Las últimas imágenes de Pier Paolo Pasolini se tomaron pocos días antes de su espantoso asesinato en el Idroscalo de Ostia1. Resumen lo que fue: un intelectual de mirada intensa, profunda, de rasgos duros, como esculpidos entre penurias, y dotado de una sensibilidad especial, única, que, como una especie de aura, parece recubrir su figura. En algunas de ellas, aparece totalmente desnudo, profundamente vulnerable, casi entre sombras, en una esquina de su salón de la Torre de Chia, en Viterbo, donde se sometió a la sesión de fotos que encargaría a Dino Pedriali, un fotógrafo de entonces 25 años que terminaría por encumbrarse como un maestro del claroscuro, y que Pasolini quería incluir como acompañamiento de Petróleo, la monumental obra que empezó a redactar en la primavera de 1972 y a la que no pudo dar forma final por su muerte violenta2.
Pasolini concibe Petróleo –llamada así, al parecer, por la azarosa lectura de esta palabra en un artículo de prensa– como una obra sin final. No podía tenerlo al tratar sustancialmente, de la vida: no en tanto experiencia, que también, de la que extraer enseñanzas y conclusiones, sino de aquel estado de tránsito que se produce desde el momento del nacimiento y abarca todo lo que somos3. Petróleo es profundamente orgánica, como un cuerpo vigoroso que no se está quieto, es Pasolini respirando y latiendo. Es única, sin parangón en la historia de la literatura del siglo XX, pero muy próxima, en forma, al Tristam Shandy de Sterne, y a las encrucijadas de Petronio y del marqués de Sade (dos autores a los que el propio Pasolini adaptaría en su fulgurante carrera como cineasta).
Una obra “idealmente infinita”
Nórdica la ha editado con motivo del 50 aniversario de la muerte del poeta4: es un libro voluminoso, de más de 700 páginas, con un apabullante aparato crítico preparado por el traductor Miguel Ángel Cuevas. El volumen es la culminación de dos años de intenso trabajo, y se basa en la cuarta y última edición, considerada definitiva, de la obra, realizada por el amigo y máxima autoridad pasoliniana Walter Siti. El propio Cuevas define para Letras Libres, de manera muy gráfica, las dificultades que tuvo que enfrentar en la tarea: “El desafío de la traducción del texto no consiste, con serlo también, en la mole de la obra; otra es su complejidad: no tanto estilística como de concepción, de ritmo, de aliento, incluso diría que –a ratos– de ahogo. […] La ardua lectura de Petróleo deviene en ejercicio de autoanálisis, examen de conciencia […] que, en mi caso, ha sido ético y estético. Pasolini pone en tela de juicio la vida y la forma; más aún, las sella con una lápida. Aquí reside la no pequeña tensión a la que ha de someterse el traductor de Petróleo: entrar en la obra, en el texto como artefacto explosivo, desmontarlo, desmontar su articulación verbal de sentido, con cuidado de que no le estalle entre las manos.”
Petróleo es el testamento humano y artístico de Pasolini, una obra, según Cuevas, “idealmente infinita”, muy acorde tanto con la magnitud literaria de Pasolini –“la edición integral de sus textos ocupa diez volúmenes, por un total de más de 18.000 páginas”, en palabras de Miguel Ángel Cuevas– como con el estado vital en el que se encuentra en el momento de escribirla5. Pasolini siente un desencanto por la transformación de la sociedad, por su adocenamiento y vulgarización, por la pérdida de su identidad, de su originalidad, a manos del consumismo desaforado que clona a todos los hombres y que extravía a los chicos de la periferia de los que ha sido principal retratista. Está cansado, se siente también mayor, y, en cierto modo, desapegado: su amigo, examante y musa Ninetto Davoli se ha casado; ha roto, tras una tormentosa discusión, su amistad con Elsa Morante, esposa de Alberto Moravia… Pasolini considera que está solo, y así lo reproduce en Petróleo, una ¿novela? sobre la soledad que se entiende como un desgarro.
