Nuestros fans del Ministerio del Interior

Al ver la atención que prestan los políticos de diversas tonalidades y latitudes a los comentaristas, parece claro que es bueno que haya muchos asesores en los gobiernos. Sin ellos, la audiencia se desplomaría: lo que nos faltaba.
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Esta semana hemos sabido, gracias a una información de Alejandro Requeijo en El Confidencial, que el Ministerio del Interior había confeccionado una lista con periodistas y tertulianos clasificados por sus posiciones ideológicas. El documento, de 54 páginas, incluye a 280 personas. Entre ellas, como estaba un poco desactualizado, aparecían figuras como José Luis Ábalos. También sale Cristina Narbona, presidenta del PSOE. De ambos se decía que defendían posiciones del Gobierno.

No está bien: hasta a Patxi López le parece mal clasificar a la gente por su pensamiento (o falta de él, supongo). Al mismo tiempo, está hecho con una cutrez asombrosa: no sorprende, al leerlo, que hayan entrado 80.000 personas ilegalmente en Ceuta. Por supuesto, el documento ha producido mucha conversación: habla del asunto que los periodistas consideramos más importante, nosotros mismos. Era una buena ocasión de sentirse Solzhenitsyn, poner la captura en X o Instagram y decir que estás perseguido, etc.

Al parecer, hay cierto resquemor entre periodistas y tertulianos que no figuran en el documento. Pero quizá es peor para aquellos de cuya postura se hace spoiler. El presentador de la tertulia puede preguntarles: “Y bueno, tú, fulanito, que defiendes las posiciones del Gobierno, ¿qué opinas de esto?”. Decir que el informe revela preferencias es un poco exagerado. Ya estaban bastante reveladas. (Yo salgo en la lista, y diré que el ministerio del interior piensa lo mismo que mi madre: que mis posiciones son progresistas.)

Muestra también nuestra cultura del simulacro, donde elementos a vigilar o clasificar somos gente intrascendente, como la propia clasificación, y donde hay una gran confusión entre políticos y analistas. (Aunque quienes le restan importancia se escandalizarían si la hiciera un gobierno de otro signo ideológico, y viceversa.) Al ver la atención que prestan los políticos de diversas tonalidades y latitudes a los comentaristas, parece claro que es bueno que haya muchos asesores en los gobiernos. Son ellos quienes nos siguen. Si esto acaba, por nuevos gobiernos o un cambio de costumbres, la audiencia se desplomaría: lo que nos faltaba.

Las cosas han cambiado y vivimos en democracia, pero el episodio me ha recordado una anécdota que contaba José Antonio Labordeta. Hablaba del policía de la Brigada Político-Social que acudía a sus conciertos. Decía que a veces sufría porque los músicos eran desorganizados, cambiaban el orden, variaban las letras. Pero ahí estaba el tipo cada noche, subrayando las letras. Muchos años después, contaba Labordeta, se lo encontró en un paso de peatones en Zaragoza. Allí Labordeta le dijo hola y el agente sonrió y le devolvió el saludo. Le dedicó una canción: “El fan”. Al final, se agradece saber que hay alguien al otro lado.

Publicado originalmente en El Periódico de Aragón.


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