La solidaridad entre los Dreamers

Los Dreamers tienen claro, desde hace mucho, que tienen que crear sus propios caminos y su propio vocabulario. 
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Piedra, papel o tijera: La solidaridad entre los Dreamers

Porras, bailes, canciones, poemas y chasquidos de dedos marcan el tono de una conferencia organizada por jóvenes indocumentados para jóvenes indocumentados. Algunos apenas tienen la mayoría de edad pero llevan años organizándose, protestando, contando sus historias de vida “sin miedo y sin disculpa” (undocumented, unafraid, unapologetic). Además, están buscando caminos para terminar la preparatoria o ir a la universidad, con todo lo que implica. Al no tener la residencia legal no pueden solicitar financiamiento público ni créditos para pagar sus estudios. Deben buscar universidades que no pidan número de seguridad social y trabajar mientras estudian. Pero no descansan. Con la energía y el tiempo que queda, su prioridad es apoyar, motivar y orientar a la generación que les sigue para que aprovechen las puertas que ya han abierto y sigan luchando por abrir otras. 

Es el segundo año que organizan la Conferencia para el Empoderamiento de Jóvenes Inmigrantes (Immigrant Youth Empowerment Conference, IYE). A lo largo de todo un día, los jóvenes dan talleres que cubren temas desde alternativas a la universidad hasta organización comunitaria, cómo pagar sus estudios y qué hacer en casos de deportación. Pero más allá de las guías practicas para sobrevivir y protegerse, estos jóvenes tienen muy claro que para poder defender sus derechos, organizarse y cambiar la realidad hay que entender las razones estructurales que explican la situación en la que están. A lo largo del día hablan de la historia de la migración forzada y del modelo neoliberal, de la violencia doméstica, de la discriminación étnica, racial, de género y por orientación sexual, y trazan un hilo conductor que los conecta a todos en una misma lucha.

Existen pocos espacios para recibir este tipo de información y apoyo, pero además hay temor a los fraudes, miedo a bajar la guardia y exponerse a una deportación “tan solo por respirar”. Los Dreamers tienen claro, desde hace mucho, que tienen que crear sus propios caminos y su propio vocabulario. No dependen de nadie más que de unos y otros.

Para generar confianza y solidaridad, todos los encuentros entre los Dreamers y sus aliados inician con actividades para conocerse. Un juego de piedra, papel o tijera, un concurso de baile, un coro de voces repitiendo mantras como el de Assata Shakur:

Es nuestro deber luchar por nuestra libertad.
Es nuestro deber ganar.
Debemos amarnos unos a otros y protegernos unos a otros.
No tenemos nada que perder, sólo nuestras cadenas.

Y siempre, el poder de sus historias. Unas contadas por primera vez, otras mil veces, unas sin palabras, otras poemas:

Soy piel conquistada, cultura dominada, tierra robada…activista cansada, estudiante desilusionada…Nacida y criada colombiana pero me dicen americana aunque soy indocumentada…Esa soy yo.” (fragmentos de un poema de Angy Rivera).

Llevan años luchando, frustrados, desgastados, decepcionados y aún así, siguen porque “hay otros que necesitan mi fuerza para seguir adelante”.

 

*Foto de la autora. 

 


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