Fotografía: Ateneo Español

La prensa desde el margen

A menudo ignoradas por la historia literaria, las escritoras del exilio enfrentaron obstáculos para desempeñarse en el campo cultural. No obstante, desde el periodismo y la escritura íntima, confrontaron los prejuicios de su tiempo y dejaron plasmado un testimonio elocuente de aquellos días aciagos.
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Una historia literaria alternativa

Si las dinámicas centro-margen que construyen la historia literaria parecen, en ocasiones, infranqueables, estas pueden agudizarse aún más en el caso de las mujeres, sobre todo cuando ellas ejercen géneros tradicionalmente cuestionables o poco normativos como el testimonio, el reportaje o la crónica. Quizá por eso, los estudios acerca del exilio republicano español tardaron mucho en poner en la mira la valiosa participación de las escritoras en el periodismo.

La inclusión de las periodistas en la historia intelectual es un largo proceso que ha pasado por distintas estaciones y abarcado varias décadas. El principal obstáculo se encuentra en que los textos creados por exiliados se mueven en realidades de fronteras fluctuantes y culturalmente difíciles de determinar. Como ha anotado el crítico Ignacio Soldevila en Historia de la novela española (1936-2000): la incorporación de los autores exiliados en manuales durante los primeros veinticinco años del franquismo era escasa y se mencionaban desde el desconocimiento, pues “se limitaban a poner de relieve la obra anterior al comienzo de la guerra civil. Véanse, como ejemplos, los manuales de Ángel Valbuena Prat (1968) o José María Castro Calvo (1967), ambos catedráticos universitarios”.

La categoría literatura del exilio como entidad aparte e independiente empezó a consolidarse y se unió a la creación de una lista de autores que se reiteraba en los estudios posteriores. Esta reincidencia robusteció un canon que apuntaló el tomo VIII de la Historia crítica de la literatura española (1984), en el que se estudiaba con detalle a Ayala, Sender, Aub y Andújar, y que solo mencionaba a Airó, Carrasquer, Masip, Otaola, Serrano Poncela, Granell y Chabás y, en el conjunto de mujeres, a Chacel, Carnés, Carreño, Guilarte, León y Mistral. Este texto sirvió de fuente a manuales dirigidos a diferentes niveles escolares. A partir de este momento, la aparición de algunos exiliados en las historias de la literatura se hizo más frecuente y aumentó su valor simbólico, ya que los manuales no solo difunden la existencia de un autor y un texto, sino que lo popularizan.

Fue hasta el final de la década de los ochenta cuando se emprendieron proyectos con el objetivo particular de excavar en los pantanos del pasado y sacar a la luz los movimientos de mujeres y su trabajo en la resistencia. Así se publicaron los testimonios de activistas como Nieves Castro y Consuelo García, pero fue hasta los años noventa que la atención se centró en la obra de las intelectuales del exilio.

Parte esencial de este proceso es el surgimiento del Grupo de Estudios del Exilio Literario (Gexel) de la Universidad Autónoma de Barcelona en 1993. En su página explica que “se plantea como tarea prioritaria y urgente la reconstrucción de la memoria histórica, cultural y literaria del exilio español de 1939, tarea de evidentes implicaciones éticas y políticas”. A partir de este esfuerzo arranca una labor de recuperación gradual y progresiva. Algunas de sus ramas se fueron fortaleciendo, pero otras seguían siendo auténticos campos inexplorados, como el estudio de las escritoras, y más de las que habían trabajado en la prensa, que se relegó al último cajón. Entre los muchos factores que provocaron la ausencia de las periodistas en la historia de la literatura se pueden enumerar: el sesgo de género –la escritura femenina se consideraba de menor calidad–; el periodismo se juzgaba una labor incidental –secundaria al trabajo de ficción– y la dificultad para acceder a los textos. Es más, esta recuperación se emprendió mayoritariamente hacia el principio del siglo XXI, veinticinco años después de la muerte de Franco y del fin de la dictadura. Las primeras en ser conocidas fueron las exiliadas cercanas a grupos ya canónicos como Rosa Chacel, Concha Méndez, María Zambrano, Ernestina de Champourcín o María Teresa León (vinculadas a los poetas del 27). A los que se sumaron las activistas y políticas que habían desempeñado papeles relevantes durante la República, como Federica Montseny, Clara Campoamor e Isabel Oyarzábal. Al ser identificado un grupo se les nombró la otra generación del 27 o las sinsombrero, porque fueron mujeres que transgredieron las normativas sociales, rechazaron el sombrero y desafiaron la autoridad. Existía, así, una conciencia de género que condujo a estas intelectuales a demandar derechos y a utilizar las publicaciones periódicas como foro.

