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Gabriel Zaid

The selected poetry of Gabriel Zaid. A bilingual collection

Introducción de Octavio Paz

Filadelfia, Paul Dry Books, 2014, 120 pp.

Publicada por Paul Dry Books, la Poesía selecta de Gabriel Zaid es una nueva edición bilingüe que introduce la obra del poeta al público norteamericano. Los cuarenta y dos poemas seleccionados son una muestra luminosa de las virtudes del poeta: poblados por imágenes precisas, compuestos con una dignidad prosódica que consigue hacer bailar el lenguaje, los poemas de Gabriel Zaid desvelan hilo a hilo el tejido íntimo que conecta la imagen con la experiencia subjetiva. Habita en ellos a veces un agudísimo sentido del humor (reminiscente del de ese otro poeta metafísico, John Donne) que pone en evidencia, como en “Teofanías” y “Otra vez tarde”, nuestras más serias limitaciones humanas.

Hay poetas que consiguen conjurar imágenes memorables; los hay que saben reinventar las pocas metáforas que la tradición repite; los hay que evocan la experiencia humana con una lucidez espléndida. Pero es difícil encontrar poetas que combinen estas virtudes en una sola persona, y cuando se los encuentra, la tarea de traducirlos es a la vez importante y difícil. ¿Cómo traducir a un poeta como Zaid, que además de poseer esta insólita combinación de virtudes, se guía por la forma (y no solo por su instinto) para conseguir, con una compresión implacable y con una multitud de recursos convergentes, imaginar y revelar aspectos de la realidad? El desafío es portentoso.

De los cuarenta y dos poema en esta selección, los de más difícil traducción son justamente los que se valen de recursos formales para generar significado: “Canción de seguimiento”, “Animal mitológico” y “Elogio de lo mismo”. Las versiones elegidas en inglés son de distintos traductores, y es instructivo, para quienes tenemos interés en el arte de la traducción, advertir fidelidad y sacrificio en cada una de ellas.

La mayor pérdida en las traducciones al inglés de los poemas de Gabriel Zaid es el metro. Zaid es un poeta preciso y rítmico, atento a la pulcritud de la prosodia, y pese a que los traductores han hecho lo posible por preservar rima y estructura formal, el metro se ha perdido en algunos poemas. En “Canción de seguimiento”, por ejemplo, la yuxtaposición de finos eneasílabos y heptasílabos produce un rítmico oleaje sobre el que bailan las palabras, y es ese ritmo el que genera la canción. La versión en inglés es hermosa, y el traductor, George McWhirter, ha conseguido preservar la rima, un elemento importantísimo en la estructura formal del poema, pero el armazón prosódico no persiste. Es un sacrificio quizás necesario, pero igual es una pena.

Hay poemas tan sólidos en la selección (“Nacimiento de Venus”, por ejemplo) que pese a un desliz en la traducción (el uso del anacrónico “most serene” por el simple “serenísima”) resisten y funcionan de mil maravillas en inglés. Hay versiones tan bien logradas, como “Surf”, o “Test of Archimedes”, ambas de Margaret Randall, que parecen reinventar el original en otra lengua, no traducirlo. Y también hay una versión interesante y extraña de “Cuervos”, traducido por Leticia Damm de Gorostieta, que con el arriesgado uso de la palabra final “Nevermore” (alusiva a “The raven”, de Poe) le añade cierta gracia al original.

Como lector bilingüe, me quedo con las traducciones de Margaret Randall, quien parece haber asimilado la voz de Zaid de la manera más fidedigna: la compresión es óptima (a Zaid no le sobra una sola sílaba), y hay un equilibrio delicado entre las líneas fieles al original y las que hacen que el poema funcione mejor en el nuevo contexto lingüístico. En “Surf”, la versión en inglés de “Oleaje”, por ejemplo, Randall traduce la línea “a refrescarse en tu alegría” como “to renew itself in your abandon”, y con esa delicada pincelada consigue que el poema funcione en inglés mucho mejor de lo que una traducción más fiel habría logrado. También digna de mención es la labor de Eliot Weinberger, en particular en “Song for the same”, una traducción de “Elogio de lo mismo”. Qué difícil darle vida a ese poema en inglés, cuando la palabra “same” no funciona de la misma manera que la palabra “mismo” en español. Y sin embargo, Weinberger ha logrado una versión muy funcional.

Toda reseña de una edición bilingüe es una reseña del trabajo de los traductores y editores. A mi juicio, las versiones en inglés que componen esta selección son bastante buenas, sobre todo porque es muy difícil traducir con éxito a un poeta con la variedad de virtudes que Zaid posee. La selección es breve pero representativa, y a manera de introducción, el libro contiene un fragmento de una atinada nota de Octavio Paz (originalmente publicada en la revista Vuelta y reproducida en la edición de enero de Letras Libres), traducido por Natasha Wimmer, que repara en los aspectos característicos de la poesía de Zaid: intensidad y transparencia.

Quizás lo único en verdad lamentable sea la ausencia de una introducción más reciente en la que se diluciden algunas de las preguntas que quedan sobre la edición: por ejemplo, en qué sentido es esta una selección. Algunos de los mejores poemas de Zaid –como el admirable “Alba de proa”– han quedado fuera, y el lector se puede preguntar si ha sido así porque la selección se ha hecho a partir de las traducciones existentes o bien porque el poeta así lo ha querido. El asunto es particularmente interesante porque Zaid es el autor de Cuestionario, un libro en el que se insta al lector a emitir opinión sobre los poemas a ser incluidos en una antología subsiguiente.

El poema más conspicuo en la selección es el último: “Desperté”. Su ubicación en la colección, la sintaxis del título, el ritmo suelto de las líneas largas, el movimiento ensimismado del pensamiento: estos y otros detalles más hacen que este poema se diferencie del resto y nos revele a Gabriel Zaid como un vertiginoso guía de perplejos, cómodo en la contemplación de la conciencia, pero siempre singularmente atento a las circunstancias y a la velocidad de su cambio. Zaid seduce al lector a hacerse las mismas preguntas que él se hace, y al final de la lectura, uno se siente despierto, atento, como por primera vez, a la paradoja del libre albedrío, y esa maravillosa y diurna sensación lo deja a uno con ganas de más páginas. A los lectores bilingües nos queda la gracia de poder leer dos veces. ~

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