¿Benedetti ataca de nuevo?

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Hubo furor en los setenta: muchachas universitarias fueron cautivadas por La tregua, aquella novela de la que casi treinta años después su autor dice que "No entiendo su éxito, es una novela simple y austera y no estoy seguro de las condiciones que la han hecho famosa". Y uno no puede creerle al escritor uruguayo que ha fundado casi toda su obra en una simplicidad bien provista de efectismo sentimental y no pocas veces político, en medio de condiciones en las que no es difícil hacer pasar aquella "austeridad" por la mera neta no sólo en la narrativa sino en la poesía, mina inacabable para gozo de aquellas lectoras —y lectores desde luego— y de sus sucedáneos. "Es lo que mejor se me da", ha dicho el escritor, "lo que me resulta más fácil". Pues cómo no. Desde los setenta también los versos simples de Mario Benedetti llegaron de modo natural a las salas de espectáculos y a los elepés mediante las voces de devotos intérpretes. Nacha Guevara campechaneaba el tono elegiaco de No llores por mí, Argentina con la profundidad de "Si te quiero es porque sos…". Benedetti había llegado al campo de los hallazgos grandes: dos amantes en la calle hacen cuentas y descubren que "somos mucho más que dos". Años después, en su mundo monocorde el cantante Joan Manuel Serrat suscribiría aquella declaración de corte echeverriano del poeta oriental: "El Sur también existe". El fin de siglo mexicano, quién lo diría, reincorpora aquella suerte de poesía llanera precisamente en el único partido político que se mueve lejos de la retórica, el de Democracia Social. Y no deja de ser inquietante ver y escuchar al serio y propositivo Gilberto Rincón Gallardo lanzar desde su córner la elemental aritmética de aquellos versos de tienda de descuento y decirle a los mercadotécnicos candidatos que en la lisa de estos tiempos también somos mucho más que dos. –

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