En medio de tantas actualidades, despabila mi atención –¡salve, Julio Hubard! – un juicio sobre ratones, pestes y las relaciones entre ambos, registradas por diversas escrituras intuitivas, antes de que la ciencia las comprobara, a fines del s. XIX. Dos veces anduve por esos territorios. En Donde vuela el camaleón (1996, Montevideo y 2000, México, Ed. Sin Nombre) hay un texto, “Las hemorroides de oro”, que arranca del libro 1° de Samuel. Es posible que Julio, maneje, más científico, la Biblia de Jerusalén. Me excuso por amar una traducción grata, sin sequedades, más próxima al lenguaje literario: la clásica de Cipriano de Valera. Triunfantes los filisteos sobre Israel se apoderan del arca de la Alianza que guardan en el templo de Dagon. Al día siguiente la estatua de Dagon aparece desmembrada por Jehová y los filisteos empiezan a padecer “quebrantamientos de muerte”, y los que no, precisas hemorroides, no vagos tumores. Por pestíferos que se tenga a los ratones, no son culpables de esa ingrata dolencia, mencionada como “peste” por su extensión, no por que se contagie. Los adivinos descubren que la codicia divina pide una expiación, como suele: representaciones de oro, en forma de ratones unas y otras de hemorroides. Yo imaginé unos abusivos artífices que aprovechan el pánico para fabricarlas lo más grandes posibles… y cobrarlas.
En otro librito: De plantas y animales, Paidós, 2003. Mex., que aún quiero porque pude andar, sin más limitación que la del espacio, por temas insufribles para muchos, algunas páginas versan sobre ratones. Muy bien me hubieran venido esos datos sobre la homérica advocación de Apolo, que no recordé. Sí, en Heródoto, la historia de Setón, sacerdote de Vulcano y rey de Egipto; invadido por Senaquerib salvado por su dios que envía roedores a roer los cueros que sostienen las armas del invasor. Vulcano, como Apolo, tendrá su estatua con ratón.
Por el año 1000, el de las grandes hambrunas, que debió ser el del fin del mundo, los ratones no eran pestíferos sino sagrados: representaban las almas de los muertos y su psicopompo, el flautista de Hamelin, viene del Sarameias de los Vedas o del Hermes griego.
Relacionar la peste con las ratas, fue un caso más de un descubrimiento científico que viene de observaciones populares. Con la primera peste negra medieval se supo que una rata nueva, desembarcada, había sido la portadora de un mal que la mugre, lisa y llana, extendió por todo el Mediterráneo; las sucesivas fueron complemento de las guerras. Cómo los griegos, capaces entre otras cosas de darnos a Homero, no iban a observar que el roedor, como un dios, les traía las calamidades y exigía tributos: el trigo que devoraba. Hoy en la India, cuando los ratones caen muertos de los techos, las multitudes quedan advertidas de la peste.
Esperemos, Julio, que la ciencia ratonil de otros lectores depare más cola a tu
Para Nicolás GuerreroA continuación, algunos sueños que he anotado para contárselos a mi psicoanalista. Los narro sin pudor, sin más motivo que el de hacerme…
Magritte, además de acaso sugerir en ese cuadro que cualquier hombre es uno y es también otro, cuestiona a la pintura misma como supuesto reflejo o percepción de la realidad.
Los intelectuales mexicanos no suelen ocuparse con seriedad de la moda. Pero en dos conferencias que impartió en 1978, Salvador Elizondo dio una afortunada excepción.