Convención Nacional Demoacrática: La nueva Ínsula Barataria

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Para ser “delegado” de la Convención Nacional Democrática (CND) había tres vías que se podía explorar: 1, acudir a alguna de las mesas de registro que se ubicaron en las explanadas de las delegaciones políticas del DF, o en las que estuvieron a lo largo de los campamentos de Reforma; 2, asistir a una asamblea popular; 3, registrarte en el sitio de internet www.CND.org.mx. Como ciudadano común y corriente interesado en participar con seriedad, es decir, si uno quería deliberar respecto a los puntos nodales de la Convención o de las llamadas “propuestas de resolutivos”, el informarse de los foros de discusión a través de alguno de estos medios era lo que se dice una tarea detectivesca.

Coyoacán

“Javier Suárez” –el nombre aparece cambiado–, quien trabaja en la delegación Coyoacán, inscribía lunes, jueves y sábados a los interesados en convertirse en “delegados” de la Convención. Para ser revestida como “miembro delegado de la Convención con voz y voto”, me solicitó nombre, dirección, teléfono y firma, sin necesidad de mostrar documento alguno que corroborara los datos de identidad que le proporcioné verbalmente. “Suárez” me explicó que en Coyoacán no se tenía un “programa de asambleas de difusión visualizado” –signifique eso lo que signifique… parece que serían juntas donde ungir, por ingenuidad, fe o trampa, la representatividad–, pero me aclaró que el gafete que me había entregado a cambio de mis datos me confería “derechos y jurisprudencia” sobre las decisiones que cambiarán al país a partir del 16 de septiembre. Me refirió al sitio web de El sendero del Peje para conocer los puntos por tratar en la Convención, y ante mi insistencia, rayana en el escándalo, me propuso que visitara el campamento de Martí Batres, ubicado en La Fragua y Reforma, en donde “al parecer sí se están discutiendo estos temas”. También me contó que, a partir del sábado 2 de septiembre –fecha en que se instaló esa mesa–, el registro de delegados no superó las sesenta personas por día, pero que la situación cambió drásticamente al trasladar el módulo de “las alturas” del kiosco del Jardín de Hidalgo para ubicarlo a ras del suelo, acción que les permitió duplicar el número de inscritos diarios: al parecer, seis escalones marcan toda la dIFErencia cuando de convicciones políticas se trata.

“Javier” es un “simpatizante” que gusta de la autocrítica. Sobre la Convención comenta que él y buena parte de sus amigos y compañeros de trabajo saben que los referentes históricos (la Convención de Aguascalientes) y jurídicos (el Artículo 39 Constitucional), en los que sus líderes pretenden sostener la Convención, son endebles y contradictorios, pero está ahí motivado por la agenda social propuesta por amlo y por interés profesional: el reclutamiento de “delegados” le da la oportunidad de demostrarle su efectividad a su jefe y “padrino” político –un ex dirigente del Sindicato del Gobierno del Distrito Federal– y así poder aspirar a un puesto mejor.

Sobre los escasos, si no es que nulos, espacios de debate y exposición de temas que la Convención Nacional Democrática propuso, “Javier” y sus compañeros señalan que, más allá de eso, “la payasada de la Convención” es que la agenda de decisiones por tomar está preestablecida, acotada y sobretodo decidida: “El 16 de septiembre nombraremos a Andrés Manuel presidente y tomará posesión el 20 de noviembre.”

Si bien les genera un poco de preocupación el desconocimiento que López Obrador ha hecho de las instituciones, desde las que su propio partido operará (las Cámaras de Diputados y Senadores, las Delegaciones y la Jefatura de Gobierno del DF), se sienten tranquilos, pues su jefe, el ex líder sindical, les ha confirmado que ellos apoyarán hasta el 16 de septiembre, pues la Convención no es sólo la salida política de López Obrador, sino el discreto deslinde de organizaciones como la de ellos.

