Pasados ajenos: “Lamentamos informarle”

En la última entrega de la serie de textos sobre videos caseros, la respuesta a un experimento visual casi logrado. 
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Estimado señor V:

Gracias por presentar su obra “Don’t you believe it“ a consideración para la IV edición anual de la muestra Society for Contemporary American Art.  Desafortunadamente, debo informarle que su filme no ha sido seleccionado para la exposición.  En general y para evitar malentendidos, el Art Institute de Connecticut tiene por regla no comunicar a los artistas las razones ni del rechazo ni de la aceptación de su candidatura a nuestras exposiciones; sin embargo, dada la inusual naturaleza de su obra y lo osado (¿o irreflexivo?) de su gesto: presentar una experimentación fílmica a una exposición de arte, he solicitado a mis colegas en el jurado de selección, me permitan comunicarle algunas de nuestras consideraciones en torno a su obra.  O quizá deba decir mis consideraciones ya que simpatizo con su esfuerzo, señor V, y me gustaría orientarle en él.

Empezaré por las múltiples citaciones conceptuales de su obra. Parece evidente lo consciente que está usted de la influencia de varias manifestaciones de nuestra cultura popular en su filme, particularmente en su título y la referencia al programa de CBS, al señor Andy Williams e incluso a Tom & Jerry. Hay por otro lado referencias que omite  —espero que no por desconocimiento—, algunas indispensables para cualquier creación de imagen en movimiento como Georges Méliès y otras menos accesibles como el fotógrafo Man Ray.

Su obra cita de modo tácito cosas tan diferentes como un poema de Baudelaire y una canción de Burt Bacharach. Ambas forman ostensiblemente parte de la misma cultura y son productos de la misma sociedad y sin embargo, todos sus puntos comunes parecen terminar ahí. Su perspectiva no es suficiente para permitirnos establecer entre ellos una relación iluminadora. Le reitero, además, que omite referencias directas a la experimentación artística en la que, a juzgar por su experiencia previa, se inicia.

Sobre la ejecución técnica de su filme, me gustaría sugerirle una edición más eficiente. La sección “A magic wand is handy too” gira, técnica y conceptualmente, en torno a la misma idea. ¿Es válido sugerir a un cineasta que altere la duración de su obra? O es tanto como pedir a un pintor que escoja otro color. ¿Son estas cuestiones de gusto personal? Me parece que para las experimentaciones en las que usted se aventura, las distancias entre intención, concepto y ejecución deben reducirse. O, si distantes, asumirse. Juzgue usted en cuál categoría se coloca y acoja desde ahí mis consejos.

Hay un interesante contraste entre la naïveté general de su filme y algunos segmentos como “Or un-pour milk” que sorprenden por su casi erotismo (y citan claramente Les Paradis Artificiels). Rescate para futuros experimentos la sección “Black Fire”, inspirada, espero sea consciente,  en la escritura surrealista. Dedique tanto tiempo a la técnica como a la investigación conceptual, siga en la medida en que la turbulencia de los tiempos lo permite, todos los movimientos de vanguardia que se han gestado en Europa en las últimas décadas.

Su filme cuestiona el inconsciente óptico (¿nacen las artes visuales del ojo y solamente del ojo?). ¿Ha leído a Paul Valéry? No deje de hacerlo. Varios segmentos en su obra son una clara reflexión tanto a la cultura kitsch como a las posibilidades mecánicas que el cine ofrece para experiencias falsas y vicarias.  Quisiera recomendarle que investigue a Gramsci y a la escuela de Fráncfort, aunque los tiempos que corren no sólo le dificultarán hacerse con la producción de estos pensadores, sino que podrían atraerle más problemas que ventajas y crear serias tensiones ideológicas entre su obra y el público americano.

Empiece, si me permite un consejo personal, por salir de Connecticut, múdese a Nueva York. Conozca a artistas afines, siga experimentando. En resumen, estimado señor V, su lugar no está en nuestra institución. No por ahora. Si sus posibilidades económicas se lo permiten, alquile algún cuarto en el que pueda organizar proyecciones de su trabajo y el de otros. No será el primero, ¿Ha escuchado hablar de Alfred Stieglitz?

No lo desanimo en sus atrevimientos, en la vanguardia esté quizás nuestra última forma de resistencia.  

–K. Hardesh