La cabeza parlante

Los sombríos viejos de una aldea remota llegaron a consultar a la Cabeza Parlante.
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Los sombríos viejos de una aldea remota llegaron a consultar a la Cabeza Parlante.

 -Sabia Cabeza, en nuestra aldea todos nos vemos con el ceño fruncido, no nos aguantamos y quisiéramos volver a la ancestral concordia.

Habló la Cabeza:

 -Levantad una estatua a cada habitante. Con lo cual, a la vez, levantaréis los ánimos.

 -Demasiado caro para la comunidad, sabia cabeza.

-Entonces levantad en la plaza un solo pedestal grande y suntuoso si es posible, y cada día ha de instalarse en él uno de vosotros, y cuando todos hayan cumplido su día de pedestal, volved a comenzar, y sea esto costumbre  gratuita y obligatoria…

 -Pero, sabia Cabeza, eso será un tormento para el estatuado, y encima hará reir a los demás.

-Precisamente -dijo la cabeza, cerrando los ojos en señal de despedida.