Elena Medel, poeta (2)

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“Me siento más cerca de muchos poetas jóvenes latinoamericanos que he leído en internet que de muchos poetas de aquí”

Elena Medel, poeta española nacida en 1985, tiene publicados tres libros de poesía: Mi primer bikini (2002), Vacaciones (2004) y Tara (2006). También es crítica literaria, periodista y escribe narrativa. Para muchos es una referencia de la poesía joven española, aunque ella no se considere como tal.

¿Como te sientes a nivel personal, siendo un referente de la poesía joven en España?

No creo que lo sea. Yo escribo y ya está. De vez en cuando edito algún libro y de vez en cuando hago alguna lectura y ya está. A mí, por más que trabaje como editora y que en mis ratos libres haga cosas de gestión, en el fondo me gusta la literatura. Lo que haya mas allá y las etiquetas y todos esos jaleos están aparte. Cuando yo llego a casa y me pongo a escribir, estamos el ordenador, el teclado y yo, no hay más.

¿Para ser poeta hace falta una dosis de malditismo?

Soy tan poco maldita… Creo que tenía su lógica ser maldito en el París del XIX, pero ahora… Respeto mucho a quien quiera serlo, pero la verdad me parece mucho más fácil escribir estando bien alimentado y teniendo un horario. Creo que la intensidad con que te dediques a la poesía no tiene nada que ver con la cantidad de horas que te pases en un bar o la cantidad de horas que pases en la calle.

En una entrevista anterior un ilustrador me comentaba que, para él, la llegada de internet fue muy importante porque le abrió un mundo de posibilidades para mostrar su trabajo a gente que de otra manera no lo hubiera conocido… ¿Crees que lo mismo puede decirse respecto a la poesía?

Yo creo que sí, y en varios sentidos. Primero, por la multiplicación de lectores que te permite. Al colgar un poema tuyo en internet, ese poema puede llegar a cualquier lector en cualquier parte. Como lectora, también me parece muy interesante, porque gracias a internet, yo he conocido la obra de mucha gente que me interesa muchísimo. Muchos poetas jóvenes latinoamericanos a los que he leído en internet son gente que siento más cerca que muchos poetas de aquí; los siento más en consonancia con mi manera de escribir, con mis influencias. Para mí, como lectora, ha sido fundamental. Además, aunque yo soy más clásica y tampoco juego mucho con formatos, me parece interesante todo el campo que habrá de experimentación con las disciplinas y con otros formatos… En ese sentido, el libro electrónico puede ser muy interesante cuando se desarrolle y permita incorporar más aplicaciones. Como que un poema tenga banda sonora, saltar de una palabra a otro poema, no sé… Creo que debe haber gente ya experimentando… Como creadora y como lectora, creo que internet abre campo y es muy interesante.

Incluso puede que la poesía sea mucho más adaptable a internet que otro tipo de literatura: leer una novela en la computadora puede ser una tortura…

Claro, por eso creo que la poesía es ideal para tiempos de prisa, porque sí te puedes parar a leer un poema. En cambio, de una novela te puedes leer una página o dos al día, pero puedes tardar en terminarla… En el metro tengo una hora hasta el trabajo y veo gente con novelones de cuatrocientas, quinientas páginas y lo primero que me pregunto es: “¡¿Cómo lo llevan el bolso?!” [risas] Y lo siguiente que pienso es que leer textos breves, cuentos o novelas cortas, podría generar mucha más atención, y me parece curioso que se lea más novela. Pero estamos hablando de géneros que, frente al monstruo de la novela, se consideran minoritarios.

¿Con tu trabajo en una editorial has dejado un poco de lado la creatividad por tener que producir?

