Cuba y el Imperio

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Londres, julio de 2003

Premio Latinoamericano
de Periodismo José Martí
La Habana, Cuba

Señores,
Hace pocos días me enteré de que me había sido otorgado en La Habana el segundo premio en el Concurso Latinoamericano de Periodismo José Martí. El premio me fue otorgado por la crónica-ensayo “Un héroe americano”, publicada en varios medios de prensa de América Latina y España durante el año 2002 (Letras Libres, Mayo de 2002). Dicho ensayo relata un caso flagrante de imperialismo estadounidense en varios países latinoamericanos, a fines del siglo xix, y, a través de esa parábola histórica, formula un comentario crítico acerca del peligro de un naciente neoimperialismo en los ee uu de nuestra época.
     Esa crítica antiimperialista se basa en convicciones democráticas: el derecho a la autodeterminación de los países es hermano inseparable de los derechos humanos de sus pueblos. La lucha por uno de estos ideales no puede servir para coartar los otros. Recientemente, los ee uu cometieron una flagrante violación del derecho internacional al invadir Irak, con el pretexto, entre otros, de los abusos contra su población que cometía el ex régimen. A la inversa, la dictadura que Fidel Castro encabeza en Cuba viola sistemáticamente los derechos humanos de sus habitantes, so pretexto, entre otros, de defender su soberanía nacional contra la agresión de los ee uu. Ambos extremos repugnan a una conciencia libre: el depravado bloqueo comercial a la isla, la nauseabunda Ley Helms-Burton, la Ley Torricelli, no pueden justificar que después de cuarenta años el régimen castrista persista en negarles indefinidamente a los cubanos sus derechos democráticos elementales.
     Hace unos meses, y aprovechando precisamente que la atención internacional se centraba en la guerra de Irak, 78 disidentes políticos fueron encarcelados, sometidos a juicios sumarios, sin el debido proceso, y condenados a extensas penas que cumplen en condiciones inhumanas. La Comisión de Derechos humanos de la oea y de la onu, Amnesty International y Human Rights Watch, entre otras muchas organizaciones y personas, han pedido al gobierno cubano que deje sin efecto de inmediato esas impúdicas afrentas a la libertad de conciencia y de expresión de sus ciudadanos. Sin ningún resultado hasta ahora.
     El día en que exista una prensa libre en Cuba quizá tenga la oportunidad de criticar desde sus páginas, junto a escritores y periodistas cubanos, las afrentas de cualquier tipo de imperialismo. Por ahora, el propio nombre de Martí, que invocan en su premio, me prohíbe aceptarlo. Mientras tantos presos de conciencia sigan encarcelados, será tristemente actual lo que hace más de un siglo escribió aquel gran patriota: “…aquel presidio, era el presidio de Cuba”.
     Adjunto a esta carta devuelvo el diploma que me enviaron, como un gesto de protesta y solidaridad con los disidentes encarcelados. ~

     — Carlos Franz

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