Presencia de Álvaro Mutis

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Ayer por la mañana me llamaron los amigos del ABC para decirme que Álvaro Mutis era el nuevo Premio Cervantes. Adivinaron que la noticia me daría una profunda alegría y, añado yo ahora, algo más, esa satisfacción armónica que nos produce un acto de justicia: al gran escritor Álvaro Mutis le conceden el máximo galardón
de las Letras Españolas. Significa que las cosas no andan tan mal, que hay señales redentoras, que hay motivos para levantar la copa.
     Álvaro Mutis llega al Cervantes con el pecho cargado de medallas, un curtido mariscal que acepta las recompensas con tranquilo respeto y con la elegancia del que todo lo ha visto. Recordaré ahora sólo algunas de ellas: Premio Nacional de Literatura en Colombia, Premio Xavier Villaurrutia en México, Premio Medicis en Francia, Premio Grinzane Cavour en Italia, Premio Príncipe de Asturias y Premio Reina Sofía en España.
     Detrás de todo ello, detrás de las ceremonias, hay un extraordinario poeta, que a veces escribe en verso y a veces en prosa, un poeta visionario que nos narra, entre el terror y el asombro, la descomposición de la materia, cronista preciso de un trópico carcomido y del proceso incesante, inapelable, del desgaste. Poeta de los objetos abandonados, de los barcos herrumbrosos,  de los astilleros perdidos y  también de paisajes góticos y aurorales. Maqroll el Gaviero —la invención y la guía del poeta— nos habla de la necesidad de la acción y del esencial fracaso inherente a ella. El escándalo de la muerte, el misterio de los finales, es el horizonte del Gaviero y de su creador. Maqroll encarna la errancia, no hay lugar de llegada ni de partida y exalta las "pequeñas patrias", nuestras pasajeras salvaciones: una mujer, una taberna, un Tramp Steamer. Si el Gaviero desconfía de propósitos y metas, si no hay destinos manifiestos, lo que queda es la ética de la amistad, la lealtad profunda, el orgullo del sacrificio silencioso. Me parece muy natural que en este universo se admire la hazaña individual, los personajes históricos que simbolizan la inmolación, los que asumen una responsabilidad que es trágica precisamente por ser perecedera. Maqroll el Gaviero y la suerte de los héroes y de los reyes: ese es el arco de Álvaro Mutis: el Gaviero en su camarote, el caraqueño Simón Bolívar y Felipe ii en El Escorial.
     Hay en la obra de Mutis una infinita comprensión de las flaquezas humanas, una honda bondad que no se confunde con cortesías protocolarias. Estoy seguro de que todos sentimos —los lectores y los amigos— que con él podemos descansar, quitarnos el saco, oír sus inolvidables historias, intercambiar fantasías, contarle aquel secreto agobiante y, al final o al principio, reírnos a carcajadas. ¡Cuántas cosas, caramba, puede hacer el nuevo y luciente Premio Cervantes de Literatura! Regocijémonos todos. –


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