La gracia de estar aquí

AÑADIR A FAVORITOS

Juan Bonilla

Horizonte de sucesos

Sevilla, Renacimiento, 2021, 136 pp.

A partir de una reflexión del científico Manuel Lozano Leyva relacionada con la radiación de Hawking, Juan Bonilla ofrece una posible definición de poesía: lo que ocurre cuando las partículas que logran escapar de uno se encuentran con la materia cercana –los otros–, dando lugar a una nueva radiación. Por supuesto, ver poesía en el borde del horizonte de sucesos de un agujero negro es algo muy particular, o, como dice el autor en la introducción del libro, una exageración suya; pero es esta singularidad, esta capacidad de ver poesía donde nadie suele verla, la que hace que sus libros brillen.

A estas alturas, hablar de Juan Bonilla es hablar de una poética, una poética muy reconocible, que está presente en todos sus libros, del primero al último, independientemente del género al que los adscribamos. Dado que hay poesía en sus relatos, en sus novelas, incluso en sus artículos, y narrativa en sus poemas, las divisiones rígidas entre géneros no tienen aquí mucho sentido (si es que lo tienen en alguna parte). Tampoco lo tiene levantar fronteras entre sus colecciones de poemas, ya que pueden entenderse como partes de una obra en constante proceso de reescritura. Así, en este Horizonte de sucesos se incluyen cuatro poemas que ya habían aparecido en Hecho en falta porque el autor los considera parte del mismo libro en marcha. Igualmente, aunque en este caso con diversas variaciones, se recoge un poema, “Hoguera”, que el autor “prestó” a Nahui Olin para Totalidad sexual del cosmos, su excepcional, y muy poética, última novela.

El melancólico pájaro que comía corazones vuelve a aparecer de nuevo; en esta ocasión, instalado en el corazón del narrador del magnífico relato que abre este libro de poemas. Partiendo de un conocido texto de Borges incluido en el epílogo de El hacedor, el narrador va ubicando en Google Maps los lugares que, para bien o para mal, han marcado su vida. Después, a través de una herramienta de la aplicación, va uniendo los puntos para ver qué retrato le sale. Algunos detalles, como la mención a Rafael Cansinos Assens o los versos de Lorca que le golpearon siendo un estudiante de bachillerato, resultarán familiares a sus lectores. También son viejos conocidos algunos escenarios, como el ghat de Manikarnika, en Benarés, cerca del río Ganges, donde una anciana pronunciaba, tal vez, los nombres de los muertos. A ellos se van sumando nuevos lugares que van añadiendo nuevos rasgos a ese “retrato del artista adolescente” que el autor empezó a trazar en sus primeros libros.

Los poemas aparecen divididos en cinco secciones y un epitafio. La sección tercera, por ejemplo, contiene un puñado de buenos poemas sobre la pasión amorosa, entre los que destaca el excelente “Hoguera”: “Fuimos dos piedras/ que un dios inimputable/ golpeaba una y otra vez/ en pos de una chispa de fuego.” La sección “Punta Umbría” recoge una serie de poemas dedicados a distintos momentos de un mismo día; y en la de “Letras” se atreve a poner letra a melodías que van desde Georges Brassens al reaggeton de Residente.

En alguna ocasión, el autor ha establecido un paralelismo entre la poesía y las matemáticas. Como estas, la poesía trataría de representar lo visible, y decir lo indecible, de la forma más económica posible. Visto desde este ángulo, a la poesía habría que exigirle exactitud en su formulación. También que tratase de despejar las incógnitas de nuestra existencia. Una de esas incógnitas es el alma, protagonista de algunos de los versos más destacables del libro. En “El alma fuera” se rebate al “buen Empédocles”, quien al enraizar “el alma a las entrañas de los cuerpos:/ no reparó en que si a las almas solo/ la muerte de los cuerpos las creaba,/ estaba, con el alma,/ metiéndonos la muerte dentro”. Es difícil plantear algo tan complejo de una forma más exacta.

El yo es otra de las piezas clave del rompecabezas que somos, y un tema recurrente en la obra del jerezano. Sabíamos desde Rimbaud que “yo es otro” –además del título de un poema incluido en Cháchara–, pero tal vez sea más correcto decir que yo somos otros. Esta es la idea que subyace en “Identidad”: “estoy lleno de gente/ soy tantos que no sé quién ya no soy”. También está muy presente el paso del tiempo, que causa estragos en nosotros sin que nos demos cuenta, como ocurre en los domingos del magnífico “Adolescencia”: “Domingo. Envejecemos/ a gran velocidad en horas lentas”. Frente a su inexorable avance, nos propone “Vivir adrede haciendo tiempo/ mientras el tiempo adrede nos deshace”, tal vez una nueva formulación de unos versos que aparecían en Cháchara y en uno de los cuentos de Una manada de ñus (“Hacer tiempo si es que es posible que el tiempo se haga,/ si no es vivir precisamente deshacerse en tiempo”).

Como contrapunto, se incluyen algunos poemas más ligeros –no hay que olvidar que el escritor tiene muy presente que grave es tumba en inglés–. No faltan los habituales juegos de palabras (“Cero o no ser,/ como dijo el poeta”), los golpes de ingenio (“Keats, gran poeta de pueblo/ cuya suerte fue que su pueblo era Londres”) y los jugueteos con versos de otros (el quevediano “Soy un fue, y un será, y un es cansado” se transforma en “Soy un fue, un no será, un ex cansado”). Siempre hay en Bonilla cierta tendencia a desacralizar la poesía, y es que no olvida que con frecuencia la poesía y la realidad siguen caminos muy distintos. Como cuenta en “Periódico”, “no se cansan de cantar la belleza del mundo los poetas”… mientras las noticias muestran que el mundo es de todo menos bello.

Creo que fue Julio Hubard el que dijo que la poesía es el acto de ser y de existir, y aunque la frase puede entenderse de distintas maneras, este fantástico libro me parece un buen ejemplo de ello, pues es una celebración de todo lo que, en contra de todo pronóstico, existe, como esas partículas que surgen espontáneamente del vacío y logran escapar de él. O como nosotros mismos. En Horizonte de sucesos se habla del alma, del (sin)sentido de la vida, de la erosión del tiempo; pese a ello, después de leerlo me he sentido más viva, o, parafraseando a Bonilla, más capaz de encontrarle la gracia al hecho de estar aquí. ~