El garbo con que abrías el portón
en las noches de lluvia,
la danza singular que celebrabas
del corredor a la cochera,
con esos brincos tuyos
tan anómalos.
Las infinitas hierbas
(hongos, lechugas,
matojos y cactáceas)
que aliñabas
con emulsiones ásperas,
absurdas, corrosivas
como viandas del norte de Turquía.
Tus reiteradas incursiones
al vapor de la estuosa regadera;
el chipi-chipi eterno;
la humedad de tu pelo
desafiando mi asidua hipocondría;
tu desnudez en lucha
con el rigor de marzo;
el cachondeo final
contra el sino
y la muerte
—y mi horror a pescar la pulmonía.
Tu demencia sonámbula,
tu afán de divagar
al filo de la noche
ya muy alta
y traducirlo todo al disparate
—para encontrar, al cabo,
el único sentido practicable.
Tu forma de imponer
el desorden y el júbilo,
plumeros para el tedio
de mi casa estricta.
Tu pasión por el tráfago, el paseo,
la caminata, el éxodo,
el trote
y demás medios
de operar el más limpio nomadismo.
Tu obsesión por los parques y las plazas,
las rutas que vacilan, se bifurcan,
proponen laberintos,
atraviesan espejos y pupilas,
van de Tejas al Trópico
y del Templo Mayor a Rumanía.
(Hoy las ciudades trazan
el mapa de tu ausencia,
un catastro de huecos.)
Exógena y excéntrica,
extrañé tu exacción de extranjería.
(Y eché en falta, ni modo,
las galas sedentarias de tu risa.) –
Playlist para tu ascenso al cadalso
Seis canciones para ascender al cadalso
Bangladesh 1974
En 1974 una hambruna azotó Bangladesh, cuando el país apenas cumplía tres años de vida independiente. Scherer viajó a la capital, Dacca, para tener un panorama de cómo el cólera y los…
Diario de Otoño
Octubre (Tegueste). Murió, ayer, Eugenio Granell. De pronto, la idea de no poder visitarlo más en su casa de Madrid y de no oírle ya hablar de Juan Ramón…
Sembrado
Para Jis y Trino Estaba don Soylo Lima podando unos rosales cuando sintió que un…
RELACIONADAS
NOTAS AL PIE
AUTORES