Sinfonía del desamor con perros

Los galgos, los galgos

Sara Gallardo

Malas Tierras

Madrid, 2021,, 504 pp.

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Sara Gallardo Drago Mitre (Buenos Aires, 1931 – 1988) descendía de una saga de políticos, entre otros Bartolomé Mitre, quien fuera presidente de la República. Sara Gallardo murió de un ataque de asma y dejó una novela sin escribir, para la que había tomado notas: sería la biografía de Edith Stein, de origen judío y monja carmelita, que murió en Auschwitz en 1942. Gallardo había publicado su primera novela en 1955, Enero, en la que una adolescente era violada y se quedaba embarazada. Parte de su recuperación se debe a Piglia, que en 2001 rescató Eisejuaz (1971). En una entrevista en Confirmado, donde ejercía como periodista, Sara Gallardo explicó: “En mi caso escribir –y escribir mucho, aunque sea de manera imperfecta– significa un esfuerzo por desenrollar una especie de madeja interna. Llegar a ser, mediante el trabajo, uno mismo. Es decir, trascenderse a sí mismo para llegar a ser quien uno es y no sabe.” En España estaba inédita hasta que Malas Tierras se ha puesto en la tarea de traerla: EneroEisejuaz y Los galgos, los galgos, una novela de 1968 que tiene como eje central la historia de amor y desamor de Julián y Lisa, y en la que hay bastantes perros, no solo galgos.

El libro empieza con la muerte del padre de Julián, de quien hereda una casa, dinero y la mitad de un campo: la otra mitad le corresponde a su hermano y Julián se la cambia por la casa “y, como aceptó en seguida y tuve que firmar una cantidad de papeles, supe que había hecho mal negocio”, escribe Julián, que es también el narrador del libro. Decide mudarse, al menos los fines de semana, a Las Zanjas, el campo de su padre, con Lisa, la pintora casada con un psicoanalista de la que está enamorado, y tratar de poner en marcha algo así como un negocio con las vacas y la hacienda. De Lisa dice Julián: “He conocido a mujeres que me han gustado por diversas cosas. Lisa me gustaba por todas.” Lo primero que hacen es llevar unos perros a Las Zanjas: Chispa y Corsario, que constituyen una pareja mucho más estable que Julián y Lisa y tienen además lo que Lisa ansía: descendencia. Julián no comprende bien a Flores, su capataz, y tampoco entiende bien el campo, por eso compra mal el ganado y se va fundiendo el dinero más rápido de lo que entra. Le compra regalos a Lisa, con la que vive unos meses de idilio, ellos dos, Flores y los cuatro galgos de Las Zanjas.

En la segunda parte de las cuatro en que está dividida la novela aparecen grietas en el paraíso con las llegadas (hormigas rojas, la familia que va a ocuparse de la hacienda, los toros); de las llegadas escribe Julián: “Cada una arruina la paz de un modo peculiar.” La muerte de Corsario en una pelea puede leerse como una premonición de lo malo que viene: “Todas las cosas nos hablan de desastres.” Hay una fijación con los lunes: “Un lunes murió Corsario, un lunes me despedí del señor Abraham, en lunes se lavaba Julie el hermoso pelo en la bañera de mi casa.” La tercera parte transcurre en París, donde Julián conoce a tres mujeres y entabla una amistad sincera con un niño cuyo simpatiquísimo perro se llama Ringo Star y con un mexicano alcohólico cuya familia le espera en su país natal. Esta sección podría ser una novela exenta, la del rico argentino que puede permitirse ser pobre en París, gracias a una beca conseguida por el tío protector. La cuarta parte transcurre entre Buenos Aires y Las Zanjas, de nuevo.

Para Leopoldo Brizuela, escritor y editor de su narrativa breve (El país del humo), “No es que la obra de Sara Gallardo no se parezca a nada. Es que se parece a muchísimas cosas que han sido descartadas o que se han olvidado o que no son las centrales. Es decir, no se parece a [Ricardo] Piglia, no se parece a [Manuel] Puig, no se parece a Rodolfo Walsh, no se parece a lo que se suele llamar el canon. Pero sí se parecía a muchísimas cosas laterales, cosas que no están en el centro. Esto pasa mucho con los grandes libros. Quedan y mucho tiempo después parece que fueran mucho más originales. Pero no, tomaron cosas de la cultura de su época. De escritores menores o de otros artistas o textos que han pasado al olvido. Eso también es la genialidad.” Los galgos, los galgos produce la sensación de estar ante algo desconocido pero familiar al mismo tiempo. El sentido del ritmo de Gallardo es innegable: la novela es sobre todo una sinfonía con cambios de tono y repeticiones de temas como el de la casada infiel, los perros, los entierros de los perros y los duelos; a veces la repetición es literal. Hay también variación formal: en la primera parte el paisaje es importante, después ganan peso la exploración psicológica o los diálogos. Los galgos, los galgos es una novela ambiciosa que va en realidad de los vaivenes sentimentales de Julián, del que la autora hace un personaje literario nuevo, mezcla de la combinación del atribulado joven enamoradizo de las novelas europeas y el gaucho cínico. Mientras, explora las posibilidades del lenguaje para la creación de imágenes. Un ejemplo: “Encendió la luz y sin mirarme empezó a desvestirse. Yo también. De espaldas a mí, frente al espejo, soltó su trenza y la mata roja y oscura cubrió su espalda hasta los riñones. Entonces comprendí. Dio vuelta y avanzó con gravedad. Yo extendí los brazos.” Esta es solo una de las escenas inolvidables que deja Los galgos, los galgos en quienes se adentran en ella. ~


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