El Festival del Cine Judío en cinco secuencias

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Mal nommer les choses, c’est ajouter au malheur du monde.
     — Albert Camus

Secuencia preliminar: los créditos
     He de iniciar esta crónica confesando cuál fue mi primer impulso: explicar en qué consiste un festival de cine judío. Barajé varias opciones. Podía remontarme a la creación en 1981 del primer Festival de Cine Judío de San Francisco y en 1999, en Barcelona, de la única muestra de este tipo en España. Comparar eventos como éstos con los tipos más frecuentes del millar de muestras cinematográficas repartidas por todo el planeta, lo que posiblemente me llevaría a incluir la v Edición del Festival de Cine Judío de Barcelona, celebrada recientemente en el Instituto Francés de esta ciudad y la FNAC “El Triangle”, en una categoría intermedia, entre la muestra de “minorías” y el festival temático. Pensé que no estaría de más definir el “cine judío” y su problemática recepción en un contexto como el actual, donde lo judío es “políticamente incorrecto”, cuando de pronto vi claro lo que intentaba hacer: justificar la presencia de “lo judío” en un festival de cine. Nunca se me ocurriría justificar la existencia de lo existente si me tocase reseñar las cintas presentadas en una muestra de cine de mujeres o en un festival de cine árabe (y vaya si el mundo árabe presenta realidades contrastadas, por no decir nada de la condición de las mujeres en el mundo). En ese instante recordé una frase de Simone de Beauvoir: “Hace falta una considerable dosis de arrogancia para pretender enseñarle a un judío cómo debe vivir su condición.”

Inauguración: Décryptage
     La misma arrogancia conduce al filosemita a explicar que lo judío y los judíos anidan en una diversidad de manifestaciones culturales, políticas, religiosas (no existe una religión judía, así como no existe un solo Islam, mientras que sí existe un catolicismo), y al mismo tiempo dejar claro que no se es forzosamente sionista por aceptar la existencia del Estado de Israel, que se puede considerar legítima la existencia de esta entidad sin por ello renunciar a denunciar las políticas y actuaciones de sus gobernantes (inversa y simétricamente, a nadie se le ocurre que la denuncia de las políticas de Bush Jr. deba conducir a cuestionar la existencia de Estados Unidos), y que al tiempo que es posible sentirse más próximo al antisionismo de Hannah Arendt, se puede reaccionar con indignación ante la amalgama, reiterada en los medios de comunicación y avalada por las más preclaras mentes de la (¿arrogante?) intelligentsia progresista, de sionismo y racismo, sionismo e integrismo, y ante la especie de que Israel no es una democracia, sino un fascista régimen de apartheid. Pregunta que siempre he querido hacerle a las preclaras mentes: si Israel no es una democracia ejemplar, como reconoce una cantidad nada despreciable, entre otros, de israelíes, y si sus políticas gubernamentales merecen la avalancha de términos oprobiosos que vemos desfilar en las tribunas de opinión (brutalidad, racismo, militarismo, aun genocidio), ¿qué epítetos habrá que utilizar para calificar las políticas de los regímenes de Siria, Irán, Jordania, Arabia Saudí, Kuwait, los Emiratos Árabes…?
     Aún hoy (vale decir, aún después de Auschwitz), situarse ante el hecho judío supone la fatigosa elaboración previa de una interminable lista de peticiones de principio. Esto es lo que se ha negado a hacer Jacques Tarnero, coautor del largometraje documental Décryptage (Philippe Bensoussan y Jacques Tarnero, Francia, 2002), presentado en la sesión inaugural de este v Festival de Cine Judío de Barcelona. Así le ha ido: la prensa francesa le ha acusado de perpetrar una obra sesgada y, según la revista Positif, “hemipléjica”. Tarnero, presente en la sala durante la proyección, declaró una vez más lo que puede leerse en la introducción al filme: que ésta es una obra “política”, es decir, no un estudio objetivo sub specie aeternitatis (de existir tal cosa), que busca “desmontar” la manipulación de los terribles recientes episodios del conflicto israelo-palestino por los medios de comunicación, sin tomar partido a favor del gobierno de Sharon (más bien lo contrario) y sin culpabilizar al pueblo palestino, presentado en Décryptage como víctima no sólo de las acciones militares del ejército israelí, sino también de organizaciones fanáticas que, con la complicidad de la Autoridad Nacional Palestina, han logrado insuflarle su culto al martirio y la muerte. Construido como una investigación criminal, el filme toma como eje la Intifada ii, de la que los medios han dado una versión exclusivamente culpabilizadora de los israelíes, según el autor y la mayoría de los entrevistados, entre los que figuran Alain Finkielkraut, Ilan Greilsammer, Gérard Miller, Georges Marion, Edwy Plenel, Sari Nusseibeh, Pierre-André Taguieff. Pésele a quien le pese, se nos muestran hechos irrefutables: la Intifada ii no fue un movimiento “espontáneo” de repulsa a la visita de Sharon a la explanada de las mezquitas de Jerusalén, la propaganda de Hamas y Yihad Islámica se ha impuesto en Gaza y Cisjordania con la anuencia de la ANP, el antisionismo delirante de José Bové, la manipulación por la prensa de noticias e imágenes con la finalidad de construir un relato simple y maniqueo, donde los palestinos son siempre las víctimas y los israelíes siempre los agresores… Difícilmente veremos en salas comerciales en España esta cinta, cuya incorrección política podría provocar infartos entre las preclaras mentes, pero que sería bueno que éstas procuraran ver, aunque sólo fuera para que pusieran alguna vez en práctica lo que tanto predican: el rechazo del pensamiento único.

