En 1951, Octavio Paz se desempeñaba como segundo secretario en la embajada mexicana en París, cargo que ocupaba desde finales de 1945. Para ese momento, acababa de publicar dos de sus libros más importantes, Libertad bajo palabra (1949) y El laberinto de la soledad (1950), y había cultivado venturosas amistades con escritores, artistas e intelectuales tanto franceses como latinoamericanos en el exilio. Paz prosperaba en París y deseaba quedarse allí. Sin embargo, de repente, recibió la noticia de que sería enviado a la India en una nueva misión diplomática. Como explica Indranil Chakravarty en su ameno, fascinante y minuciosamente documentado libro The tree within, las actividades políticas y culturales de Paz en París habían disgustado a sus superiores. A principios de ese año, el escritor se había embarcado en una intensa campaña para promover la ahora clásica película de Luis Buñuel Los olvidados (1950), que había causado molestia entre las autoridades mexicanas debido a su descripción a la vez brutal y poética de la vida en uno de los barrios más pobres de la Ciudad de México. A Paz le encantaba la película de Buñuel, a pesar de la posición oficial que consideraba que presentaba una mala imagen de México. En resumen, su nombramiento en la embajada de la India –un país que había obtenido su independencia apenas unos años atrás– era una forma de castigo. Irónicamente, la India le abrió a Paz las puertas a una de las experiencias culturales más significativas y enriquecedoras de su vida.
El futuro nobel no disfrutó su primera estancia, de muy corta duración: había llegado en diciembre de 1951 y, en mayo del año siguiente, había sido transferido a Tokio. En 1962, sin embargo, Paz emprendió un segundo periodo en la India, esta vez como embajador. Permaneció en el país hasta octubre de 1968, cuando abandonó el cargo como protesta por la masacre de Tlatelolco. Los seis años en la India fueron quizás los más creativos y felices de los que tuviera memoria. No solo escribió una cantidad torrencial de libros, sino que fue en Nueva Delhi donde conoció y se casó con su segunda esposa, Marie-José Tramini, “el punto de inflexión de su vida emocional”, en palabras de Chakravarty. Pasó meses viajando por toda la India y visitando los países vecinos. Cultivó asimismo un diálogo extraordinariamente fructífero con artistas, escritores, intelectuales y políticos de la India y se sumergió en su rica y compleja cultura e historia. Tuvo un éxito inigualable a la hora de tender un puente entre la India y México (y, en un sentido más amplio, América Latina). Fue finalmente una etapa que el propio Paz describió como “un segundo nacimiento”.
The tree within es una biografía exhaustiva que abarca toda la vida del poeta, no obstante, su principal aportación estriba en los capítulos dedicados a esas dos estancias en la India. Chakravarty ofrece nueva e interesante información sobre las actividades de Paz en el país, la huella de la India en su pensamiento y obra, y sus interpretaciones de la cultura, religión e historia indias. Entre los muchos episodios fascinantes que da cuenta este libro se encuentra el del pintor indio Satish Gujral, que recibió una beca para estudiar en México, en gran parte gracias a Paz, un gesto por el que el artista le quedó eternamente agradecido. Como diplomático, el autor de Ladera este desempeñó un papel significativo en la resolución de la crisis de Goa, que terminó cuando la colonia portuguesa volvió a manos de la India a principios de la década de 1960. Promovió asimismo el diálogo entre México y la India a través de importantes intercambios culturales. Además de Gujral, Paz hizo amistad con otras figuras de primer nivel, como el pintor Jagdish Swaminathan, los novelistas Santha Rama Rau y Nirad C. Chaudhuri, y el editor de periódicos Sham Lal. Cabe destacar que Paz contaba entre sus cercanos a la primera ministra Indira Gandhi y que recibió en Nueva Delhi a escritores como Julio Cortázar y Severo Sarduy, en cuya visión de la India influyó de manera notable. Según Chakravarty, Paz llegó incluso a hacer amigos entre el personal de la embajada mexicana.
