La sábana de Moreira

Una confusa alegoría del líder del PRI para describir al “gobierno que aqueja al país”.
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Por Anselmo Guiú, doctor en periodismo libre

 

Tenemos a mis espaldas que el campeonato de alegorías confusas acaba de decidirse por una que, según los jueces, ya es invencible. “Creemos que es la alegoría más confusa en la historia de México”, declaró el Dr. Hermes Chacón, presidente del jurado. “Y vaya que en México somos buenos para las alegorías confusas”.  

Enunciada por el Lic. Humberto Moreira, líder nacional del Partido Revolucionario (sic) Institucional (sic) durante los festejos por el natalicio de don Benito Juárez, la alegoría confusa salió cuando el líder describía al “gobierno que aqueja al país” y de pronto dijo:

Es un gobierno que maneja por la derecha y que conduce mal porque maneja viendo al retrovisor y encontrando en su visión por el retrovisor aquellos puntos negros en la sábana blanca.

Agrega el Dr. Chacón: “Es gloriosamente confusa. Inicia con una comparación sencilla: gobernar es como conducir un auto. De pronto, al interior de la comparación inicial, interviene una alegoría subordinada: conducir hacia adelante mirando hacia atrás significa ser muy tonto. Hasta ahí todo está claro. Pero resulta que en el espejo retrovisor se ve algo: “aquellos puntos negros en la sábana blanca”. Y ahí es donde estalla la gloria de la alegoría confusa. 

–¿Qué significa eso de los puntos negros?

–No tengo ni la más remota idea.

–Pero algo debe significar…

–Uno de los jurados propone que “puntos negros en la sábana blanca” es alegoría de la voluntad de ver cosas “malas” (puntos negros) en un paisaje “bueno” (sábana blanca).

–Pero.. ¿usted no lo cree así? 

–No lo sé, no lo sé…

–¡Haga un esfuerzo, por favor! ¡El pueblo necesita entender lo que le dicen sus líderes!

–Es que… Bueno, mire, la imagen de la sábana tiene dos connotaciones inevitables: o es erótica o es fúnebre.

–Entiendo. ¿Y luego?

–Pero… ¿qué tiene que ver “sábana” erótica o fúnebre con “espejo retrovisor”? Nunca, nadie, ni siquiera Lautreamont, había juntado dos campos semánticos tan apartados.

–¿De qué partido es ese Lautreamont?

–De ningún partido, señor. El Conde de Lautreamont fue un gran poeta del siglo XIX que alguna vez, famosamente dijo que algo era “bello como el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de una máquina de coser y un paraguas”.

–Otra alegoría confusa…

–No señor. No sea usted bestia. Lautreamont confeccionó, voluntaria y calculadamente, una imagen de la libertad de la imaginación, que representa al azar, lo posible, la ironía, el humor y la actitud patafísica ante el mundo.

–Si usted lo dice. Pero… Y la sábana de Moreira… ¿no es como esa mesa de disección?

–Una sábana es metonimia de fornicar y de virginidad (aquí el orden de los factores, etc.). Como en García Lorca, cuando la novia de Bodas de sangre, por ejemplo, para demostrar que era virgen, pide al novio que la lleve de pueblo en pueblo “con las sábanas de boda al aire como banderas”.

–Dioses.

 –Sí, un poco excesivo para mi gusto. Cosas de gitanos, supongo. Gente pasional. En fin. El asunto es que esas sábanas de boda mostrarían evidencia de que, bueno, pues, ehem,  de que –dicho sea con perdón—pues de que a la señorita “ya le midieron el aceite”, para decirlo con una alegoría empleada por Marcial en uno de sus epigramas, y se lo midieron por primera vez.

–Como Góngora, que dice en sus Soledades, “tronáronle que hubieron el ejote”…

–¡Veo que conoce a sus clásicos! Y así hay muchas otras, enormemente obscenas, que no voy a repetir porque son vulgares y sexistas, como esa, repugnante de José José:  “Tracé mi línea de Euler en tu isóceles, mi amor”, etcétera.

–Caramba. Aunque la alegoría del Lic. Moreira no parece tener esa conotación. 

–No.

–¿Entonces…?

–No tenemos idea… “Aquellos puntos negros en la sábana blanca…”

–Pero el pronombre demostrativo “aquellos” sugiere una referencialidad común, conocida de todos…

–Pues sí, pero no. Creemos que es para confundir aún más.

–¿A la mejor había un ku-klux-klán que iba de mosquita en la defensa y lo miró el chofer por el retrovisor?

–Tendría que preguntare a quienes abarrotaban el auditorio y premiaron la alegoría con una ovación.

–Eso es inútil: los políticos aplauden por instinto o, en su defecto, en defensa propia.

–También es inútil tratar de descifrar esta alegoría confusa. Y por lo mismo, creemos que tenemos ganador.

–¿Y cuándo va a ser la ceremonia de premiación?

–En el 2012, desde luego…

  

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