Un clavo
te atraviesa. La punta donde estuvo
tu garganta
–debiste
de tragar
una última espesa
bocanada de sangre–.
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Qué hermoso es el dibujo
que sutura
las partes de tu cráneo.
Qué obscena la fusión
–hierro viejo y marfil–
de esos dos
materiales. ~