El poeta mostró un profundo interés por las diferentes culturas a lo largo de su vida, y era un firme creyente de la naturaleza plural de las culturas del mundo. En pocas palabras, había llegado a la India deseoso de aprender y con una mente abierta. Habló de las literaturas del subcontinente con elocuencia y perspicacia, y escribió páginas brillantes en las que describía algunos de los monumentos y obras de arte más importantes del país. Se sintió especialmente atraído por el tantra, que consideraba, según explica Chakravarty, “no solo una disciplina espiritual, sino una forma profunda de comprender la relación entre lo material y lo metafísico, lo individual y lo universal”. Desde una perspectiva más general, Paz identificó en las tradiciones culturales, filosóficas y espirituales de la India una alternativa a algunos de los callejones sin salida en los que se encontraba la cultura occidental. Le gustaba recalcar que en la India existía una tendencia a disolver las oposiciones binarias en las que se basaba el pensamiento de Occidente. Como explicó en numerosas ocasiones, Occidente exploraba la realidad en términos de “esto o aquello”, mientras que en la India siempre se trataba de “esto y aquello”. Estas ideas lo cautivaron desde un punto de vista filosófico y fueron la base de gran parte de su poesía de este periodo.
Chakravarty muestra pasión por su tema y habla con admiración del amor de Paz por la India. Sin embargo, esto no le impide señalar los errores puntuales del poeta mexicano, por ejemplo, que la visión que Paz tenía sobre la India había pasado, en buena medida, por el filtro de los autores europeos. En otros momentos, el autor le recrimina algunas de sus interpretaciones distorsionadas de las prácticas religiosas indias y dedica varias páginas incisivas a analizar una conversación de 1984 entre Paz y el erudito indo-catalán Raimon Panikkar, especialista en religiones del mundo. En aquel diálogo organizado para la televisión mexicana, el poeta había interrumpido en distintas ocasiones a Panikkar y lo había tratado con desdén, a pesar de que las ideas de Panikkar sobre las tradiciones religiosas de la India eran, en opinión de Chakravarty, más matizadas que las de Paz. Chakravarty podría haber añadido que Panikkar tenía una visión mucho más actualizada de la sociedad india: sus señalamientos sobre el lugar preponderante que, en la década de 1980, ocupaba la India en la formación de ingenieros presentaba una dimensión del desarrollo del país que no correspondía con el énfasis que Paz le otorgaba como depósito de valores espirituales. Chakravarty concluye acertadamente esta sección con una invitación al lector para que “desconfíe de Paz cada que haga afirmaciones categóricas”.
The tree within ofrece un enfoque detallado y exhaustivo, no obstante es casi imposible dejar pasar una importante omisión. Vislumbres de la India (1995), aquella mezcla de memoria y ensayo que significativamente terminó siendo el último libro de Paz, incluye una extensa discusión sobre el impacto de la conquista británica en la India. El nobel ofrece una valoración sorprendentemente optimista de la contribución británica al surgimiento de la India como nación moderna. Aunque simpatiza sin vacilar con la lucha india por su independencia y, a menudo, echa mano de su conocimiento de la India para criticar aspectos de la cultura occidental, en particular su excesivo individualismo, también sugiere que los británicos aportaron elementos de gran valor al país que colonizaron, incluidos los principios de democracia y nacionalidad. Paz creía que la empresa imperialista británica había contribuido a su propia ruina cuando inculcó en sus súbditos indios valores que los prepararon para derrocar su dominio. Chakravarty no comenta esta faceta del pensamiento de Paz. A este lector, por lo menos, le habría encantado saber su opinión a ese respecto.
En definitiva, The tree within es un libro excepcional y una lectura indispensable para cualquiera que esté interesado en Paz o en la poco explorada historia de las relaciones entre la India y México. ~
Traducción del inglés de Eduardo Huchín Sosa.
Publicado originalmente en Latin American Literature Today.