Se olvidaron de cómo hay que morir
y, así, ensanchan su vida tan letal.
Yo y mi tumor luchamos cordialmente.
Esperemos que no haya un doble muerto.
Necesito que muera mi tumor,
un tumor que se olvida de morir
pero que, en su lugar, planea matarme.
Pero recuerdo cómo hay que morir
aunque ya mis testigos estén muertos.
Pero recuerdo aquello que contaban
sobre tumores que los dejarían
tan ciegos y tan sordos como eran
antes del nacimiento de ese mal
que les trajera aquel tumor a cuento.
Ya secas, morirán las negras células
o cantarán y harán su voluntad.
Tan quedamente crecen noche y día
que nunca sabes, nunca dicen nada. ~
Marzo de 2002
Traducción de Hernán Bravo Varela
La vida no es bella
Un filme merece atención por su calidad o quizá, si carece de auténtica calidad, por el sitio que ocupa en la historia de un género, por las incidentales composiciones visuales, por una sola y…
Espejito, espejito
Pocas cosas hay en la vida como la humillación pública. Hasta hace poco, el único recurso que tenía el exhibicionista común era tratar de aparecer en…
Paul Bénichou
Se cumplen cien años del nacimiento de Paul Bénichou, el gran historiador de la literatura francesa con frecuencia excluido del canon, de la lista o del panteón de…
Los de Baker Street 221
Para una gran parte de la humanidad los personajes que suponíamos surgidos de la leyenda, la literatura, el cine y la charla de sobremesa, podrían ser seres realmente existentes, de carne y hueso.
RELACIONADAS
NOTAS AL PIE
AUTORES