Dialéctica: Between the Lines
     Ya, pensarán los bienpensantes: un festival de cine judío como el de Barcelona se propone convencernos de que Israel y los judíos, sean o no israelíes, no son tan perversos como nos los pintan. Mala suerte para los bienpensantes, ya que los organizadores del Festival, jóvenes judíos barceloneses que trabajan con un presupuesto de risa, se esfuerzan por mostrar un abanico de puntos de vista y sensibilidades capaz de impugnar cualquier forma de “pensamiento único”. Conscientes del relieve quetiene en este momento el conflicto israelo-palestino, diez de las 28 cintas (incluidos trece largometrajes) presentadas en esta edición, todas ellas rigurosamente inéditas en España, abordan directamente el conflicto o se centran en aspectos polémicos de la vida en Israel. Los documentales Dugit over Troubled Water (Gill Karni, Israel, 2002) y The Settlers (Ruth Walk, Israel, 2002) revelan los gigantescos obstáculos que hacen actualmente imposible la convivencia entre palestinos e israelíes, bien en Hebrón (Cisjordania) por culpa del fanatismo de los colonos ortodoxos, bien entre comunidades de pescadores en la frontera con la banda de Gaza, que pasan de una relativa buena convivencia al rechazo mutuo después de los sucesos de Al Aqsa. Una de las cintas más apasionantes de las presentadas en la muestra, Forget Baghdad (Samir, Suiza, 2002), ofrece simultáneamente un viaje al pasado de cinco judíos de Bagdad, intelectuales comunistas que se vieron forzados, junto con 120 mil de los 140 mil judíos iraquíes, a abandonar su país a comienzos de los cincuenta e instalarse en Israel, y una lúcida exploración de las difíciles relaciones entre judíos occidentales y mizrahim (judíos orientales) en la sociedad israelí.
     Pero el plato fuerte de este conjunto de documentales lo constituye sin duda Between the Lines (Yifat Kedar, Israel, 2001), un retrato sin florituras de la periodista Amira Hass, quien desde 1991 ha cubierto el conflicto para el diario israelí Ha’aretz desde los territorios ocupados. Hass es la única israelí que ha vivido permanentemente en Gaza y Ramala durante años, y por su valentía y lucidez, a la par que incomoda a los extremistas de ambos bandos, ha sido reconocida por israelíes y palestinos como una de las pocas voces autorizadas para describir las terribles condiciones de vida de los palestinos de a pie en la zona. Hija de judíos comunistas supervivientes de los campos de exterminio, su mirada a las injusticias y discriminaciones que padecen los palestinos, sin complacencias hacia ningún bando, está a años luz de los discursos maniqueos a los que nos tienen acostumbrados las preclaras mentes.

Síntesis: Avi Mograbi
     Los organizadores del Festival han tenido la excelente idea de rendirle un homenaje a este director israelí, cuyas cintas son un sorprendente ejercicio de equilibrismo entre ficción y documental, autobiografía fingida y escenificación de la conflictiva complejidad de la sociedad israelí. Avi Mograbi viajó a Barcelona para asistir a la proyección de su trilogía, iniciada con How I Learned to Overcome My Fear and Love Arik Sharon (Israel, 1997), magistral contramanipulación, a punta de ironía, de la manipuladora mezcla de fascinación y repulsión que tan hábilmente distribuye Ariel Sharon entre sus conciudadanos. Las otras dos entregas —Happy Birthday Mr. Mograbi (Israel, 1999) y August, A Moment Before the Eruption (Israel, 2002; Premio de la Paz del Festival de Berlín)— son brillantes variaciones sobre la tenencia y ocupación de tierras ajenas y, por supuesto, sobre la violencia, pero no sólo la que ejerce el ejército israelí, sino la que se respira cotidianamente en una sociedad en la que la paranoia es a la vez un mecanismo de defensa y una limitación de la libertad individual. Despojada de victimismo y autocomplacencia, la obra de Mograbi, por su libertad de tono y su insolencia, desmiente la idea de que los israelíes vivan en teocracia y sean fundamentalmente adeptos de una concepción religiosa del judaísmo. A la postre, obras como ésta —o la demasiado pretenciosa Local Angel (Udi Aloni, Israel/Estados Unidos, 2002), realizada por el hijo de Shulamit Aloni, fundadora del Movimiento de Defensa de los Derechos Humanos en Israel, amiga personal de Hanan Ashraoui y Yasir Arafat— demuestran que el espíritu crítico y rebelde de la diáspora sopla también en el torturado escenario israelí. ~

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