El mar de la historia

El sueño de Ulises. El Mediterráneo, de la guerra de Troya a las pateras

José Enrique Ruiz-Domènec

Taurus,

Barcelona, , 2022, , 503 pp.

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Entre los historiadores más originales e interesantes del panorama español actual sobresale, por méritos propios, el medievalista José Enrique Ruiz-Domènec (Granada, 1948). Ha publicado, en los últimos lustros, algunas obras de referencia: El Gran Capitán (2002), El reto del historiador (2006), España, una nueva historia (2009), Europa, las claves de su historia (2010) o, entre otras, El día después de las grandes epidemias (2020). Pienso que la trayectoria de este autor puede dividirse en dos etapas nítidas: en la primera, en el siglo xx, sus escritos deben mucho al influjo de Georges Duby y la nouvelle histoire francesa y se centran en los mundos feudal, cortesano y caballeresco, con un especial interés por el papel de las mujeres (La mujer que mira, 1986); en la segunda, ya en la actual centuria, abundan sus obras de síntesis, ensayos historiográficos, biografías (Isabel la Católica, el Gran Capitán, Leonardo da Vinci) e incursiones en distintos momentos de la historia de la humanidad, siempre con una escritura abocada a lo narrativo. Entre una y otra etapa, un gran libro: Rostros de la Historia (2000), que consagraba a unos historiadores y unas maneras de hacer historia que, en las décadas anteriores, habían sido menospreciados en España por ciertos mandarines marxistoides. El tiempo le había dado la razón. Ruiz-Domènec combina de forma impecable cuatro componentes que considero básicos para cualquier historiador en nuestros días: curiosidad, erudición, imaginación –imaginación moral o literaria, como la denominan, cada uno a su manera, Carlo Ginzburg y Martha Nussbaum– y narración.

El último libro publicado por José Enrique Ruiz-Domènec tiene por título El sueño de Ulises. El Mediterráneo, de la guerra de Troya a las pateras. Aparece ahora, pero puede considerarse como el resultado de unos esfuerzos documentales y comprensivos a lo largo de casi cuarenta años. Estamos ante una historia de larga duración sobre el Mediterráneo y, más específicamente, sobre su imaginario. Enmarcada por la larga duración braudeliana, existe en ella una decidida voluntad de desentrañar la estructura latente que fundamenta e impregna de razón, como en todas las civilizaciones, la civilización mediterránea. El gran legado del Mediterráneo, que forjó efectivamente Europa, no es otro que lo que Ruiz-Domènec denomina el “sueño de Ulises” –esto es, un viaje de regreso a casa colmado de éxitos–; los resultados de este, agrega, deben ser combinados con los efectos sociales de judaísmo, cristianismo e islam. La apertura al mundo, la lectura de los clásicos y la atención a la historia o bien la diversidad civilizatoria en la civilización, con paz y convulsiones según el caso y el momento, singularizan un espacio vital. El desafío al destino, hoy como en el lejano ayer homérico, está a la orden del día.

Consta la obra de un total de siete capítulos, divididos a la vez en varios apartados. La introducción y el epílogo marcan adecuadamente las bases y las pautas. Las fechas que separan cada uno de los bloques de esta obra resultan tan originales en su elección como bien reflexionadas. 1177 a.c.: colapso y fin de las grandes civilizaciones de la Edad de Bronce, irrupción de los llamados pueblos del mar y ulterior emergencia de las civilizaciones griega y judía. 622 d.c.: ruptura del Mare nostrum, con el definitivo hundimiento del Imperio romano y la llegada de los árabes al Mediterráneo. Entre dichos primeros puntos de inflexión iba a pasarse de los panteones politeístas a unos templos (sinagoga, iglesia, mezquita) de un solo dios. 1291: caída de San Juan de Acre en manos de los mamelucos egipcios. De esta manera terminaban siglos de conquistas y reconquistas, peregrinajes y cruzadas, sin olvidar una auténtica revolución comercial. La cristiandad ya no era, a finales del siglo xiii, el centro del mundo. Empezaba una época representada por los viajes de Marco Polo, la Divina Comedia de Dante, el Decamerón de Boccaccio y el esplendor de la Alhambra.

1396: batalla de Nicópolis, en la que los ejércitos otomanos del sultán Bayaceto se impusieron a caballeros húngaros, valacos y franceses, agrupados alrededor del rey Segismundo de Hungría, por el control estratégico del bajo Danubio. Se abrieron las puertas, en otro orden de cosas, a la belleza mediterránea del Renacimiento y al descubrimiento de nuevos mundos. 1527: saco de Roma. Unas décadas después, en 1571, tuvo lugar un acontecimiento capital en la historia mediterránea: la batalla de Lepanto. “Lepanto hizo más por hundir el Mediterráneo que por sacarlo de su declive. Tal vez porque Europa comenzó a dirigir su mirada hacia el Atlántico”, asegura Ruiz-Domènec. En los siglos modernos se concretó, con el desplazamiento del centro de la economía y con la irrupción de la ética protestante, la escisión perdurable entre el norte y el sur de Europa.

