Ilustración: Manuel Monroy

Del surrealismo al infrarrealismo, un atajo

Más allá del culto alrededor de la obra y figura de Roberto Bolaño, Jaime Moreno Villarreal destaca el vínculo entre surrealismo e infrarrealismo, su idea compartida de que la revolución necesitaba del motor liberador de la poesía.
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Del infrarrealismo como “última vanguardia”, uno de los rasgos más señalados pero no por ello menos difuso es su relación con el surrealismo histórico. Para refinar este asunto, quiero referirme a la influencia que una obrita del poeta francés Jean Schuster (1929-1995) pudo tener en la génesis de este movimiento poético mexicano.

Schuster fue el último, si bien momentáneo, líder del surrealismo. Muy joven, en 1947, fue invitado por André Breton a tomar parte en las reuniones de café de los surrealistas, donde poco a poco se convirtió en uno de sus más activos miembros de la generación de posguerra. En los años sesenta, Jean Schuster era ya el “segundo de abordo”. Breton, quien fallecería en 1966, lo designó su albacea testamentario en lo tocante a los archivos del surrealismo, lo que en los hechos lo situaba como heredero a la cabeza del movimiento. Con esa investidura, tres años después del deceso de Breton, y en compañía de otros miembros del grupo, Schuster declaró públicamente la disolución del surrealismo. En un artículo que vio la luz en Le Monde el 4 de octubre de 1969, estableció el fin del “surrealismo histórico”, al tiempo que reivindicaba la supervivencia del “surrealismo eterno” como “elemento ontológico del espíritu humano”. Jean Schuster murió el 17 de octubre de 1995, a los 66 años de edad. La escritora mexicana Lourdes Andrade (1952-2002) fue su última compañera.

En pleno trance de disolución del surrealismo, Schuster publicó en 1970 sus Développements sur l’infra-réalisme de Matta bajo el sello de Éric Losfeld, opúsculo que echa una luz hasta ahora inatendida sobre el origen del movimiento infrarrealista en México. Acerca del origen del término “infrarrealismo” y su adopción en México, suele citarse el siguiente testimonio de Roberto Bolaño: “El infrarrealismo es un movimiento que Roberto Matta crea cuando Breton lo expulsa del surrealismo y que dura tres años. En ese movimiento había solo una persona, que era Matta. Años después, el infrarrealismo resurgiría en México con un grupo de poetas mexicanos y dos chilenos.”1 La mención del pintor chileno Roberto Matta como precursor afianza los vínculos que el infrarrealismo exhibió en su arranque con el surrealismo. Desde luego que Bolaño estimó en Matta una figura ejemplar y afín: el pintor había desarrollado una trayectoria admirable como artista libertario y emancipado del mundillo cultural chileno. En esa estela se reconocía Bolaño, para quien Roberto Matta habría de ser a fin de cuentas un “clásico”.2

Por intermediación de Dalí, Matta había conocido en 1937 a André Breton, quien de inmediato lo reconoció como uno de los suyos. Pero efectivamente, Matta fue expulsado del grupo surrealista por un colérico Breton en 1948, luego de una intriga en la que alguien acusó al chileno de haber sido el causante del suicidio de Arshile Gorky.3 Solo hasta 1959 Matta hizo las paces con Breton, fue “perdonado” y reintegrado al surrealismo. No he hallado mayor noticia de aquel movimiento de un solo miembro que el pintor chileno habría creado en tiempos de su excomunión, pero es un hecho que el término “infrarrealismo”, como opuesto complementario del surrealismo, no fue acuñado por Roberto Matta sino por José Ortega y Gasset. ¿Conocía Matta el breve capítulo “Supra e infrarrealismo” de La deshumanización del arte (1925) del filósofo español? Es casi seguro, pues hasta los años cincuenta del siglo XX este ensayo era, entre los pintores de lengua española a ambos lados del Atlántico, fuente primordial sobre el vanguardismo posterior a la Primera Guerra Mundial.4 En aquel capítulo, Ortega discurre sobre la metáfora. Aquella bien conocida inducción de la imagen para suscitar la revelación poética, de los surrealistas, Ortega la estudia como un desarrollo moderno de la metáfora. Al ocuparse de este rasgo del “suprarrealismo”,5 Ortega acuña el término “infrarrealismo”: mientras que el primero abandonaba el uso de la antigua metáfora poética como puro ornamento para transformarla en la verdadera sustancia de la poesía, el segundo rebajaría, mediante la metáfora, la realidad: “Basta con invertir la jerarquía y hacer un arte donde aparezcan en primer plano, destacados con aire monumental, los mínimos sucesos de la vida. A la ascensión poética puede sustituirse una inmersión bajo el nivel de la perspectiva natural.” Lo que se manifestaría así en la prosa de vanguardia: “El procedimiento consiste sencillamente en hacer protagonistas del drama vital los barrios bajos de la atención, lo que de ordinario desatendemos.”6 Ortega apuntaba con buen tino hacia la esfera de lo cotidiano, ese campo parcialmente “inatendido” en el que décadas después habrían de recalar, entre otros, tanto los situacionistas franceses como, luego, los infrarrealistas mexicanos.

A lo largo de su prolífica vida Roberto Matta, dotado de una extraordinaria inventiva verbal, creó conceptos y los fue tejiendo y recuperando con los años. Sus lecturas e intuiciones corrían parejas. ¿Creó aquel supuesto primer infrarrealismo a partir de Ortega, en oposición al surrealismo? Ya de vuelta al núcleo surrealista a fines de la década de los cincuenta, se entusiasmó con la Revolución cubana, y se sumó desde 1963 a las filas de intelectuales y artistas que apoyaron incondicionalmente a Fidel Castro. Nadie como Matta recuperó en esos tiempos los ideales izquierdistas del surrealismo europeo, ideales que después de la Segunda Guerra Mundial habían ido muy a la baja. Como amigo del régimen castrista, fue invitado a presidir la mesa inaugural del Congreso Cultural de La Habana, realizado de diciembre de 1967 a enero de 1968. Ahí dio lectura a su ponencia “La guerrilla interior”,7 en la que vuelve a uno de sus temas sustantivos: la figura del poeta que él elaborara décadas atrás –en plena concordancia con el lugar central que esa figura desempeñara en el pensamiento surrealista– asociada directamente con la persona de André Breton,8 y ahora conducida hacia el Che Guevara, recientemente abatido en Bolivia, y por fin extendida al hombre integral que habría de nacer de la revolución: “Yo creo que todo hombre verdadero es un poeta, que un hombre integral tendría que ser un poeta, porque poesía quiere decir aferrar más realidad, toda la realidad.”9

Más realidad, toda la realidad. Destella aquí el par surrealismo-infrarrealismo, y con razón: en la víspera de su partida a Cuba, Matta había entregado en París a Jean Schuster un manuscrito que contenía el “esquema de su intervención” prevista en el Congreso. Eran solo veintiuna notas breves, entre aforísticas y automáticas, que, si bien serían útiles a la redacción de la ponencia, estaban aún muy apartadas de una disertación propiamente dicha. Schuster las salvó y comentó. En ellas, Matta esboza ideas para una exhortación poética y revolucionaria. El manuscrito, redactado originalmente en francés, ostenta el sorprendente título de “Infra-réalisme” –sorprendente también porque este término nunca reaparece en el cuerpo del texto–. Luego de recibir el documento, de inmediato Schuster se dio a la tarea de comentarlo en apostillas que le hizo llegar al pintor. Con esas notas y sus comentarios, Schuster integró luego un librito que entregaría al editor Éric Losfeld, cuyo catálogo se especializaba en autores surrealistas. Publicado en 1970, tuvo muy escasa recepción en Francia. ¿Llegó este Développements sur l’infra-réalisme de Matta a los estantes de la Librería Francesa que se hallaba en la esquina de Reforma y Niza, en la ciudad de México?

Roberto Bolaño leía el francés. Pudo haber conocido el opúsculo en México antes de viajar de regreso a Chile en 1973 “a hacer la Revolución”, o a su vuelta como exiliado en 1974 luego del golpe de Pinochet. En todo caso, el programa poético y revolucionario de Matta y Schuster parece irradiar sobre el movimiento que Bolaño, Mario Santiago y Bruno Montané crearon en 1974, y que dos años más tarde se convertiría en un “movimiento de vanguardia” con la aparición del Primer manifiesto firmado por Bolaño. En la estela del surrealismo, los infras concurrían a la proclama de Breton de que la revolución necesitaba del motor liberador de la poesía. El horizonte de la literatura y el pensamiento surrealistas es ostensible en la concepción de aquel manifiesto infra, cuyo título-lema remite desde luego a Arthur Rimbaud (palabras que Breton glosó tantas veces): Déjenlo todo, nuevamente. Primer manifiesto del movimiento infrarrealista,10 y cuyo contenido fue orientado también por el espíritu de las revueltas de mayo del 68. Ese horizonte aparece asimismo en el Manifiesto infrarrealista de Mario Santiago, en donde bajo la fórmula “Mundos ondas gente que me interesa” se enlista una particular referencia a la Internacional Situacionista. Atentos a las discusiones y acciones situacionistas de los sesenta habían estado también Roberto Matta y Jean Schuster.

El situacionismo, encabezado por Guy Debord entre 1957 y 1972, esclarece importantes aspectos de la actividad infrarrealista en México. Está presente en la divisa de Roberto Bolaño: “Nuestra ética es la Revolución, nuestra estética la Vida: una-sola-cosa”, así como en la provocación de Mario Santiago: “convertir las salas de conferencia en stands de tiro”, que no deja de evocar a Dadá (el Manifiesto de 1918. Bum-bum-bum de Tzara) y al propio Breton, “El acto surrealista más simple consiste en empuñar un revólver, bajar a la calle y disparar”, y que nada menos Roberto Matta reelaboró en su retrato de André Breton como ser mitológico, leonino y táurico, que empuña un revólver contra el espectador.11 Las provocaciones de los infrarrealistas se rozan con el programa situacionista que planteaba la subversión del orden mediante la disolución de las fronteras entre la vida y el arte. Para ello, había que actuar directamente sobre la vida cotidiana, el espacio donde ese orden es inaparente pero sólido y actuante. Tal cual lo enunció Bolaño en su Manifiesto: “subvertir la realidad cotidiana de la poesía actual”. Para irrumpir en el modo de producción existente, los situacionistas se proponían crear situaciones que provocaran acontecimientos. Estos subvertirían la realidad “alienada”, vivida por los hombres como “puro objeto de contemplación”.12 El acto distintivo del grupo infrarrealista era la irrupción en recitales de poesía para sacudir “las formas de intercambio cultural dominantes”. Veían en esas mesas de poetas lectores de sí mismos ritos anquilosados de la palabra “institucionalizada”, donde estarían depositadas las “convenciones privilegiadas” que había que reventar. ¿Pero de dónde provino el particular acento infrarrealista de manifestarse en plena lectura poética, de armar revuelta en el foro? Por supuesto que otras vanguardias ya lo habían hecho, pero en el contexto tardío del infrarrealismo se trata también de la mutación de una práctica no muy extraña de la vida pública francesa de los años sesenta, y especialmente extendida en el 68: la irrupción de la voz de los asistentes en la conferencia. Guy Debord reivindicaba esa irrupción luego de afirmar: “La conferencia, la exposición de algunas consideraciones intelectuales ante un auditorio, como forma extremadamente banal de las relaciones humanas en un sector bastante amplio de la sociedad, hace surgir la crítica de la vida cotidiana.” Y proponía:

[…] aprovechar la menor ocasión para romper con las apariencias de la pseudocolaboración, del diálogo ficticio, que se hallan instituidas entre el conferenciante “presente personalmente” y sus espectadores. Esta ligera ruptura de la comodidad puede servir para atraer de golpe al campo del cuestionamiento de la vida cotidiana (cuestionamiento que sería de lo contrario completamente abstracto) a la conferencia, como a tantas otras disposiciones de la utilización del tiempo, o de los objetos, disposiciones que se consideran “normales”, a las que incluso no se ve; y que finalmente nos condicionan.13

Los infras habrían montado un conato subversivo semejante cuando Pedro Damián y Jesús Luis Benítez,14 miembros del grupo presentes como espectadores, interrumpieron repetidamente la lectura poética de Octavio Paz y David Huerta15 en la Librería Universitaria de Insurgentes, práctica que, sumándose a otras arremetidas del grupo, había prohijado ya la severa puesta al margen del movimiento y sus integrantes de la “escena” literaria mexicana –si bien es cierto que el infrarrealismo se había concebido desde el principio en la periferia, autodesignando a sus miembros festivamente como “héroes de ocasión”.

Aunque el situacionismo fue crítico implacable del surrealismo, su discurso libertario no fue en absoluto ajeno al opúsculo de Matta y Schuster. Lo comprueban las referencias de Matta a “la emancipación del instante” y a “la conversión de la situación al lenguaje”, mientras que se deja entrever que Schuster conocía La sociedad del espectáculo de Debord, ya por su abordaje de la cotidianidad, ya por sus acometidas contra los teóricos de la revolución y los políticos de izquierda. No obstante, es necesario indicar que la crítica de Schuster al socialismo real hubo de tamizarse a la baja en la intervención de Matta en el Congreso habanero. Aunque el pintor vivió y se expresó siempre como un libertario, hasta el fin de sus días nunca le retiró el apoyo a Fidel Castro. A caballo entre el surrealismo y el situacionismo, Comentarios al infrarrealismo de Matta nos lleva a recordar que su plausible lector Roberto Bolaño fue afín al trotskismo y al anarquismo (y esto lo coloca ya en la estela bretoniana), así como muy crítico del Estado cubano y fuertemente antisoviético. En la escritura de Schuster se hace además presente el estructuralismo campante de los años sesenta, así como el fourierismo que tanto atrajo a pensadores franceses por entonces. Del opúsculo, traduzco a continuación dos notas de Matta, seguidas de los comentarios de Jean Schuster.

De Comentarios al infrarrealismo de Matta

MATTA [6] A cada instante (emancipación del instante) apropiarse de lo real en juego –y el acto poético de la imaginación para revelar “todo” lo que entra en las circunstancias –pensamiento poético, surrealización de las circunstancias en cada punto de intersección.

SCHUSTER Emancipación del instante: emancipación respecto a la imposición histórica: el acto poético hace posible una ruptura más radical con las viejas ideas –lo real es lo que en verdad está en juego si se le aborda por dos flancos –por la vía filosófica: el instante ligado a la historia (materialismo histórico), y por la vía poética (el instante emancipado, en el límite la novedad por la novedad misma). Refutar toda acusación de idealismo porque la historia no es el tiempo (escapar de la historia no es escapar del tiempo). Ciertamente, sabemos que el acto poético tiende a escapar de la historia (sin conseguirlo). Lo esencial es que lo real enfrente un movimiento histórico (encadenamiento de los instantes) y un movimiento ahistórico (emancipación del instante, surrealización de las circunstancias). Ya que las circunstancias están determinadas, el acto poético las sobredetermina (lo mágico circunstancial de la belleza convulsiva). El punto de intersección es el instante que se emancipa porque el pensamiento poético capta, mediante un acto, las circunstancias.

MATTA [18] La ideación, la imaginación y la creatividad serían lo más adecuado para llevar a cabo la “conversión” de la situación al lenguaje; en toda idea(ción) existe un “traslado” de lo real al lenguaje, seguido de otro traslado de esa idea al lenguaje –El objeto mental es una reorganización del objeto material, del que siempre queda algo no definido –Ese residuo debe ser a su vez añadido al objeto mental para que haya verdaderamente una comprensión integral.

