De Etcétera

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En su edición de mayo, Letras Libres propuso la formación de un comité que organice debates públicos. Ese comité sería dependiente del IFE y formaría un fideicomiso para recibir aportaciones y comprar espacio comercial en radio y televisión, con el objeto de difundir aquellos encuentros en horarios de máxima audiencia. El comité propondría a los medios la celebración de encuestas para que, junto con la memoria de los debates, sean entregadas al Congreso y al Ejecutivo.

Éstas son las consideraciones de etcétera:

Primero. Aunque a menudo el protagonismo entrecruce sus responsabilidades en la vida pública, los medios de comunicación no pueden ni deben sustituir el debate y los acuerdos que supone el ejercicio de la política. Precisamente en ese recurrente intento de los medios está uno de los problemas de nuestra incipiente democracia. Los medios no deben erigirse en un tribunal de la opinión pública, ni a través de ellos se puede conformar una atalaya que dicte lo que tienen que hacer los actores de la política.

Segundo. Al gobierno y a los partidos corresponde resolver las reformas que el país necesita, y para ello han de reconocer lo elemental: que la política significa acuerdos y que éstos implican costos. Fundamentalmente, a esa falta de visión y de voluntad política se debe la parálisis del país a la que alude Enrique Krauze, y no a la ausencia de ideas para hacer posible las reformas.

Tercero. En más de un sentido, la función social de los medios electrónicos se encuentra en entredicho. Esas empresas deben cumplir con los tiempos de Estado y con esa función social establecida por la ley federal que rige su funcionamiento. Por eso, no vemos por qué a los medios electrónicos hubiera que pagarles el tiempo dedicado a los debates.

Cuarto. El formato para la discusión propuesto por Letras Libres comprende el riesgo de conformar un espectáculo de medios, más que un intercambio razonable y con propuestas. El carácter predominantemente visual de la televisión limita la exposición de ideas y simplifica los argumentos. La muestra está en los programas y los noticieros donde participan académicos, intelectuales y periodistas.

Quinto. La responsabilidad del IFE es organizar elecciones, revisar el empleo de los recursos de los partidos y difundir los valores de la democracia. Nada menos y, también creemos, nada más.

Sexto. Para la celebración de los debates, por qué no pensar en la UNAM o en algún otro espacio de similar tradición, con la suficiente capacidad para que los medios de comunicación, impresos y electrónicos, le den cobertura.

Séptimo. Los medios de comunicación son eso, no son empresas que hagan encuestas. Más aún, no hay empresa de medios que las haga: en todo caso, las encarga. Nos estamos refiriendo a trabajos demoscópicos, no a la invitación que suele hacerse para que el ciudadano llame por teléfono y diga si está de acuerdo o no con tal o cual asunto.

Octavo. La propuesta de Letras Libres no contempla la agenda de discusión, entre otras razones, porque aquel comité estaría encargado de establecerla. Nosotros proponemos que un temacentral sea el papel de los medios de comunicación en la transición democrática, así como la reforma de la Ley Federal de Radio y Televisión y de la Ley de Imprenta.

Noveno. En la propuesta de Letras Libres, Enrique Krauze acepta sugerencias y ésas son las que hacemos, tanto al sentido como al formato de los debates. Con esos añadidos o modificaciones, estamos dispuestos a participar de ese intercambio de ideas y también en ese clamor porque los actores políticos asuman su responsabilidad con el país. Eso lo intentamos mensualmente, como cuando, en marzo, invitamos al director y a varios colaboradores de Letras Libres, sin obtener respuesta, a participar en la edición especial “México turbulento”, donde concurrieron más de medio centenar de intelectuales, políticos y periodistas. –

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