Fantasmalia

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Es la hora en que el cuadro se trastoca.
Cuencas huecas bajo una frente aviesa
adivinan las sombras de la pieza
(yo una de ellas) y una cara sin boca,

emisaria de esperpénticos dones,
gesticula provocando un sismo
(que acaba con todo romanticismo)
y desdibuja aquellos farellones.

En su cuello fatal nacen cipreses
(son lanzas de otro lienzo, un Uccello)
y abajo ábrense negros remolinos

como un manto de hormigas en mi pelo.
Sobre el filo de un grito me encamino
hacia el pérfido mar (en que anocheces). ~

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