Paseo de la Reforma

El campamento “Tierra de Todos” está dirigido por Argelia Zapata y César Cravioto, ambos integrantes del equipo que dio seguimiento político a la campaña de Marcelo Ebrard. Me acerco para plantearle a Argelia mis inquietudes respecto de las asambleas, y la respuesta es: “Organízate con tus compañeros y hagan sus asambleas.”

Me ofrece asistir como conferencista a alguna de las reuniones que logre formar, pero le señalo que yo no necesito información sobre el movimiento, sino un canal que me permita hacer llegar las propuestas y los resolutivos de la discusión y al mismo tiempo cotejarlos y discutirlos con otros grupos. La solución que propone Argelia es que baje los resolutivos a papel, se los entregue en el campamento y ellos harán lo conduCENte para hacérselos llegar a López Obrador. Se complica en describir esto como un ejercicio de democracia directa: la cultura de la deliberación es pobre, los canales son asfixiantemente burocráticos y, paradójicamente, el diálogo es a fin de cuentas unidireccional: la legitimidad de una propuesta radica en que se pose ante los ojos del líder.

Finalmente, pregunté por las reuniones de organización que llevan a cabo Martí Batres y Marcelo Ebrard, pues al parecer de ellas salen las directrices de organización para las asambleas. Argelia, sin prestarme mucha atención, parece asentir descuidadamente y comienza una charla con otros miembros de su grupo.

Integrantes de otros campamentos me han advertido, no sin muestras de enojo, que este tipo de juntas son “privadas”; las de Ebrard “de plano son a puerta cerrada” y sólo se convoca a los dirigentes y a algunos responsables de campamento. Las de Martí son de acceso relativamente más sencillo, pero es necesario hacerse acompañar de alguna “personalidad” de los campamentos.

Argelia y Daniel –quien afirma ser masón como Juárez, y estar por la vertiente liberal del movimiento– comienzan una serie de comunicaciones telefónicas de las que el resto de la mesa queda marginado. Acabadas sus diligencias, Argelia se disculpa, pues “le avisaron” que la reunión de hoy era sólo para dirigentes y se marcha. Habiendo partido los líderes, Rubén me hace una breve reseña de cómo han aprendido a detectar infiltrados: el corte de cabello y la calidad de los zapatos son los indicadores básicos. No sé si sentirme halagada o deprimida por no ser descubierta. Sobre la asamblea a la que sus “representantes” de campamento acaban de partir, “Rubén” afirma que él sólo ha podido acudir a una de ellas, pero, conforme la gente te conoce en el plantón y te ven trabajar por “la causa”, te empiezan a invitar. El derecho a participar en una Convención abierta, plural y directa también tiene sus criterios de exclusividad, aunque éstos sean el mal sueño y el volanteo de resistencia.

La plática en la mesa gira en torno a “los pinches ricos”; Calderón y su imposibilidad para gobernar; la conjura, casi cósmica, en contra de López Obrador; la próxima elección de Andrés Manuel como presidente alterno –tema que se trata con obvia ironía. Curiosamente, todas son quejas de personas que llevan años bienviviendo de la administración pública federal y local, y que planean seguir haciéndolo: el círculo más duro no se mueve por rencor sino por un novedoso motor revolucionario: el remordimiento social.

En los campamentos de Reforma, el registro de “delegados” es igualmente un trámite laxo, carente de rigor. No hay candados para prevenir la duplicación de registros y no está claro si, para unirse a las filas de una “delegación”, es necesario mostrar algún documento de identidad que dé fe de los datos que se proporcionan –lo que tampoco acredita la representatividad de nadie–: durante un breve recorrido me inscribí en por lo menos diez mesas, y si en algunos casos proporcionar la clave de elector fue un requisito necesario, en otros bastó con dar una dirección postal.

