Sin descanso, de Jason Todd Ipson

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La morgue ha fungido como tema de diversas películas que han reflexionado sobre el poderoso efecto que la idea de la muerte –y su materialización en la evidencia del cadáver– tiene sobre la psique humana. Hay tres notables ejemplos en El vigilante nocturno, del danés Ole Bornedal; Anatomía, del austriaco Stefan Ruzowitzky, y Vital, del japonés Shinya Tsukamoto. Tenía que ser una gringada la que saliera con su “domingo siete”. Sin descanso sigue a un grupo de estudiantes de medicina que enfrenta a un maligno espíritu azteca, llevado de Brasil a Estados Unidos por una turista muerta. Así de absurdo como suena. La publicidad presume que es “la primer película que utiliza cadáveres reales”. Si eso es considerado un mérito por sus realizadores, entonces queda claro por qué la película resulta un fiasco. ~


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