Boualem Sansal, la “leyenda” libre

En “La Légende”, el escritor franco-argelino relata su año de detención en la cárcel de Koléa, en Argel. Sus palabras resuenen como un grito de libertad.
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“De vuelta al mundo de los vivos”, dijo en entrevista el escritor franco-argelino Boualem Sansal.

Desde que salió de la cárcel de Koléa, en los alrededores de Argel, en noviembre de 2025, después de un año de detención, todos esperábamos el relato detallado de su calvario por el exprisionero franco-argelino. ¿Todos? No. Y menos aún sus propios antiguos editores y cerca de doscientos escritores que decidieron serles fieles después de un cambio de editorial muy sonado y polémico en el ámbito cultural francés.

Boualem Sansal, sin duda, no se esperaba eso, una querella de editores algo ridícula, sino más bien las muestras de solidaridad a las que tiene derecho alguien que vivió el infierno de las mazmorras del régimen socialista-nacionalista-medio islamista del Frente de Liberación Nacional que gobierna el país en que nació, Argelia, desde 1962, fecha de su independencia de Francia después de una guerra larga y cruel  A su edad –cerca de 80 años–, Sansal tenía ganas de ver su obra a disposición de sus eventuales lectores, los que siguen desde hace tiempo su literatura y sus tomas de posición y los que lo han descubierto a raíz de su desgracia.

Y la obra ya está aquí, desde el 2 de junio. La tengo sobre mi mesa. Se titula La Légende (“La leyenda”). La he leído con ansiedad y con un intenso cariño. Reconocí en el libro la fuerza de convicción de su autor y la capacidad de imaginación literaria (siempre a partir de lo real) de que es adepto. El título, La leyenda, hace referencia al apodo que le pusieron sus compañeros de captividad, quienes lo veían como alguien que iba a poder liberarlos de la dictadura, sobre todo los cabilios, que son mayoría en la mayor cárcel del África. No los terroristas islamistas, de los cuales Boualem Sansal es un enemigo mortal, ya que advierte constantemente a los europeos del peligro que representan.

“Leyenda” es un término polisémico. Abarca también a todos los que lo apoyaron durante su larga detención, escritores y personalidades políticas de todos los bandos –sobre todo de derecha, hay que reconocerlo–, subrayando el papel jugado por el ex ministro francés del Interior Bruno Retailleau, candidato a la próxima elección presidencial y blanco predilecto del gobierno argelino, frente al cual adoptó una postura de enfrentamiento abierto, en contradicción con el aún ministro de Asuntos Exteriores y con el presidente Emmanuel Macron. La izquierda, discretamente al principio, abiertamente ahora, se apartó del movimiento de solidaridad, por considerar que no había que atacar a ese régimen “anticolonialista” y propagandista a ultranza de los movimientos palestinos: Sansal es un gran amigo de Israel, adonde viajó en otros tiempos, hecho que le fue reprochado durante las caricaturas de juicio a las que fue sometido. El abogado que eligió, François Zimeray, reconocido defensor de los derechos humanos, fue revocado por las autoridades por ser judío. La izquierda troglodita no puede pronunciarse a su favor, ya que invoca la influencia de Solzhenitsyn o la de Václav Havel, en cuyo país, Checoslovaquia, vivió un tiempo, lo que le permitió sin duda conocer la verdad sobre el “socialismo real”.

La “leyenda” es también poética. En su soledad, Boualem Sansal se recitaba a sí mismo los versos de José María de Heredia, de François Villon o de Paul Verlaine y otros clásicos de la lengua francesa, que él ensalza por encima de todo. Más: escribe un largo poema con los otros detenidos para atacar la dictadura del presidente Tebboune (“Teb el maldito”). Y con esas poesías en mente, se escapa hacia otros horizontes, de amor y de esperanza, donde se encuentra con su mujer, Naziha, su segunda esposa, callada pero determinada, siempre fiel. No ha querido escribir una “literatura carcelaria”, de denuncia del “Reglamento” promovido por un sistema que se apoya en “la Religión, la Historia y la Revolución”, en la que únicamente se reflejara el horror que vivió: se trata efectivamente de un libro abierto, desordenado a veces, compuesto de vaivenes en el tiempo y en los espacios, que vuela hacia múltiples horizontes.

Boualem Sansal es mi amigo del alma, un hermano (“Tú eres un hermano”, me escribe en reciprocidad en un mail reciente). Desde que lo conocí, de casualidad, el 11 de septiembre de 2023, él ocupa parte de mi vida y mis andanzas. Lo he acompañado en mi mente con gran emoción durante su encarcelamiento y algunas veces desde su liberación, resultante de un “indulto”  concedido por el “bandido-presidente” de Argelia al presidente alemán Frank-Walter Steinmeir, no a Macron. Boualem Sansal aún no se considera completamente libre: exige que sea reconocida su inocencia, a lo que tiene derecho. Sus palabras, sin embargo, resuenan como un ejemplo, como un grito de libertad para todos los hombres y mujeres que, desde Cuba, Irán o Rusia, se atreven a desafiar a sus dictadores, que se creen todopoderosos pero que no pueden nada contra la “leyenda” contenida en unas palabras de libertad y de combate. ~


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