Tampoco quedaba nada claro cómo se conducirá la Convención, ni de qué manera se haría efectiva la participación de los “delegados”. De acuerdo con “Alejandra”, del campamento Tlalpan, si yo organizaba asambleas en mi colonia con un determinado grupo de gente, y estos asambleístas me elegían como su vocera, el día de la Convención yo podría participar en las votaciones representando los cien o quinientos votos de mi asamblea.

Para el profesor Gálvez, militante de Convergencia, más importante que el número de asistentes era el número de personas registradas, y este orden de prioridades es tal que, sin más preguntas de por medio –y sin fijarse en mis zapatos o mi corte de pelo–, me entregó cincuenta gafetes “oficiales” para reclutar “delegados”, con la condición de que en algún momento previo al día 16, o incluso el 16 mismo, le entregue una relación de los “delegados” cooptados.

Según el profesor Gálvez, el día de la Convención habría cinco escrutadores por estado de la República, que harían “el cálculo” de las votaciones, y esa información será transmitida inmediatamente a la plancha del Zócalo capitalino. Sus escuetas presunciones sobre la logística de la Convención no preveían la posibilidad de un debate que retrase lo que parece ya todos sabían: el 16 de septiembre López Obrador sería nombrado presidente legítimo y tomará posesión el 20 de noviembre.

La certeza del profesor Gálvez sobre la conclusión de la Convención hace parecer ociosas las discusiones que, en teoría, se llevan a cabo en las asambleas populares con respecto a esos puntos ¿Para qué discutir entonces sobre tales cuestiones, si ya se tomó la decisión? “Pues para que participen, todos quieren sentirse partícipes”, concluye el profesor.

En la mayor parte de los módulos de registro, las preguntas sobre las asambleas de difusión, información y debate obtiene la misma respuesta: organízate, y si necesitas que alguien les hable del movimiento, trae a tus delegados aquí para una charla.

La gente de los campamentos cuenta que constantemente se llevan a cabo mesas redondas y conferencias en distintas carpas a lo largo de Reforma. Y ciertamente, caminando a lo largo del plantón se pueden ver hojas de difusión sobre eventos pasados: “Tema energéticos” a cargo del diputado Ramón Pacheco, campamento Azcapotzalco; “Los jóvenes y la renovación de las instituciones”, carpa CEN del PRD; el más esotérico: “Odio, propaganda y democracia”, campamento Tlalpan. Los “campistas” afirmaron que la mayor parte de las veces estos eventos se llevan a cabo de manera aislada y que en muchas ocasiones no se enteraban del calendario. Como ciudadano autoorganizado pero ajeno a grupos vinculados a los campamentos, las posibilidades de enterarse a tiempo de estos “foros” eran prácticamente nulas.

Tras curiosear en todas las mesas de información, encontré un volante que invitaba a la mesa redonda “Aportaciones al debate de los cinco ejes temáticos de la Convención”, en el que se anunciaba que participarían Martí Batres, Presidente del PRD y responsable político de la CND en el DF; Eduardo Cervantes, responsable operativo de la CND en el DF; Rafael Guerrero Domínguez, apoyo técnico de la comisión organizadora de la CND; Ramiro Serna Castillo, secretario general del PRD en Baja California Sur, y César Delgado, periodista y promotor cultural. Ningún ciudadano está invitado al templete.

Pasados veinte minutos de la hora convocada, en la mesa sólo se habían presentado dos ponentes: Serna del Castillo y Cervantes, por lo que el moderador sana las ausencias improvisando la invitación para José Luis Gutiérrez Calzadilla, diputado federal electo por el Distrito XVI. Ramiro Serna, quien se dijo especialista en temas de migración, hace girar su intervención en torno al modelo neoliberal “como fábrica intencional de pobres”. La ponencia no incluye ninguna propuesta y concluye señalando la importancia de que el tema de la pobreza sea incluido en la agenda de López Obrador.

