Osorio sabe más que tú

Un alegato a favor de los cambios, a veces incomprensibles, que realiza Juan Carlos Osorio, técnico de la Selección Mexicana.
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Desde la llegada de Juan Carlos Osorio a la dirección técnica de la Selección Nacional, adivinar la alineación de México puede resultar un ejercicio más complicado que atinarle a la quiniela de la jornada. Además, una vez hecho público el once, todavía queda el reto de imaginar dónde va a colocarse cada jugador.

Llama la atención que en apenas diez partidos al frente del Tri el colombiano ha utilizado a 39 jugadores, incluidos cuatro porteros, y no ha repetido alineación una sola vez; de hecho, lo más parecido a repetir cuadro fueron los cuatro cambios que hizo entre los partidos contra Uruguay y Jamaica en la Copa América Centenario.

¿Por qué hace tantos cambios? En contraste, Miguel Herrera utilizó el mismo equipo en los tres partidos de la fase de grupos del Mundial y sólo hizo un cambio para los octavos de final obligado por la suspensión del Gallito Vázquez. Por supuesto, para llegar a ese once intocable antes el Piojo también pudo llevar a cabo múltiples pruebas, como muchos de los entrenadores nacionales.

Algo que fácilmente se olvida al reclamar a un técnico de selección por su multitud de “experimentos” es que, a diferencia de los entrenadores a nivel de clubes, en los representativos nacionales no hay dos meses de preparación antes de arrancar un nuevo campeonato ni los diez o doce partidos amistosos que eso conlleva.

Lo cierto es que, a ocho meses de su presentación como nuevo timonel tricolor, las últimas tres semanas representan la primera vez que Osorio ha podido trabajar con su equipo por más de cinco días consecutivos. En cierta forma, los duelos ante Uruguay, Jamaica y Venezuela han sido la fase final de la pretemporada para el técnico colombiano. Ahora que llega la fase definitiva en la Copa América, la lógica indica que veremos un once relativamente estable en los cuartos de final ante Chile y en las (hipotéticas) semifinales y partido por el título.

Un problema distinto es que, además de tanto cambio, a los técnicos les encante inventarles puestos a sus jugadores. Tomemos el caso de la lateral izquierda de la selección: tanto con Miguel Herrera como en el interinato de Ricardo Ferretti el puesto le pertenecía indiscutiblemente a Miguel Layún, conocido hace unos años por tener la culpa de todo y, más recientemente, por ser el mejor pasador de la liga portuguesa.

Pero resulta que Layún es diestro y a Osorio no le gusta que sus laterales jueguen a perfil cambiado,  así que manda a Miguel a la banda derecha y le busca reemplazo con un zurdo natural, con el pequeño problema de que la actual camada de laterales zurdos no es precisamente abundante en calidad, así que llegamos a la Copa América a encontrarnos con que el técnico decidió poner ahí a Héctor Moreno, un zurdo natural… pero también el mejor defensa central con el que cuenta la selección.

El experimento no salió del todo mal ante Uruguay y Jamaica, pero tampoco dio resultados excepcionales, tanto que, cuando llegó la hora de ponerse serios –cuando Venezuela estaba a 45 minutos de enviarnos a un duelo prematuro con Argentina–, Osorio se olvidó de inventos y mantuvo a Moreno de central, Layún entró al campo en la posición que mejor domina y la diferencia fue notable.

Que Layún funciona mejor a perfil cambiado, Moreno es nuestro mejor central y no hay nadie mejor que Layún por izquierda era una conclusión obvia para todo hincha del futbol mexicano. ¿Servirá esto de lección para que Osorio deje de hacer experimentos? Esperemos que no.

Porque esta es la verdad: los directores técnicos saben más que los fans. Esto es especialmente cierto cuando se llega a entrenador de Selección Nacional y más todavía cuando se trata de un estudioso del futbol como el timonel colombiano. Es bueno que el técnico experimente con sus jugadores, incluso cuando la prueba puede no funcionar.

Es fácil criticar a los entrenadores por los inventos fallidos, pero si Ricardo La Volpe no hubiera decidido mover a un lateral derecho al centro del campo Pável Pardo probablemente nunca se hubiera convertido en un gran referente de la selección y figura de la liga alemana; Luis Hernández no hubiera sido la revelación del Mundial de Francia 1998 y goleador de la Copa América un año después si Manuel Lapuente no lo hubiera movido de las bandas al centro del ataque.

Y si Bora Milutinovic no hubiera descubierto que cierto extremo zurdo tenía las condiciones ideales para convertirse en centro delantero quizá no hubiéramos tenido un Pentapichichi.

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