Luna diurna

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Me desperté dormido.
Hablaba el sol en voz alta
y la luna callaba
pálida, dulce, plena.
Era la estela de la luna nocturna
que persistía entre el vocerío de la luz.
En su silencio había un hueco
para seguir dormido con los ojos abiertos.
Las cosas de cada mañana no estaban, aparecían.
De la cama a la calle la luna
le restaba evidencia a los rayos del sol. –