Llegado el turno de Calzadilla, comienza su intervención justificando desde los “puntos de vista moral, ético y político” la toma de la tribuna durante el primero de septiembre para impedir que Fox rindiera su sexto y último informe de gobierno. Pero la justificación carece de referente, pues Calzadilla se encuentra frente a quienes lo votaron (Delegación Magdalena Contreras) y no permite que su interpretación de mandato del pueblo sea cuestionada. Continúa su exposición tocando la “aberrante aplanadora” que sufrieron en el pleno de la Cámara de Diputados cuando, el 7 de septiembre, se aprobó modificar los Artículos 17 y 31 de la Ley Orgánica del Congreso, para que el PRI pudiera tener el control de la Junta de Coordinación Política. Calzadilla omite, por supuesto, informarle a los asistentes que esa reforma fue aprobada por 450 votos, 19 en contra y cinco abstenciones, y que él, durante dicha sesión, sólo intervino en una ocasión para decir “A favor”.

Terminada la improvisada ponencia del diputado, Cervantes avisa, sin que medie explicación, que Batres, encargado del tema de las instituciones, no asistirá, por lo que el acto pasaba a las intervenciones del público. Antes de ceder la palabra, una pequeña discusión se apodera de la mesa: ¿serán preguntas, intervenciones o comentarios los que se escucharán? Concluyen que serán sólo preguntas, dada “la importante presencia de las personalidades” del templete. El primero en tomar el micrófono avisa: “Lo mío es una intervención” y hace una larga exposición de los valores “patrióticos” que le faltan a México. Las siguientes tres participaciones también se van por la vía de las intervenciones.

De las preguntas que siguieron, tres despertaron el interés general: si la propuesta de la Convención Nacional Democrática es no pagar impuestos a la Hacienda Pública oficial, sino al gobierno alterno de Andrés Manuel, ¿cómo recaudarán y canalizarán esos recursos?, ¿cómo se van a desconocer a las instituciones y crear otras nuevas, si hay gente del partido en aquellas que serán desconocidas? y ¿hasta dónde vamos a llegar para no caer en la anarquía?

A ninguna pregunta correspondió una respuesta clara: los ponentes rodearon los argumentos de fondo señalando que “la Convención es un gran esfuerzo que se va resolviendo día a día”: no es el mero día 16, sino que sólo comienza entonces, y bien puede durar tres meses o dos años en lo que se terminan de definir “todos estos asuntos”.

La mesa concluye con varias manos alzadas en espera de su turno al micrófono.

Los ponentes se despiden y nadie informa a los presentes si las inquietudes e intervenciones han sido registradas en algún documento.

Asambleas populares

Las asambleas populares en el DF fueron, sobre todo, fruto del esfuerzo de las organizaciones vecinales, por un lado, y de grupos de estudiantes e intelectuales por el otro. En el interior de la República, muchas de estas asambleas corrieron por cuenta de diversas organizaciones sociales.

 

En el Pueblo de Chimalcóyotl, Tlalpan, por ejemplo, el Sr. Pedro Pérez, encargado de las fiestas del pueblo, logró, con ayuda de su esposa, reunir a dieciséis vecinos, les repartió la Convocatoria a la Convención y les pidió que la leyeran y, en caso de tener observaciones o propuestas, las expusieran –la convocatoria que se les repartió no incluía los puntos por tratar durante la Convención, aún así la reunión trató sobre “los acuerdos” de la Convención durante alrededor de veinte minutos, y después se CENtraron en temas que atañían a la colonia. Sobre el documento repartido no hubo comentarios, y se concluyo que el 16 de septiembre acudirían al Zócalo.

