Trabajar como mexicanos y retirarse como suecos

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Los trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social se retiran con su salario íntegro (más un extrita) a los 53 años de edad. Muchos vivirán cobrando, ya retirados, más años que los activamente laborados. Ningún otro grupo tiene esta singular prebenda: trabajar como mexicanos y retirarse como suecos. El privilegio aseguró durante lustros los votos de 350,000 sindicalizados y sus familias en favor del PRI. Claro: desde que nació, el IMSS se halla endémicamente en crisis y técnicamente en quiebra. El sindicato (STIMSS) votaba, el PRI inflaba las urnas, el pueblo pagaba.
     La decisión de desfacer tal entuerto incluiría no sólo rehabilitar una institución imprescindible, sino terminar con ese bochornoso trueque. Por lo pronto, con la venia del PRI, se ha aceptado la necesidad de discutir el tema, no sin garantizar que los actuales empleados del IMSS seguirán disfrutando de la nacionalidad sueca hasta su muerte, pero no así los de nuevo ingreso. (Se calcula que el último sueco —el que ingresó ayer al sindicato— habrá de jubilarse en el 2028.) Esto ha llevado a los opositores a chillar que la reforma es intolerable porque “afecta los derechos de los integrantes futuros del STIMSS”. No han nacido estos mexicanos, pero ya se viola su derecho sindical a ser suecos.
     Para impedir tal agravio a sus futuros representados —pues, como lo ordenan los cánones, él es democráticamente perpetuo—, el líder del STIMSS anuncia movilizaciones y, enojado con el PRI, pone en subasta su medio millón de votos. El primero en ingresar a la puja es el PRD, por medio del inefable diputado Agustín Rodríguez, líder (también democráticamente perpetuo) del sindicato de la UNAM. El trueque IMSS-PRI, que ejemplificó el disfuncional pasado del corporativismo electorero priista, renacerá como augurio del disfuncional corporativismo electorero perredista.
     El pueblo seguirá pagando. –