Todos los días, cuando llego del trabajo, me tomo una horita, horita y media para escribir un poco, para retomar un relato o corregirlo, etc. De todos modos, me gusta muchísimo trabajar con los textos de los demás, todo lo que es el proceso de creación de un libro, desde que llega el manuscrito, lo lees, lo valoras, lo editas con el autor, lo maquetas, lo vendes a la prensa y lo vendes a los lectores. Me encanta. Entonces, aunque al libro no lo firme yo, me gusta porque lo siento como muy mío. Son libros en los que he estado implicada. A lo mejor en ocasiones sustituiré a la propia creación, pero también con La Bella Varsovia, cuando editamos un libro, que es muy de vez en cuando, me pasa eso. La editorial donde trabajo ahora se llama El Olivo Azul, es de narrativa, publicamos sobre todo autores clásicos, y para mí es una transformación de la labor creativa. No escribo un libro y lo publico, pero estoy ayudando a que otro libro surja. Entonces, a lo mejor si un día no escribo tampoco importa mucho, porque he estado trabajando en el libro de otro y para mí eso lo sustituye. De pronto llega un manuscrito, y dices “¡Madre mía, me encantaría que este libro esté editado ya para poder regalárselo a todos mis amigos!”. Cuando surge esa chispa, a mí me compensa por todos los poemas que pueda no haber escrito en esas horas de trabajo en la oficina.

Eres una persona muy activa en temas de gestión cultural y con el colectivo La Bella Varsovia…

Siempre me ha gustado, al final creo que editar es como grabarle una cinta con tus canciones favoritas a un amigo, como hacía cuando estaba en el instituto. Para nosotras, organizar una actividad con varios poetas es como si grabáramos una cinta y la pusiéramos ahí para que todo el mundo se acercara a escuchar esas canciones que nos gustan. Lo concibo como una manera de recomendar a los demás, creo que merece la pena. Cuando hay algo que me gusta, me entusiasma y quiero que todo el mundo lo lea y que todo el mundo lo comparta. La verdad es que, pensado con calma, me ha robado mucho tiempo de escritura y de lectura, pero me compensa.

¿Como ves la actualidad de Madrid para el desarrollo de cosas como recitales de poesía o actividades de fomento de la literatura?

No hago mucha vida de recitales, ni de presentaciones ni nada de eso. Cuando estaba en Córdoba sí que organizaba cosillas, organizaba lecturas… Todavía, cuando vuelvo sí que organizamos algo, pero aquí apenas trabajo en alguna presentación de La Bella Varsovia, cuando hacemos. Y voy cuando viene algún poeta que me gusta mucho, algún escritor que me gusta, cuando algún amigo presenta un libro… Pero tampoco voy mucho a cosas, entonces no conozco mucho. Sí creo que hay mucha gente muy interesante escribiendo, moviéndose por editoriales muy pequeñas, con obras que a mí me llaman la atención porque son muy distintas, y muy distintas no sólo entre sí, sino a todo lo que se está haciendo en otras ciudades.

¿Cómo te sientes, como poeta, cuando escribes narrativa?

Yo siempre escribí narrativa. Incluso cuando era muy pequeña, antes que poemas escribía cuentos, entonces no me siento muy ajena, porque siempre he continuado. Mientras escribía poemas, escribía también relatos. La novela es distinta en el sentido de que el poema me permite mucha más calma. El poema me permite pensarlo un jueves y no volver a él hasta tres semanas más tarde. Sin embargo la novela, cuando desconectas un poco ya cuesta muchísimo volver. Son ritmos de trabajo distinto, son creo que hasta actitudes distintas frente a la escritura. La poesía no requiere de tanta constancia, del trabajo mucho más de oficinista que necesita la novela, que por lo menos para mí necesita una constancia y unos horarios, y no estar más de dos o tres días sin acercarte al archivo. En mi caso sí que veo la escritura del relato más cercana a la escritura de poesía, incluso un punto medio: no me exige tanta silla como la novela, pero tampoco me conviene olvidarme demasiado de un relato que esta ahí en formación. Digamos que esos son tres estados distintos y un poco enlazando entre ambos estaría el relato.

¿Cómo escritora, cómo te tomas las críticas?

Cada uno tiene derecho, con respeto y con argumentos cada uno puede opinar. Aunque a mí, cuando escribo reseñas, me gusta escribir sobre libros que me han gustado, porque creo que si tengo un espacio… ¿para qué voy a malgastarlo en decir “No leas este libro”? Prefiero decir “Lee este libro”. Pero bueno, tanto las buenas como las malas, son opiniones que me gusta conocer, porque te ayudan a crecer y hacer las cosas también mejor.

– Feliciano Tisera

Foto: Milagros Chercarelli

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