Foto: Twitter / @WhiteHouse.

Símbolos contra sustancia: una relación bilateral distorsionada

En la relación actual entre los gobiernos de México y E.U. la visión no es del todo compartida. Mientras una de las partes considera a la política exterior una colección de símbolos, la segunda concentra sus esfuerzos en lograr que la sustancia la defina.
AÑADIR A FAVORITOS

Una voluntad de cooperar y negociar, una visión compartida y ambiciosa, con conocimiento profundo de los temas por abordar, así como con disciplina y talento para implantar y dar seguimiento a lo acordado, son los ingredientes necesarios para que cualquier relación entre países tenga buenos resultados. Si alguno de ellos no existe o es insuficiente, los logros serán nulos o magros.

En el caso de la relación actual entre los gobiernos de México y Estados Unidos, al menos la visión no es del todo compartida, lo que la hace menos ambiciosa. Mientras una de las partes considera a la política exterior una colección de símbolos, la segunda, sin desdeñar los símbolos, concentra sus esfuerzos en lograr que la sustancia la defina.

El lunes 9 de enero, en Palacio Nacional, en la porción pública de la reunión bilateral entre los presidentes López Obrador y Biden, el presidente mexicano hizo una exposición de nueve minutos sobre un proyecto simbólico, cargado de emotividad y desprovisto de sustancia: integrar a América Latina. Bastó menos de la mitad del tiempo tomado por López Obrador para que Biden desechara el intento. Lo hizo, en el fondo, porque no era el lugar ni el momento para ello, dado que la cita que los reúne es la Cumbre de Líderes de América del Norte: en todo caso, la propuesta mexicana debió haberse hecho en la cumbre que sobre América Latina organizó Estados Unidos.

Usando símbolos cuidadosos, que también los conoce y sabe usar, Biden defendió las inversiones de su país en el continente y señaló que cuando México y Estados Unidos comparten valores, logran grandes cosas. Claro, Biden, quizá de manera ingenua, supone que los valores son entendidos de la misma manera e intensidad por los dos. Llama la atención, en este diálogo distorsionado, que Biden destacara la defensa de las instituciones democráticas mexicanas por parte de López Obrador, quizá haciendo una alusión a las electorales que tanto ha demonizado nuestro presidente. Fue Biden quien regresó a la reunión bilateral a la sustancia al referirse al narcotráfico y, específicamente, al fentanilo. Así, en cuatro minutos el diálogo regresó de la emotividad y los simbolismos a la sustancia.

Como ha ocurrido en estos últimos cuatro años, si queremos conocer la sustancia de lo discutido y acordado tenemos que recurrir a los documentos públicos del gobierno de Estados Unidos. Ayer no fue la excepción. En la síntesis de la Casa Blanca se hace el recuento de los temas abordados; en 361 palabras, en inglés, se hace referencia a la lucha contra el narcotráfico, en especial fentanilo, el tráfico de armas y la trata de personas. Se confirma que la base de la relación económica y comercial es el TMEC y reafirma el interés de coinvertir en semiconductores. Posteriormente, señalan la importancia de invertir en energía renovable y aprovechar créditos fiscales para incrementar la producción de vehículos eléctricos y baterías. Finalmente, según el texto de la Casa Blanca, hubo coincidencia en combatir las causas raíz de la migración.

De estos temas, me llama la atención el energético. Fue notable la ausencia, pactada, de las secretarias de Energía de ambos países en la reunión bilateral. Sin embargo, la secretaria Granholm, minutos después de terminada la reunión bilateral, hizo pública la última evaluación de los recursos renovables de México. Esta evaluación fue elaborada por el National Renewable Energy Laboratory, con el cual la Secretaría de Energía de México ha colaborado intensamente. En este documento se verifica el enorme potencial de generación de energías solar, eólica y geotérmica, entre otras. Es interesante notar que, en el hilo de tuits, no hay mención alguna sobre quién debería encabezar las inversiones en estos temas. El sentido del tuit es, entonces, estimular al gobierno de nuestro país a adoptar una política pública de promoción de inversiones, públicas y/o privadas, en la materia.

También con respecto a la sustancia es de asombrarse que, al momento de la elaboración de este texto, la Casa Blanca hiciera pública la lista de acuerdos de la Cumbre de Líderes de América del Norte, CLAN. Es un hecho inaudito, ya que los acuerdos trilaterales, sancionados por las partes, se hacen del conocimiento público una vez que ha ocurrido la reunión. El hecho de que el gobierno de Estados Unidos haya decidido adelantarse tiene por objeto evitar propuestas de México o Canadá en temas distintos de los trabajados y acordados en semanas anteriores.

Así pues, la cumbre empieza con el pie izquierdo entre desconfianzas, diálogos distorsionados y falta de reflejos y experiencia del equipo mexicano. No obstante el anuncio anticipado, los acuerdos trilaterales publicados son muy positivos. Alegra ver que se retoma la movilidad estudiantil entre los tres países, siendo México el más beneficiado, ya que nuestros alumnos podrán aprovechar al conjunto de universidades canadienses y estadounidenses, muchas de ellas, entre las mejores del mundo.  Destaco, además, la cooperación en materia de desarrollo de semiconductores y explotación de minerales críticos, la aceleración de inversiones en proyectos contra el cambio climático, con énfasis en un mercado de hidrógeno limpio, así como la implantación de mejores prácticas y mecanismos de información para una migración ordenada, justa y legal, así como para combatir el racismo y la exclusión, entre otros.

En suma, parece que, una vez más, la agenda de la sustancia se impuso sobre la de los símbolos y emotividad. La clave está en que el bienestar de los pueblos depende de los resultados que derivan de la primera, no de los segundos. ~


    ×  

    Selecciona el país o región donde quieres recibir tu revista: