La Inteligente: inercia y despertador

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…la educación de esa muchedumbre es ilusoria.Ignacio Chávez en 1952.
 
¿ Qué hacer? Creo que no mucho. La UNAM deja de ser una fe para convertirse en una rémora; deja de ser un instrumento de inteligencia crítica para ser una resignación inerte. Lo disfuncional lo es cada vez más; lo rescatable funciona a contrapelo. Cada nuevo episodio confirma que su tipo de enredo pertenece a una categoría aún no clasificada. Las soluciones son impracticables: son parte del problema. La UNAM ya no es una causa perdida (declarar que por eso vale la pena ya es retórico), es una pariente desquiciada con una intravenosa de 9,000 millones anuales en espera de arreglarse sola, de que algo la ajuste algún día, sin dar, en el ínterin, demasiada vergüenza o demasiada lata.
¿Qué decir? En la pequeña república unameña las palabras ya no significan nada, como en toda situación corrupta. Las palabras justicia, derecho, élite, pueblo, democracia, significan nada. Igual la lógica. Leo —hoy, 8 de julio— este diálogo en la prensa:
—¿Regresarán mañana a la mesa de diálogo?
—No, porque tenemos una marcha para exigir diálogo.
Sin respuesta. La inteligente UNAM no ha podido responder(se) la pregunta esencial de Gabriel Zaid, quizás porque ni siquiera se la ha hecho: "¿Alguien ha demostrado que una comunidad universitaria de 400 mil personas es mejor que cuarenta comunidades de 10 mil?" ("UNAMegalomanía", Vuelta 124, marzo 1987, p. 10).
Condicional imperfecto. Habría, para agrandarla, que reducirle el tamaño y exentarla del sistema político de recompensas. Quitarle lo de "nacional" y lo "de México". Desmembrarla en cuarenta comunidades de 10 mil en las que la autoridad sea detentada por académicos organizados en colegios de iguales. (Se podría conservar la entidad formal, creándole una rectoría protocolaria y vitalicia, para abatir grillas.)
Obviedades. Es obvio que la UNAM debería separarse de la enp, de los CCHs, de las FESs, de las eneps, de las dependencias de provincia, de todo lo que ya está afuera de CU. Es obvio que cada escuela e instituto arreglaría, en pequeña escala y con criterios académicos, sus objetivos, necesidades y gobierno. Es obvio que esto permitiría optimizarse y reducir burocracia (por ejemplo, el oneroso y apetecible aparato "de apoyo"). Es obvio que al limitar las ambiciones políticas (y sus recompensas), aumentarían las académicas (y sus recompensas). Es obvio que hay que desmantelarle funciones no esenciales o redundantes (difusión cultural, supermercados, etcétera) y limitar otras, como las editoriales. Es obvio que hay que desmantelar ese oneroso y descomunal sindicato "independiente y democrático", empeñado en engordar, en subastarse políticamente y en tener injerencia en asuntos académicos, como un poder paralelo. Es obvio que hay que reducir el ingreso y aumentar la eficiencia terminal. Es obvio que hay que fortalecer, con criterios estrictamente académicos, sistemas de autoridad, de vigilancia, de evaluación. Es obvio que hay que elevar la calidad académica. Es obvio que quien pueda pagar, pague; y quien no, y lo merezca, sea becado.
Más obvio aún. Es obvio que todo lo anterior es clasista, elitista, sexista, eficientista, represivo, antimexicano, antipopular, antisocial, efeemeísta, etcétera, y que sería "rebotado". (Un activista hoy repitió verbatim la frase del porro Sánchez Duarte en 1966 antes de tumbar a Chávez: "si la propuesta no nos gusta la rebotamos".)
Somos muchos. Declaración del líder Ordorika en 1987: "Tenemos la razón y representamos a la mayoría de los estudiantes. Eso nos da la razón y la fuerza". Igual que hoy: los activistas se asumen, para todo efecto, como una soberanía y a la UNAM como un municipio en disputa y sin reglas.
Conjeturar. Esa "razón de la fuerza" (no su quiasmo: "la fuerza de la razón") más que nunca se dirige a que nada cambie en la UNAM o a que sólo cambie en favor de su ineficiencia. Ya no es cosa de ideas sino de fuerza y/o razón. La experiencia —ya uso y costumbre— expresa que la instancia final de la "inteligencia" es la asamblea, el Robespierre en turno, el derecho de veto que se otorgaron en la mejor tradición jacobina.
Mi gorda. La UNAM es una gorda explotada por toda clase de proxenetas: políticos variopintos, sindicalistas ávidos, cheguevaras ocasionales, trepadores partidistas, académicos mediocres, perezosos incontinentes, pandilleros desagregados. La tironean, la ordeñan, la explotan, la paran, la huelguean, la dialogan y finalmente la maquillan para dejarla como estaba, pero peor. ¿Quién querría acabar con la gallina de los huevos de oro? La "casa de la inteligencia" ha demostrado carecer de la necesaria para ser ella misma inteligente; ha acabado por vender uso político práctico e inmediato en lugar de apostarle a los beneficios de la lenta inteligencia. La UNAM como perpetua abogada sentimental de los pobres, y no eficiente generadora de riqueza. La enorme dignidad con la que algunos verdaderos maestros, investigadores y alumnos sostienen su espíritu, se halla cada vez más acorralada y disminuida por esta utilización política.
Más o menos. La UNAM se ha resignado a su progresiva desacademización. El primer objetivo de las autoridades es administrar su explosividad política (o que explote sólo cuando convenga) y, ya después, que más o menos funcione académicamente. Chávez se horrorizaba, desde 1952, de que la Facultad de Medicina estuviese catalogada entre las "de tercera categoría" por organismos internacionales y se lo explicaba por la ineficiencia del tamaño. La UNAM tenía entonces 40 mil alumnos.
CTMUNAM. La agenda de la universidad más grande del mundo (no hay orgullo en esto) es cuidarse de su propio sindicato. Tiene miles de miembros de más que obligan a miles de funcionarios de más a tenerlo a raya. El deterioro (la politización) se aceleró cuando la Facultad de Ciencias Políticas decidió ensayarle a un sindicato "bueno". Engendró su propia CTM: un "sindicato independiente", el STUNAM: Fideles y Güeras con ideología de izquierda y métodos de derecha. La UNAM creó su propio sindicato blanco (las APAUNAM). Los peores vicios del PRI, que la UNAM del 68 detestaba, calcados al ámbito unameño; el paradigma SEP-SNTE revivió en el paradigma UNAM-STUNAM.
La buena fama dormida. 1968 no aumentó la inteligencia crítica de la UNAM; potenció su combatividad contestataria; no la convirtió en una responsabilidad intelectual activa, sino en un activismo sentimental. La urgencia del diálogo en 68 se trasladó al adecuado ámbito de los partidos y las cámaras; dentro de la UNAM se estancó en gritería ritual. 1999 ofende la memoria del 68. En 99, a lo que hemos vuelto es al porrismo clásico de tiempos de Nabor Carrillo. A tres años de Tlatelolco, en 1971, Castro Bustos toma de nuevo la rectoría (igual que en 1964) e inaugura la subasta de porrismo ideológico. En la medida en la que 68 colaboró a cambiar el sistema político mexicano, la izquierda ahogó a la UNAM en un holgado acriticismo, en "símbolo" de resistencia, en "sede del pensamiento independiente". La politización ambiente redundó en beneficios para todos: institucionalización de mafias, laboratorio de sociologismos, plataformas de carreras políticas, etcétera, a cambio de un espeluznante abandono académico.

Es curiosa la capacidad de esta "sede del pensamiento" para obstinarse en existir fuera del tiempo (y desde que está cerrada por el paro, fuera también del espacio). 68 le dejó un basamento del peor sentimentalismo (polvos de frente popular, maoísmo de utilería, perpetua orgía liberada, Jim Morrison y el dios Charango, estética Cleta). Para sus usuarios de izquierda, esto se llama "vocación crítica". Confeccionar consignas demostró ser más fácil, y redituable, que crear ideas.
     68 fue un paso determinante hacia la democracia. En la oposición y con los partidos dimos otros pasos. La izquierda unamera (el gentilicio como sentimiento) desatendió esa responsabilidad. Las "gestas" sindicales y activistas (esa secuela de sesentayochitos) operan dentro de una penosa contradicción: en su asambleísmo emplean una democracia directa que los decora de demócratas, pero desprecian la democracia representativa. El CGH presume de "bajar" las decisiones a sus asambleas, pero cierra la unam sin plebiscito o votación alguna: lo mismo de lo que acusó al Consejo Universitario que aprobó el reglamento de pagos; lo mismo que el PRI soberano que en 68 tratamos de erradicar.
     Algunos ex líderes de 68 manifestaron en 98 que Tlatelolco no fue por la democracia burguesa representativa y le reiteraron su desprecio a esa quincalla de liberales que le otorgan valor absoluto. El CGH de hoy, en boca de un profesor de ciencia política, reitera que "las soluciones radicales son las únicas reales". La izquierda unamera vive todavía en una marcha de 68.