Schuster Sucede con las situaciones como con los objetos. Su percepción bloquea la imaginación (el análisis), e impide una representación mental que debería, al realizarse, crear una situación nueva. La idea de situación es generalmente deductiva en lugar de ser inductiva. El “traslado” se hace a contracorriente (Trotski habla en algún lugar de la madeja de la historia desenrollada por la punta contraria).16 Y el lenguaje, no domesticado y más rebelde a las situaciones que a las cosas, absorbe la última parte que la mente se reservaba. A partir de ese momento, lo real ya no es real, sin llegar por lo mismo a ser imaginario. Fabulación mediocre, subrealidad literaria. Entre el objeto mental y el objeto material, un lenguaje neutro debería permitir una actualización del primero y una virtualización del segundo. Ambos, provisorios y en este sentido (histórico) no definidos. El objeto material virtualizado no es ya el mismo, pero es de nuevo aprehendido como tal (residuo) y añadido al objeto mental. (Por un “discurso sobre el máximo de realidad”.)17 ~

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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1 María Teresa Cárdenas y Erwin Díaz, “Bolaño y sus circunstancias”, en Revista de Libros de El Mercurio, Santiago de Chile, 25 de octubre de 2003.

2 “Admitamos… que Matta es un clásico, un surrealista que está en la superficie cuando hoy el surrealismo vive en los subterráneos y probablemente ya no se llama surrealismo…” Roberto Bolaño en entrevista con Rodrigo Pinto, “Bolaño a la vuelta de la esquina”, en Las Últimas Noticias, 28 de enero de 2001 (letras.s5.com).

3 El caso, sobre el que han corrido tinta y algunos mitos, está expuesto con precisión en Mark Polizzotti, Revolución de la mente. La vida de André Breton, México, Fondo de Cultura Económica y Turner, 2009, p. 537.

4 La otra fuente recurrida era Ismos (1931), de Ramón Gómez de la Serna.

5 Eran tiempos en que la traslación surréalisme = “surrealismo” se tachaba aún de galicismo.

6 José Ortega y Gasset, La deshumanización del arte, México, Porrúa, 1992, p. 24.

7 “La guerrilla interior” puede leerse en la revista Prometeo, núm. 8, Medellín, Colombia, 1987.

8 Remito a su célebre cuadro Le poète, 1944, también llamado André Breton.

9 Artículo citado.

10 Los documentos infrarrealistas que cito aquí y en adelante pueden consultarse en la audio-revista Nomedites, núm. 8, dedicada al infrarrealismo, México, 2007.

11 El mencionado en la nota 8.

12 Véase Guy Debord, La sociedad del espectáculo, Valencia, Pre-Textos, 2003.

13 Guy Debord, “Perspectivas de modificaciones conscientes de la vida cotidiana” (1961), en César de Vicente Hernando, Discurso sobre la vida posible. Textos situacionistas sobre la vida cotidiana, Hondarribia, Sediciones, 1999, pp. 35-36.

14 Según Raúl Silva, quien se ha especializado en la historia del movimiento infrarrealista, fueron estos los dos integrantes que irrumpieron en la lectura.

15 David Huerta recuerda que luego de repetidas interrupciones a la lectura por parte de uno de los infrarrealistas, quien estaba ebrio y escondido, Octavio Paz pegó en el escritorio y dijo: “¡Ya basta! ¡Si tiene usted algo que decirme, dígamelo de frente!” El público comenzó a gritar: “¡Fuera, fuera! ¡Está borracho!”, a lo que Paz respondió: “El alcoholismo no disculpa la estupidez.” Esta lectura se realizó en enero de 1980, fecha en que Roberto Bolaño ya no vivía en México, y Mario Santiago estaba fuera del país.

16 La frase de León Trotski, “La madeja de la historia se había desenrollado por la punta contraria”, hacía referencia a que, contra los pronósticos de Marx, el primer triunfo de una revolución socialista fue en Rusia, un país no capitalista.

17 Schuster juega a invertir aquí el título del libro de André Breton Introducción al discurso sobre la poca realidad (1927).