Héroes portátiles

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No me parece mala esta ocurrencia de pasarles un plumero a los héroes y menearlos un poquito, con todo respeto. Sí, que dejen de estar ahí nomás, viviendo a costillas de la Patria. Sí, que sean más eficientes y productivos. Sí, hay que enviarlos a un mandado al mercado de las buenas intenciones a que compren un poco de orgullo nacional, ahora que está barato. Sí, que salgan, que se aireen, que se echen unos aerobics, que cierren Paseo de la Reforma (“¡Los héroes, unidos…!”).

El alboroto que se armó porque alguien decidió movilizar héroes me parece exagerado. ¿Por qué iban a estar exentos de los riesgos propios de la existencia, como el resto de los mortales? ¿Qué, sólo por ser héroes, creyeron que iban a ocupar su cripta a perpetuidad? Mala idea, señores, creer en la paz de los sepulcros. Si la vida en México nunca está garantizada, la muerte menos, ni siquiera para los influyentes.

Todo el trabajo que les costó morirse por la Patria y poder luego sosegarse en sus provincianas tumbas, para que empezaran a menearlos. Don Porfirio o el Jefe Máximo Plutarco recolectaron huesos para hacerlos inquilinos de ese INFONAVIT postrero que es el Monumento de Independencia. Lo hicieron, en parte, por cariño, pero también para dárselas de herederos legítimos y sacarle charol a sus dictaduras. Está en la naturaleza de los héroes hallarse inermes; pueden ser invocados por cualquiera y poco pueden defenderse de los impulsos privatizadores. Los pobrecitos héroes ya son expertos en eso de ser militantes vicarios de pasiones ideológicas ajenas, llenas de tiranteces, que desde luego incluyen las venganzas y los revisionismos. Y hoy, más que nunca, aumenta el riesgo de que su sitio de residencia se cargue de implicaciones políticas y los condene a un prolongado ambulantaje funéreo.

Que puedan ser convertidos en víctimas del mercadeo político entre las ideologías en boga es un peligro real. Con la excusa de que un cráneo saca otro cráneo, apuesto doble contra sencillo que apenas regrese el PRI al poder, en el primer aniversario de la Independencia que le corresponda celebrar, el licenciado CTM ordena con gesto sañudo que los héroes regresen al sitio “del que nunca deberían haber salido”, etcétera. Y apuesto que se organizan unas jornadas de “desagravio” que incluyen el retorno triunfal de los héroes rodeados de Marcha Dragona. Y luego -faltaría más-, cuando gane el PRD, se organizará un nuevo traslado, seguramente a Iztapalapa, en turibús, etcétera. Héroes sobre ruedas.

El otro inconveniente es que los héroes se acostumbren a viajar. Que sólo hayan transcurrido unos decenios para que los cambien de casa es, en el mundo de la eternidad, acaso un parpadeo. Los llevan a Chapultepec, de ahí a la SEMEFO o a donde sea que les vayan a practicar sus autopsias post mortem (“lamentamos informar que este fémur es espurio”), luego a que les recorten las patillas o les ajusten el paliacate, y después aun al Palacio Nacional. Todo esto podría provocarles una afición al movimiento contraria a su carácter de difuntos, y bueno, se entiende, pues al parecer no hay mucho que hacer ahí, en la borrosa memoria colectiva de un país tan olvidadizo… Y ya. A fin de cuentas, para glosar a Quevedo, serán ceniza, mas tendrán sentido…

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