Los miembros del movimiento “Reindependencia y refundación de la República”, de Huauchinango, Hidalgo, afirmaron haberse reunido en “asamblea popular” por lo menos en dos ocasiones: la primera para discutir los puntos de la Convención Nacional Democrática. Ramiro Hernández, dirigente de esta organización, afirma que el punto más candente fue el de decidir si López Obrador sería presidente de la República o coordinador de la Resistencia, y con orgullo señala que “en consenso de todos los compañeros” se decidió votar por la Coordinación, con una candorosa ingenuidad; en la segunda ocasión, se reunieron para preparar la logística del viaje a la ciudad de México.

Un grupo de estudiantes de la UNAM, UAM e IPN se dieron cita en por lo menos tres ocasiones en una casa cerca de Copilco. Son jóvenes universitarios y por lo menos tres de ellos cuentan con algún postgrado en el extranjero. Los puntos por tratar en la CND les “haCEN gracia”, pero creen que el impacto que ésta logre el 16 de septiembre será un termómetro importante de la “esclerosis de representación” que padece nuestro país.

La propuesta que ellos hicieron llegar a la Comisión giraba en torno a reunir a un grupo de “representación real” por cada distrito electoral. Esta representación, que es ciudadana en su totalidad, considera la inclusión de miembros de todos los partidos políticos y organizaciones sociales de probada influencia. Los grupos de representantes exigirían reuniones periódicas con sus diputados para poder conocer, de primera mano, las iniciativas por tratar en la Cámara. Finalmente, y después de un proceso que saben tendrán que afinar, sería este grupo el que le indicará al diputado en qué sentido votar. Lo que buscan con esta propuesta es darle un valor real a la representación que han delegado en las jornadas electorales y hacer que el voto de sus representantes obedezca los intereses y necesidades de quienes lo eligieron y no de una bancada partidista. Su intención es “cambiar desde dentro el sistema”, de ahí que se hagan llamar “los troyanos de la democracia” –aunque en realidad hayan sido los aqueos quienes cambiaron Troya desde adentro, gracias al caballo de Ulises. Para ellos, más importante que la rendición de cuentas es ser partícipes de estas decisiones. No quieren oír que sus diputados se equivocaron: quieren tomar cartas en el asunto y prevenirlo.

Ciberespacio

Finalmente, y como el camino más oscuro y obsoleto para ser “delegado”, está la página de internet de la Convención (www.CND.org.mx). El registro como “delegado” en este sitio web requiere, forzosamente, la clave de elector contenida en la credencial del IFE. Cumplidos los pasos que se solicitan, obtienes una clave de identificación y una contraseña para poder registrarte en las asambleas que, en calidad de “delegado”, celebres.

Lograr información para hacer “oficial” tu asamblea, obtener los gafetes o aclarar dudas en general es un trámite ocioso. Rafael Hernández, quien se supone atendería tus “dudas y sugerencias” en rafahdez@yahoo.com, contestó así una larga carta llena de dudas: “Estimada Cynthia: Haz tus asambleas y registra a los delegados sin esperar ninguna autorización. La Convención Nacional Democrática es un ejercicio de autoorganización. Si no has logrado entrar en contacto con nuestros responsables a nivel DF o Cuauhtémoc, puedes buscarme en la caseta del CEN del PRD en el campamento del Zócalo (a un lado del templete). Nos vemos. Rafael Hernández Estrada.”

Por supuesto, jamás pude encontrarlo en los campamentos, y las asambleas ficticias que registré en su sitio web se quedaron sin respuesta. Por eso llama la atención que, durante su intervención en la Convención del 16 de septiembre, afirmara que se llevaron al cabo “diez mil asambleas populares y más de ciento cincuenta foros de debate en todos los estados de la República, así como miles de ponencia individuales y colectivas de todo el país y de mexicanos residentes en el extranjero […] La versión completa de esta relatoría y el texto de las ponencias presentadas se encuentra ya en la página web de la Convención”. Bien, pues hasta el domingo 17 de septiembre, este sitio web registraba 1,308 usuarios y contabilizaba sólo 274 ponencias.

