Lección de anatomía

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Me gusta adivinarte los alvéolos

cuando duermes,

y todo el mecanismo de finísima

relojería que eres,

de mí

tan desasida,

ingrávida en el éter de las sábanas

(nubes de Rubens

y la cama

el lienzo que te enmarca).

Me infiltro en la blancura, sé

que sabes que aquí estoy,

que intento inútilmente respirar

al ritmo de tu ritmo,

ajustar estos diástoles groseros

a tu pautada inspiración

y espiración

–morir como tú mueres.

Me gusta el sobresalto con que admiro

(mi amor es taquicárdico)

tu sangre horizontal,

la placidez de tus arterias,

tu lección anatómica de paz.

Esta es mi vocación: velar

y celebrarte. ~

 


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