Al salir de una clínica

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Hoy lo vi por dentro

en una sala de luz fría

(en la ventana anochecía

y soplaba fuerte el viento):

 

Sin el contorno de la piel,

se movía en la pantalla

como si yo no fuera él

ni tuviera él mi cara.

 

Como en los años de colegio

me intimidó su maquinaria:

el esófago, la tráquea,

el intestino delgado, el grueso…

Y, taciturno como entonces,

me quedé perplejo

de que fuéramos eso

y con tan raros nombres.

 

Por fin, el médico me dijo

que no encontraron nada;

respiré hondo, con alivio,

y salí a la noche que nevaba.

 

Ya en la calle, contuve lágrimas

de gratitud hacia mi cuerpo,

y sentí en el pecho una punzada

por mis amigos muertos. ~

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