De acuerdo con el mismo Rafael Hernández, el número de “delegados” hasta el 16 de septiembre al mediodía asCENdía a la cifra no demostrada de 1,025,724 personas. Llama la atención la ligereza con que se arrojó ese número, después de echar por tierra el esfuerzo del IFE para integrar un Comité de cinco especialistas en materia demográfica y estadística que diera certeza respecto a la integración del padrón electoral y las listas nominales; seleccionar por sorteo a los 913,000 ciudadanos que abrieron y contaron los votos en las más de 130,000 casillas; aprobar y exigir a los Talleres Gráficos de la Nación múltiples medidas de seguridad para imprimir 221,630,844 boletas electorales y evitar con ello cualquier intento de falsificación [pantalla de fondo de agua con el escudo nacional (anverso), pantalla de fondo de agua con el logotipo del IFE (reverso), impresión invertida (anverso), microimpresión (anverso), imagen latente (anverso), fibras ópticas visibles y ocultas y marcas de agua], y recibir del Instituto Politécnico Nacional la tinta indeleble con la cual se garantizó que los ciudadanos votaran una sola vez el 2 de julio, y, en cambio de todo eso, optara la Convención por “poner fin a la República simulada y construir las bases de un verdadero Estado Social Democrático de Derecho y llevar a cabo las transformaciones profundas que el país necesita” mediante acreditaciones de cartón y un sitio web en el que nada empata con las cifras que da a la publicidad.

La ínsula de Barataria para López Obrador

El 16 de septiembre, los trabajos de la Convención Nacional Democrática comenzaron cerca de las once de la mañana en el Monumento a la Revolución. En este punto se dieron cita quienes habían viajado buena parte de la noche y de la madrugada desde sus estados de origen. Para el mediodía, el Monumento estaba rodeado por cerca de ciento treinta camiones.

En el interior de la plaza cinco mesas de trabajo (“Combate a la pobreza”, “Combate a la corrupción”, “Defensa de los recursos naturales”, “Derecho a la información” y “Renovación de las instituciones”) eran micrófono abierto para quienes, durante tres minutos, quisieran dar a conocer sus experiencias, propuestas, deseos y frustraciones.

Los presentes participaban con esmerado interés: para muchos el viaje de cinco u ocho horas encontraba justificación en la posibilidad de tomar la palabra. El objetivo “plural e incluyente” de la Convención se convertía ahí, durante ciento ochenta segundos, en una realidad.

Los coordinadores de las mesas, responsables de otorgar la palabra y moderar el tiempo de las intervenciones, garabateaban en sus hojas algunas notas sobre lo dicho. Esto despertaba las expectativas entre los participantes, que sin querer coreografiaban una curiosa versión política de los poetry slams gringos: apenas bajando del estrado se volvían a anotar en la lista para superar las intensidades de sus tres minutos anteriores con los tres siguientes.

Luis Guzmán, el coordinador de la mesa de “Combate a la corrupción”, dijo que durante la mañana recibió cerca de diez ponencias “en forma” en la mesa que dirige, y aseguró haber tomado nota de todos “los aspectos importantes” de las intervenciones orales. Dijo también que “dentro de unos meses” se hará un esfuerzo por unificar las propuestas.

Poco antes de las dos de la tarde, las mesas de trabajo se levantaron y comenzó el éxodo rumbo al Zócalo capitalino. A las tres, hora para la que estaba programada la instalación de la CND, la plancha del Zócalo lucía medianamente llena. Entre los ahí presentes se murmuraba que había que esperar a que llegaran todos los contingentes y la plaza estuviera “a todo lo que da”.

