Con la elección presidencial prácticamente decidida empieza la batalla por la gobernanza

Sin perder de vista el objetivo principal (que es ganar la presidencia) republicanos y demócratas se concentran ahora en las campañas de sus candidatos al Senado y a la Cámara de Representantes.
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El final de una larga y estrambótica campaña electoral se aproxima y todo apunta a que Hillary Clinton ganará la presidencia de Estados Unidos. Todas las encuestas le dan la ventaja, incluido el último pronóstico del New York Times que le da el 93% contra el 7% de Donald Trump. Obviamente, todavía podría haber imprevistos que cambien el panorama o que frustren las aspiraciones de todos los que apoyamos a la demócrata y detestamos al candidato republicano, aunque es poco probable.

Sin perder de vista el objetivo principal (que es ganar la presidencia) republicanos y demócratas se concentran ahora en las campañas de sus candidatos al Senado y a la Cámara de Representantes. Los demócratas creen que es posible recuperar la mayoría en el Senado y mejorar su posición en la Cámara de Representantes. Lo republicanos buscan con  desesperación blindarse de la toxicidad de la candidatura de Donald Trump que está fortaleciendo al partido opositor y poniendo en una encrucijada a sus candidatos. Si se desmarcan de Trump pierden un sector del voto, pero si no se separan de él, también. 

La batalla por las dos Cámaras del Congreso

En la elección intermedia de 2014, el Partido Republicano obtuvo la mayoría del Senado ganando 54 curules mientras que los demócratas perdieron escaños y se quedaron solo con 46. Para 2016, hay ocho estados en los que los demócratas podrían ganar y recuperar así el control de una de las instituciones con mayor capacidad para determinar el rumbo del país.

Los demócratas podrían ganar en New Hampshire, Wisconsin, Nevada, Illinois, Florida e Indiana. Si ganan en cinco de ellos, y no pierden en ninguno de los que actualmente tienen, obtendrían la mayoría en el Senado. Si ganaran solo cuatro se empatarían con los republicanos 50-50 en el piso del Senado pero tendrían mayoría con el voto del vice-presidente.

En la Cámara de Representantes la probabilidad de que los demócratas emparejen la representación es menor. En la actualidad, de 246 republicanos, 43 buscan la reelección y de las 188 curules demócratas, solo 14 están en juego. 

¿Podrán los demócratas ganar 31 curules sin perder uno suyo? Sí, si Hillary arrasará y Trump fracasará estrepitosamente, arrastrando con él a sus colegas en el Congreso.

¿Gobierno compartido o control monopólico?

Aquí entramos en otro de los puntos que se están debatiendo con intensidad en este momento. Dada la profunda división política existente en el país ¿cuál sería la fórmula ideal de gobierno? ¿Con Hillary a la cabeza del Poder Ejecutivo y los demócratas en las dos Cámaras del Congreso? ¿o con un gobierno dividido entre un Ejecutivo demócrata y un Congreso republicano? 

Los argumentos a favor del carro completo abundan porque como es de todos conocido, apenas dos años después del triunfo de Barack Obama, el líder de la minoría en el Senado, el republicano Mitch McConnell declaró públicamente que el objetivo más importante del Partido Republicano era hacer fracasar la presidencia de Obama e impedir su reelección. Para lograr ese objetivo los republicanos se convirtieron en “El Partido del No”, cerrándole la puerta a cualquier proyecto legislativo propuesto por Obama. Así las cosas, Obama se vio obligado a intentar gobernar utilizando Ordenes Ejecutivas que no requerían de la aprobación del Congreso.

Dos factores importantes a considerar en este tema son, por un lado, la sorpresiva fuerza política que mostró el senador Bernie Sanders en las elecciones primarias del Partido Demócrata. El apoyo que le mostraron los jóvenes y la izquierda estadounidense ha obligado a Hillary a inclinarse al centro- izquierda del espectro político. Por el otro, los sectores tradicionalmente más conservadores del Partido Republicano sienten que la candidatura de Trump es una traición a sus principios y que su partido ha perdido el rumbo para girar en torno a un aventurero que habita un mundo tan raro y contradictorio como el candidato mismo.

El control del Senado determinará la orientación ideológica de la Corte Suprema 

Para ambos partidos obtener el control del Senado es vital. El artículo primero de la Constitución establece que son atribuciones del Senado otorgar o denegar su consentimiento al Presidente para nombrar a los miembros de su gabinete y de la Suprema Corte  de Justicia. Desde la muerte del magistrado Antonin Scalia, en febrero de este año, la Corte funciona con solo ocho magistrados porque el Senado republicano se negó a considerar siquiera la candidatura del juez que propuso Obama. 

Cuatro de los jueces de la Corte actual son liberales, tres son conservadores y uno es impredecible ideológicamente. Sin embargo, es muy probable que dada su avanzada edad dos de los liberales y el juez no ideológico se retiren pronto. Eso dejaría cuatro vacantes que ambos partidos querrán llenar con jueces afines a su ideología. 

En una maniobra para atraer el voto de los ciudadanos más religiosos que se oponen al aborto, Trump ha dicho que de ser presidente nombraría jueces modelados a la imagen de Scalia, uno de los magistrados más conservadores que ha tenido el país. Hillary ha dicho que sus nombramientos serían de magistrados liberales que defenderían el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, es decir a terminar embarazos dentro de los plazos establecidos.

¿A la izquierda o hacia el centro?

Tan importante como los nombramientos a la Corte y la composición del próximo Congreso va a ser el curso político que siga Hillary. Si se inclina demasiado a la izquierda seguirá la fractura, la parálisis en el Congreso y la división en el país. Si busca la negociación con el ala más moderada del Partido Republicano, decepcionaría a la izquierda pero podría obtener mejores resultados en temas como la reforma migratoria integral, la política fiscal, el cambio climático, la reforma al sistema de salud, y programas como Medicare y Medicaid. 

Yo no tengo dudas. Yo voto porque se sitúe al centro izquierda del espectro político para poder hacer bien su trabajo. Pero tengo además otra convicción muy firme: Hillary debe hacer el esfuerzo de acercarse a sus opositores. Aún suponiendo que el resultado de la elección favorezca a Clinton con un poco más de la mitad del voto, Hillary va a ser la presidenta de todos los americanos no solamente de aquellos que votaron por ella. Ganar el voto de la mayoría no le autoriza a ignorar el derecho de la minoría a ser representado.

 

 

 

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