Contrapunto

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I
¿De qué dios balbucido
de qué distinto llanto
retrocedes y eres uno
y siempre el mismo?
Tal vez era la lluvia
que el lirio padecía
el cáliz que los campos
del sol al llanto se apuraba
Lamiéndolo una perra
templado lo dejó vencido
en un golfo de piedras
y en poderosa rima
de festiva rama —si mucho
en desvarío poco en alabanza—
quedó en la ruina
piadosa reduciendo
la espada por el tronco
el ojo mal nacido por el filo
Errante ido enjuto y con la boca seca
de sangre en sangre y por el mar vacío
navegó en el musgo que brillaba
en la palabra día Un contrapunto
en la memoria un cenit de nombre
ya desvanecido “guárdate el llanto”
de un dios por todos balbucido
que no es la misma suerte
ser siempre uno el homicida

II

Y en la región cimera
convertida en cabra
corriendo de la misericordia
en un jardín furtiva
y fulminada repetía
“Yo soy la cuerva
en bruto al aire
y al aire ardiente
en turba convocada”
Un cardo al cien por ciento
en ría soberana la voz
que ya desciende
culebra por la tierra
presurosa era una arpía
cerúlea al fondo la más leve
en la batalla hundida
—si grave parecía—
los surcos de la muerte
en el líquido azul de la garganta
Elíptica se escucha —si pura
balbucía— “Vencí el orden
infernal de aquella amiga”
Y en sombras el cuchillo
desplegó como la lluvia lenta
donde no habita Dios
entre las puercas santas –

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