Finalmente, un aguacero y dos horas después, Dante Delgado salió a esCENa para dar la bienvenida al “bautizo de la nueva República”. El orden del día se desarrolló de acuerdo con lo convenido: Elena Poniatowska declaró “legalmente establecidos los trabajos del la CND”, Rafael Hernández habló de los frutos, muy dudosos, de las asambleas populares; Leonel Cota, a nombre del PRD y Alberto Anaya, por parte de PT, dieron su apoyo a los resolutivos de la CND y reconocieron en López Obrador al presidente electo. Por otro lado, Pedro Jiménez, a nombre del PCD, habló de un reajuste de las estrategias y de la perseverancia de los propósitos en un tono más moderado. Fue el único miembro de los representes de la Coalición que no arrancó al público los gritos de “presidente”, “presidente”, porque también es el único que no habló de un reconocimiento explícito.

Terminadas las intervenciones oficiales, siguieron los oradores sobre los cinco puntos del programa básico. Hermelinda Tiburcio Cayetano, después de saludar a la concurrencia en lengua indígena, hizo gala de un discurso bastante elaborado sobre pobreza y equidad; Martín Esparza Flores expuso el tema de soberanía nacional; Rafael Barajas “El Fisgón” tocó lo relativo al derecho a la información; a Malú Micher correspondió el tema de lucha contra la corrupción y la impunidad, y Luis Javier Garrido cerró las intervenciones con el proceso constituyente.

Democracia exprés

En punto de las seis y media de la tarde, Dante Delgado cedió el micrófono a Eduardo García Barrios, quien dirigiría las “votaciones” sobre las resoluciones que habría de tomar la Convención. Es importante mencionar que todos los resolutivos votados en la CND fueron expuestos con anterioridad por el mismo López Obrador: de los miles de ponencias que afirmaban haber recibido los organizadores, ni una valió la pena como para ponerla a votación entre los asistentes.

García Barrios explicó brevemente que a cada resolutivo leído pediría a los presentes que levantaran la mano si aprobaban la moción, si la rechazaban o si se abstenían.

La pregunta entre los presentes giró entorno a la función y valor del gafete que los identificaba como “delegados”. Barrios contestó a ello “con la mano basta, el papelito no importa”. Esta respuesta levantó el rumor de la desilusión entre los presentes, pues para ellos ese “papelito” era lo que les daba el poder de decisión.

Claudia Sheinbaum, desde otro micrófono, explicó que los presentes tendrían que mantener la mano alzada para dar tiempo a “los escrutadores” de contar los votos.

El tan esperado momento comenzó, García Barrios dijo: “¿Estás de acuerdo en desconocer al usurpador de Calderón como presidente de la República, su gobierno y sus actos de gobierno?” Claudia Sheinbaum, por el otro micrófono, pidió que alzaran la mano los que estuvieran de acuerdo. Asistimos al desconocimiento fast track del presidente electo ¡en sólo 38 segundos!

Y los 38 segundos de esta primera “votación” fueron el mayor tiempo que se invirtió en las decisiones. Los escrutadores, inexistentes, habrán permitido que todas las decisiones fueran simplemente “aprobadas” o “aprobadas por mayoría” a ojo de buen cubero de quienes, desde el templete, veían gustosos las manos alzadas.

Estar de acuerdo en rechazar la “República simulada” y declarar “la abolición del régimen” tomó sólo ocho segundos; reconocer el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, veintiuno, y así sucesivamente. En total, “elegir” un nuevo gobierno tomó solamente ciento setenta segundos: 2.8 minutos de “votaciones”.

Sólo en tres ocasiones se alzaron voces de desacuerdo: Sobre el punto de elegir a López Obrador presidente o coordinador de la resistencia (nadie escrutó nada); sobre el día de la toma de posesión (nadie escrutó nada), y sobre la inclusión de Carlos Ímaz como parte de la comisión de la resistencia civil (nadie escrutó nada, a pesar de la estruendosa oposición de los “delegados”). El plan de resistencia civil, leído por Sheinbaum, ni siquiera fue puesto a votación.

Y López Obrador aceptó el cargo de Presidente de México porque “rechaza la imposición y la ruptura del orden constitucional”. ~

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