1815: cierre de la aventura napoleónica, Congreso de Viena y preliminares de la creación del Mediterráneo romántico, una suerte de espejo deformado de Oriente. Inaugurado por el romanticismo, el sexto capítulo se cierra con el futurismo. Se trata de un gran momento de fijación de los tópicos todavía en boga sobre la mediterraneidad, desde el color azul de las aguas hasta la famosa dieta de marras. 1948: nacimiento del Estado de Israel. El Mediterráneo de los últimos tres cuartos de centuria está conformado por varios espacios geopolíticos que condicionan, en todo momento, una hipotética unificación tricontinental, en aras de la globalización, de la cuenca marítima. Finalmente, 2020, el hoy del autor y ayer ya para los lectores: pandemia, inestabilidad, refugiados y muchas pateras. ¿Es 2020 un contrapunto contemporáneo de 1177 a.c.? “Hay que volver a medir el Mediterráneo, verlo mentalmente como un acto de creación poética”, propone el autor a guisa de colofón. Regresar, en fin de cuentas, a Ulises.

Fechas, lugares, acontecimientos y procesos están habitados, en todo momento, por personas y personajes. “La voluntad humana se concreta como la única vía de entender la vida”, nos advierte el autor ya en las primeras páginas de El sueño de Ulises. Las consagradas a escritores, artistas y cineastas resultan especialmente logradas: Heródoto, Dante, Ambrogio Lorenzetti, Boccaccio, Brunelleschi, Giorgione, Miguel Ángel, Cervantes, Vivaldi, Giacomo Casanova, Chateaubriand, Rossini, Cézanne, Aristide Maillol –y su preciosa escultura de una mujer, titulada precisamente El Mediterráneo–, D’Ors, D’Annunzio, Camus, Costa-Gavras, Angelopoulos. No se quedan atrás, sin embargo, las protagonizadas por otros grandes personajes de la historia del Mediterráneo: Sócrates, Alejandro Magno, San Agustín, Teodora, Carlomagno, el rey zirí granadino ‘Abd Allâh, Federico II, Marco Polo, Cristóbal Colón, Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán), el papa León X, Carlos V, Napoleón, Mehmet Alí, Ferdinand de Lesseps –el canal de Suez, un hito fundamental–, Nasser. Ambas listas podrían ampliarse a fin de completar una auténtica trama de personajes, “algunos famosos, otros desconocidos, todos, sin embargo, claves para entender el espíritu que anida en las tierras que rodean este mar”.

Tres elementos aportan profundidad al juego de pasados y presentes –y a unos futuros, que, como afirma Ruiz-Domènec, mucho deben al pasado– que sugiere, en todo momento, el libro. Para empezar, la combinación entre referencias literarias, tanto clásicas como contemporáneas, y el cine: La Ilíada y la Troya de Brad Pitt; Mirabilia Rome, de 1520, y La gran belleza de Paolo Sorrentino, con Toni Servillo en el papel protagonista; los Decamerón de Boccaccio y de Pier Paolo Pasolini, o El Gatopardo de Lampedusa y de Luchino Visconti, o la Muerte en Venecia de Thomas Mann y, de nuevo, de Visconti; Zorba el Griego –o Vida y andanzas de Alexis Zorba, en el texto original de Kazantakis– y Los cañones de Navarone, ambos también en novela y en filme; El exilio y el reino, de Albert Camus –o El extranjero–, y La batalla de Argel de Pontecorvo y Los paraguas de CherburgoLa Odisea y La mirada de Ulises, de Theo Angelopoulus, merecen una mención aparte, puesto que indican en el libro un principio y un principio del fin, respectivamente. En segundo lugar, las comparaciones sugerentes y enormes, no tanto en el sentido estructural que otorgara Charles Tilly a esta categoría, sino de puesta en diálogo de situaciones muy distantes en el tiempo y enmarcadas por circunstancias históricas harto dispares. Es lo que acaece al confrontar 1527 y 2001 –el 6m del saco de Roma y el 11s de los atentados en Estados Unidos–, o bien la campaña del rey persa Cosroes II en tierras bizantinas a principios de la segunda década del siglo VII y la Blitzkrieg alemana de 1940. Por último, el manejo de una bibliografía impresionante, extensa –cuarenta páginas–, pertinente y en varias lenguas.

Ante un despliegue tan apabullante y primorosamente combinado de imaginación y erudición resulta difícil señalar puntos débiles. Me atrevo a sugerir, en este sentido, un par de cuestiones que merecerían, en mi opinión, un tratamiento o un análisis más extenso en el libro. De lo último me parecen necesitadas las dos únicas páginas dedicadas a la Segunda Guerra Mundial. No permiten acabar de entender la trascendencia que este conflicto tuvo para las sociedades mediterráneas de una y otra orilla. Ciertamente soy consciente de lo que significa la administración de espacios en un ensayo de tan largo recorrido, pero, aún así, en este aspecto me quedé con hambre, como se dice popularmente en francés o como expresara en el terreno histórico John Lukács (El futuro de la historia). La ausencia de referencias a la guerra franco-prusiana y al conflicto simbólico e intelectual fin-de-siglo entre razas latinas y anglosajonas, decadentes unas y pujantes las otras, en cambio, sí se me antoja algo más problemática. Provocó una división norte-sur en Europa –y en América, entre el norte y el sur del río Bravo– que en algunos aspectos, como los estereotipos y prejuicios, se extiende hasta nuestros días. Estos comentarios no empañan en nada, evidentemente, el enorme libro que nos ofrece José Enrique Ruiz-Domènec, uno de nuestros grandes historiadores, dedicado al mar de la historia: el Mediterráneo. ~


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