Los escenarios de la obra son yermos, descampados o desiertos, como muchos de los que reflejó en sus imágenes cinematográficas. Sus esbozos, bosquejos, anotaciones, disquisiciones y reflexiones son como un uróboros: se remiten a sí mismos, son autorreferenciales. Petróleo está plagado de descripciones vívidas como cuajos, que solo puede dar alguien acostumbrado a la reflexión, la observación y la introspección. Es una novela nocturna, como corresponde a la obra de un gran noctámbulo, y de nocturnidad. Es, en suma, una provocación, que en Pasolini siempre equivalió a una forma extrema de buscar la verdad.
Una bestia salvaje
En tanto prueba para el lector, en la que se diluyen voluntariamente las fronteras entre narrador/lector, a instancias de un Pasolini que se toma su papel a veces como un juego, como una broma deslizada para quitarle hierro a asuntos de envergadura, es preciso servirse para su lectura de una guía, de un mapa, que nos señale el camino. Por ello, es necesario tener a mano Algo escrito6, la novela de Emanuele Trevi, escritor especialista en figuras literarias, en la que se ofrece la más lúcida definición de lo que sugiere Petróleo: es, en su opinión, “una bestia salvaje”. Un libro que trata de un ciclo de iniciación-muerte-transformación, en cuanto sinónimos, y que tiene como fermento filosófico también los conceptos análogos, en la lógica pasoliniana, de poder, misterio y relato7.
Algo escrito comparte con Petróleo la alargada sombra de Pasolini: de su feroz, insoportable ausencia surge su fuerte presencia. Como un fantasma, Pasolini parece observar, sonreír, reprender con una ceja arqueada, asentir, sancionar… Es ese Pasolini de sus últimos momentos en la intimidad de Chia. El mismo que vivió siguiendo el precepto que una vez verbalizó: “Escandalizar es un derecho, haberse escandalizado es un placer”.
Eso es Petróleo.
- Sobre las incongruencias de su asesinato, todavía hoy uno de los grandes misterios italianos, recomendamos la película de Marco Tullio Giordana, Pasolini. Un delitto italiano (1995). Giordana es el último gran exponente de esa gran escuela de cine político italiano que tiene a Elio Petri o a Francesco Rosi como grandes referentes. ↩︎
- Petróleo se publicaría de forma póstuma en octubre de 1992.
↩︎ - Por tanto, Petróleo es un vademécum, la esencia de todo lo que es y sabe Pasolini. No en vano, pretendía ser la obra en la que trabajaría en los últimos años de su vida. ↩︎
- Pues eso es lo que, en esencia, era Pasolini: un excelso poeta (y novelista) de los bajos fondos, de los desamparados. Pero Pasolini vivió también, de manera intensa, otras muchas vidas literarias: fue “ensayista, dramaturgo, polemista, crítico literario, periodista, antólogo y traductor”. (Miguel Ángel Cuevas). ↩︎
- Petróleo también es reflejo de un mundo que acaba para dar paso a otro que empieza, muy actual. Es el mundo -uno en el que se abisma el fantasma de un fascismo sutil, pero despiadado, que vuelve al individuo esclavo de la imagen y del consumo- que Pasolini denunció ante Furio Colombo en su última entrevista concedida en vida, horas antes de su asesinato, vibrante de rabia y tembloroso de miedo. Una entrevista que, dadas las circunstancias, queda inmaculada como sentencia: Pasolini quiso revisarla e introducir cambios y reflexiones, pero no logró hacerlo al morir pocas horas después.
↩︎ - El título del libro está tomado de esta frase de Petróleo, toda una declaración de intenciones pasoliniana: “Mi decisión (es la de) […] no escribir una historia, sino la de construir una forma […] consistente simplemente en “algo escrito”. “(Es la) […] Construcción autosuficiente e inútil (de) materiales aparentemente significativos”. ↩︎
- Escribe Trevi: “Pues donde hay poder, hay misterio, pero tanto el misterio como el poder, si queremos hablar de ellos o incluso si quieren manifestarse, deben adoptar la forma de un relato.” ↩︎