialidad de ensayos latinoamericanos por circunscripción temática, y se funda en las teorías más actuales preocupadas por problemas sobre la novela, las tradiciones o la metaliteratura. Recuérdese que Corral y Daphne Patai recopilaron un volumen seminal sobre los excesos de la teoría literaria, Theory’s empireAn anthology of dissent (2005). No se halla aquí el provincianismo latinoamericano de tomar dos o tres metáforas de Roland Barthes, Gilles Deleuze, Jean-Luc Nancy o Franco Moretti, y suponer que así se legitima un sistema crítico sobre obras hispanoamericanas, prescindiendo del trabajo filológico y de archivo que Corral cumple cabal y exhaustivamente. Tampoco se trata de ser “anti-teórico”, como comprueban sus matices a Hans Blumenberg, Jacques Rancière, James Wood y Amy Hungerford. A esos motivos comparatistas y la variedad teórica se suma el enfoque por la recepción múltiple, que ya sostuvo en Bolaño traducido: nueva literatura mundial (2011) y en su primer libro sobre Monterroso.

No encontraremos un replanteamiento apresurado del eje canónico reciente. Bolaño sigue siendo la figura decisiva, lo que no representa una novedad y creo, incluso, que Corral peca de no matizar la vigencia de su cabeza de serie. Lo novedoso es seguir abriendo el espectro sobre la aparente ligereza de Aira y la necesidad urgente de que la crítica latinoamericanista refuerce la incorporación de los referentes anglosajones, y especialmente a españoles como Enrique Vila-Matas o Javier Cercas. Lo fundamental es la puesta en juego y el análisis de casi una centena de novelas, de países y autores muy diversos, a partir de la premisa central que da título al libro, según la cual el crítico percibe tensiones que no son necesariamente herederas de la angustia de las influencias, sino de varias nociones de George Steiner. Sin el resentimiento, la cábala o el psicoanálisis de Harold Bloom, esa ligazón desafiante del discípulo y el maestro zanja periodos históricos a partir de la discusión de los textos y, sobre todo, de las posiciones de campo. Esto marca una distancia del manido esquema generacional en el que Corral no cree.

Desde la larga estela del boom y sus derivaciones (no simpatiza con los elegidos oficiales de Carlos Fuentes), pasando por la oposición entre los novelistas que llama globalifóbicos frente a los nómadas, incluyendo los aciertos y sobre todo los desaciertos de la crítica española en la búsqueda desesperada de un nuevo e imposible boom, lo más novedoso de este estudio son los tres últimos capítulos. Estos descifran el papel actualizado de los gatekeepers o mediadores del mundo literario, los usos de la metaliteratura reciente, los matices de los recursos autobiográficos con distintas tipologías en lo que llama “narrativa del selfie”, y, finalmente, lo que en realidad pasa con la difusión en boga de autores latinoamericanos traducidos y los que escriben directamente en inglés. Parece que nada se le escapa de las discusiones en torno a la narrativa del continente. Si tuvieran que desaparecer los archivos de estos debates, su libro podría dar cuenta de lo perdido.

Christopher Domínguez Michael comentaba en su prólogo de 2014 a la reedición de Las corrientes literarias en la América hispánica de Pedro Henríquez Ureña que quizás “esté por escribirse” la continuación de este clásico de la crítica. Si dejamos a un lado las historias profesorales de la novela latinoamericana y las antologías con varios colaboradores, el libro de Corral es la continuación esperada, por el vasto panorama que sabe abarcar, el rigor en el detalle y la evidencia de la documentación. Solo la exhaustividad bibliográfica, el manejo de artículos de prensa de varios países, y el rastreo de libros inhallables, hacen de Discípulos y maestros 2.0 una referencia ineludible para los realmente interesados en saber qué ha ocurrido en los últimos veinticinco años en la novela latinoamericana. Pese a su panorama mundial y la incorporación voraz de tradiciones, lo que dista a Corral de maestros como Henríquez Ureña y Ángel Rama es no cumplir lo que para ellos fue un reto: el acercamiento a Brasil. Sospecho que no se engaña ni nos engaña al respecto. El rigor de su investigación lo remite a sus lenguas operativas: el español, el inglés y el francés.

Corral concluye que las vías que toman los discípulos hispanoamericanos de su tradición son forzosamente irregulares. Evidencia y desmonta mucho oportunismo casi a cada paso y en minuciosas notas a pie de página. Hay incertidumbre, por supuesto, porque el recorrido que hace Corral, esperanzado o exasperado por encontrar grandes maestros que subviertan su deslumbramiento por Bolaño, sin encontrarlos, lo lleva a un desencanto que pedirá su tiempo para validarse.

Pienso también a quién se dirige este ensayo inaudito. No tengo respuesta: probablemente a los nuevos y arriesgados comparatistas latinoamericanos que se escapan de las correctas academias banalizadas en narcisismos de moralina y cancelación, quizá a los críticos libres que deambulan todavía anónimos por la dispersa red de comentarios digitales y revistas marginales, o a futuros escritores y escritoras que verán que el gran teatro del mundo no solo estaba en las editoriales extranjeras y sus vistosos e inasequibles premios, sino en una América Latina convulsionada que sigue recurriendo a la novela para dar cuenta de lo que los dogmáticos limitan a la condición de sufridos subalternos que dan solo testimonios y no obras de arte, aunque vendan bien y sean traducidos. Corral quiere dialogar, siempre que se tenga presente que la memoria de lo hecho ciertamente es laberíntica, como la de este abierto Funes crítico nada complaciente. ~


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