Ucrania es mucho más que un conflicto entre rusos y ucranianos

AÑADIR A FAVORITOS

Tim Judah es corresponsal para The Economist en los Balcanes y Europa del Este y ha cubierto la guerra en Ucrania para The New York Review of Books. Su reciente In wartime (Penguin, 2016), una serie de reportajes a lo largo y ancho del país, es de todo menos un libro sobre la guerra de Ucrania. Judah, como muchos analistas del conflicto, cree necesario un enfoque histórico para comprender la multicultural Ucrania contemporánea y el surgimiento de la revolución del Maidán y la posterior guerra.

Judah no se queda en Kiev. Viaja a Lviv, la ciudad con mayor tradición europea de Ucrania, viaja al este y al conflicto en el Donbass, visita Odesa y la Crimea ocupada por Rusia, cruza la carretera que atraviesa Moldavia hasta la región ucraniana de Besarabia, marginada y aislada por el río Danubio (en la carretera compra manzanas en un puesto. Al llegar al otro lado de la carretera, un policía le advierte de que el puesto pertenece a Moldavia y de que ha entrado ilegalmente en el país).

Explica la historia de estas regiones para comprender el presente del país. La guerra, en buena parte del libro, no aparece o es un rumor lejano. Entrevista a decenas de personas y les pregunta sobre ellas, cómo se encuentran, cuál es su historia. Casi todos, según Judah, tienen ganas de hablar y dar su opinión del pasado y el presente del país: “lo que piensas hoy del pasado, cómo te relacionas con él, determina lo que piensas sobre el futuro de Ucrania. Y lo que piensas del pasado es muy probable que esté ligado a la historia de tu propia familia y el lugar donde vives”. Habla con ancianos prosoviéticos que niegan la existencia del Holodomor (la hambruna que provocó millones de muertos en los años treinta tras la colectivización forzosa del campo de Stalin) y con ciudadanos que niegan las atrocidades de la UPA, el Ejército Insurgente Ucraniano que colaboró con los nazis y realizó masacres de judíos y polacos durante la Segunda Guerra Mundial.

Muchos ucranianos que entrevista, sin embargo, no están muy ideologizados y parecen resignados: afirman que les importa poco quién gane la guerra siempre y cuando puedan vivir en paz y sin corrupción, tener trabajo o pensiones. Algunos viven con promesas de que Putin les subirá las pensiones. Ucrania ha sufrido un shock demográfico en las últimas décadas: la población está muy envejecida, y los más afectados por la guerra en el este del país son ancianos.

También intenta acabar con varios prejuicios sobre el país, muy generalizados en Occidente pero también en Rusia: “Hablar ruso como tu lengua materna no implica que te consideras ruso. Esto es algo que muchos en Rusia o bien no comprenden o bien no quieren comprender”. Uno de los argumentos de Putin para intervenir en el este de Ucrania y anexionarse Crimea fue el de la protección de los rusófonos, que, sin embargo, no habían estado oprimidos en ningún momento. Como comenta Judah en una nota final, “en buena medida, Ucrania es un país bilingüe. Un gran porcentaje de la población puede cambiar del ucraniano al ruso y viceversa, y entiende bien la otra lengua”.

Judah es de origen judío, y el libro contiene crónicas sobre el destino de los judíos en Ucrania. Durante la Segunda Guerra Mundial, tanto los comunistas como los nazis persiguieron y aniquilaron a los judíos ucranianos, a veces con la ayuda de polacos y ucranianos. Judah también está influido por su trabajo en los Balcanes, y realiza comparaciones históricas con las guerras de los 90. Cuando acude al frente del este, busca a serbios y croatas. “Los serbios luchan con los rebeldes y los croatas con los ucranianos. Divididos solo por el hecho de ser serbios ortodoxos y croatas católicos, parecen estar de acuerdo en todo […] A veces se envían unos a otros saludos. En un vídeo de Youtube, una pareja de croatas dijo ‘¡Espero veros pronto!’ a sus ‘amigos’ los serbios.” Los rebeldes prorrusos son una mezcla de ultranacionalistas, cristianos reaccionarios, mercenarios y soldados rusos camuflados de voluntarios. Es sorprendente que comunistas extranjeros los apoyen, e incluso algunos se unan al frente.

In wartime es una obra ambiciosa y coral que dibuja una Ucrania compleja en constante reflexión sobre su historia e identidad. Como escribe en un ensayo la periodista ucraniana Oskana Forostyna, “Ucrania es demasiado moderna para considerarse una sociedad atrasada, demasiado laica para trazar una frontera religiosa, demasiado complicada y contradictoria en sus identidades nacionales y culturales para ser explicada sin aburrir hasta la extenuación con sus numerosos detalles y digresiones, demasiado soviética y corrupta para ser occidental, y demasiado occidental y ambiciosa como para ser simplemente postsoviética”. 

[Imagen]