Relajote. Esa ideología radical prende fácil en las hordas del CCH. Si en 68 la crisis obedece a la aparición de nuevas fuerzas sociales, en 99 aparece otra: enormes grupos de chavos desagregados que, escépticos ante la educación activa o el activismo de partido, conscientes de su limitado futuro, prefieren el carpe diem del relajo sobre los remotos beneficios de la larga carrera profesional. La masa unamera actúa la fenomenología del relajo, pero ignora el libro de Portilla. Materia prima y propicia para los ideólogos y guerrilleros impacientes con la larga democracia.
Relajazo. La UNAM pasó de ser la vanguardia democrática a ser su lastre: llevados por el relajo sentimental y el discurso políticamente correcto ("No nos pidan una universidad de excelencia y elitista que ignore al resto de los mexicanos", declara la élite del CGH), su gesta emparenta con las vacilaciones armadas —más bien retrocesos— en la ruta hacia la democracia. Es lamentable que esto, además, sea apoyado por el PRD, ayer logro de la democracia, hoy logrerismo. Hoy 8 de julio, su líder interino Pablo Gómez lleva a la Cámara una iniciativa para "refundar a la UNAM" previo "congreso constituyente" popular y democrático. (Sería divertido "parar" al df y exigirle otro tanto.) Que la izquierda perredista —o por lo menos su vertiente ex comunista y anticardenista— haya acabado de titiritera en la UNAM es un episodio indigno de su herencia socialista, pero coherente con su actuar político.
Fuerza mayor. "La fuerza mayor de la Universidad reside precisamente en esos profesores e investigadores cuya voz no suele resonar públicamente y cuya actividad es puramente académica", escribió Eduardo Nicol en 1961. Decenas de escuelas e institutos independientes, ajenos al obeso organigrama administrativo y su derrama de lealtades, corrupciones, recompensas, crearían entidades optimizables en las que esa fuerza mayor sería la única en poner las reglas, sin necesidad de abatir/subastar sus iniciativas en la infinita maraña política. La autoridad sería la de los colegios del personal académico que hoy carecen de todo poder y son humillados por directores, funcionarios, sindicalistas, estudiantes. La única fuerza real en una universidad es la del mérito académico; la única democracia real es la que se ejerce entre pares académicos que sirven al conocimiento. Esa igualdad ha sido desplazada en la UNAM por jerarquías administrativas con ambiciones no necesariamente académicas.
     La democracia entre pares académicos para discutir en igualdad y con desinterés las formas de educar, evaluar e investigar es la única fuente de legitimidad universitaria. La primera, deseable resolución de esos colegios de pares con poder real debería ser: se prohíbe que el director gane más, ascienda más, quiera algo más que estudiar y enseñar. En estas escuelitas e institutitos en los que nadie quiera ser el director (porque prefiere educar o investigar, como en todas las universidades civilizadas), al director le tocaría serlo por turnos obligatorios. Su autoridad moral sería incuestionable. Nadie le podrá exigir a esas escuelas e institutos que se democraticen; nadie tendrá más razón, ni más fuerza, que sus académicos: "los que tienen vocación y talento excepcionales, más amor al arte que al queso", como dijo Zaid.
Siglas (para el lector ajeno):
UNAM: Universidad Nacional Autónoma de México.
ENEP: Escuela Nacional de Estudios Profesionales.
ENP: Escuela Nacional Preparatoria.
CCH: Colegio de Ciencias y Humanidades.
CGH: Consejo General de Huelga.
FES: Facultad de Estudios Superiores.
STUNAM: Sindicato de Trabajadores de la UNAM.
CTM: Confederación de Trabajadores de México.
SNTE: Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
APAUNAM: Asociaciones de Personal Académico.
Cleta: Centro de Experimentación Teatral y Artística.
Posdata del 11 de julio. Resolución del CGH: o se satisfacen las seis demandas del pliego "petitorio" o sigue el paro. Lo dicho. En 1966, Barros Sierra accedió a la rectoría a cambio de restaurar el pase automático y abrogar las reformas académicas del Dr. Chávez. A 33 años de distancia, estamos de nuevo en el mismo sitio: la mayor congruencia académica (ingresa el que tiene mérito) es de nuevo la excusa para la discusión real entre los nuevos Castro Bustos y el —seguramente— nuevo rector. Si la decisión superior es reabrir la UNAM, se les entregará de nuevo el pase automático. En este círculo vicioso de 33 años se ubica el virus. Los académicos de carrera son los únicos anticuerpos eficaces. Lástima que ni se nos considere, ni contemos con los recursos para hacernos valer. No tenemos asamblea, ni fuerza, y cuando decidamos tenerlas, abundarán los manipuladores. Nuestra razón es muda. –

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