Don Marcelo en ecobici

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Foto: Notimex

Noposí, mi buen –me dijo el taxista filósofo después de frenar suavemente su heroico vochito (que ya tiene contados los días para pasar a la condición de chatarra) ante un cruce por el que pasó un ciclista desobedeciendo el alto indicado por el semáforo–, no me lo va usted a creer pero “ese cuate” (como diría el igualado de don Carlos Marín) que acaba de pasar pedaleando tan quitado de la pena en su ecobici, valiéndole madres la luz roja, es nadie menos que don Marcelo, nuestro ilustre gobernante del Deefe, o séase el gran promotor del uso de la bici en Esmógico City. Con la cual bicicletización, déjeme decirle, aquí el atento y seguro servidor que en mí se manifiesta está totalmente conforme y de acuerdo y hasta la aplaude (pese a que se supone que hay total enemistad y poco menos que guerra civil entre taxistas y ciclistas).

Porque, pues sí, tiene uno conciencia de que esta ciudad sobrepoblada de runflantes y humeantes vehículos de motor ya va para la intransitabilidá, para la parálisis vial, y estaría bueno que hubiera menos vehículos de motor por doquier (e incluso por noquier), y es que hay sobreutilización de automóviles y hasta cualquier señora clasemediera, nomás porque le avergonzaría que las amigas la vieran andar de mera peatona, agarra el coche personal para ir a hacerse los rulos en el salón de belleza que está a poco más de cien pasos de su casa, ¿no? Y así ocurre lo que ocurre: que esta ciudá ya es infuncional, ya es el puro caos, ya casi es la capital mundial de la aglomeración vehicular, y no “la región más transparente del aire” (que dijo uno de nuestros clásicos de la premodernidá), mientras que, por lo contrario, el uso generalizado de las bicis (sin que eso signifique que desaparezcan los otros vehículos) nos aportaría un considerable alivio… Considerando lo cual, aplaudo el programa bicicletador de don Marcelo, pero al mismo tiempo humildemente pienso (cogito, ergo sum) que si el susodicho señor está esforzándose como un prócer de pedal y fibra para ponernos el ejemplo, que no sea un mal ejemplo, que no se pase las luces rojas, que sea de veras un paladín de la ética ciudadana, de la humanidá circulante en dos y en cuatro ruedas o a puro golpe de calcetín… ¿Y usté qué opina? Yo diría que noposí.

Publicado anteriormente en Milenio Diario

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