Las mujeres en la discusión pública

En el comienzo del siglo XX, el perfil del intelectual se definió al convertirse en figura pública habilitada para exigir demandas y derechos en los medios periódicos. A las intelectuales, la prensa les permitió acceder al espacio público, no solo al acercarse a sus lectores, sino que, al ser reporteras, salieron a la calle, en principio vedada a las mujeres. La calle pertenecía a sectores de mujeres repudiadas o menospreciadas por la sociedad: prostitutas, obreras, viudas o institutrices.

Entre las principales periodistas de preguerra destacaron Magda Donato, seudónimo de Carmen Eva Nelken, Matilde Muñoz, Josefina Carabias y Luisa Carnés. Aunque también cabe mencionar a las intelectuales que tuvieron una presencia constante en los medios periódicos como Carmen de Burgos, Silvia Mistral, Margarita Nelken, Concha Méndez, Mercedes Pinto y María Teresa León, por citar algunas. Estas escritoras atestiguaron en sus artículos el nuevo perfil femenino. Trazaron un retrato sobre las nuevas mujeres, que intentaban superar una tradición fuertemente arraigada y dejaron atrás el añejo papel de ángel del hogar, de esposa y madre, para revelar el surgimiento de la mujer moderna, independiente, autónoma y liberada sexualmente. Esto reflejaba una de las disyuntivas claves del periodo: el enfrentamiento entre tradición y modernidad a raíz del cambio político, que generaba también una transformación social. Estas intelectuales representan una perspectiva más de los muchos proyectos que constituyen la modernidad republicana. Proyecto que el exilio fractura.

Durante la guerra, varios intelectuales justificaron su actuación en la retaguardia con el trabajo realizado con la pluma y, con este argumento, varias mujeres periodistas afianzaron su actividad en las publicaciones periódicas coordinadas por el Frente Popular. Carnés, Nelken y Donato publicaron múltiples artículos, entrevistas, crónicas y reportajes en la revista Estampa, que había sido expropiada en cuanto se desató el conflicto armado. En estos textos refirieron tanto los pormenores de la guerra como las transformaciones del rol femenino: las nuevas profesiones, las mudanzas de los modos de vida o las conductas que se consideraban adelantadas de las mujeres. No obstante, las tareas efectuadas por las mujeres en la retaguardia se justificaban porque implicaban el papel tradicional de la madre, como la confección de vestidos y uniformes, la sanidad, las actividades de abastecimiento y el cuidado de heridos, ancianos y niños. En el artículo “Nuestras compañeras de Barcelona”, publicado en Mundo Obrero, Nelken elogiaba este rol: “como solo vosotras sabéis que a veces, para que no les faltara ese calor de hogar, respondisteis a esa solicitud maternal de los compañeros; para que hubiera pan cuando ya no había, o toallas limpias para que se refrescaran lavándose los que no tenían ya noción del tiempo ni del escozor de la piel abrasada por el cansancio; solo vosotras sabéis que a veces, sin decirlo y sin que nadie sospechara, os jugasteis la vida”. La misma autora, en un artículo aparecido en Frente Rojo, destacaba la numerosa participación femenina en la retaguardia y concluía: “Tal vez sea, esta transformación de nuestras mujeres, una de las características de esta guerra que más convenga subrayar.”

Estas intelectuales entienden la nota periodística como documento histórico. De ahí que el testimonio se convierta en una poética que se traslada a sus creaciones de ficción. Como Carnés lo hace en Tea rooms (1934), subtitulada novela reportaje. De esta forma, los textos periodísticos se convierten en herramientas que documentan la obra de estas autoras preocupadas por revelar la realidad social y política.

Al concluir el conflicto bélico, estas periodistas continuaron desarrollando su actividad en publicaciones periódicas de los lugares de exilio. Las revistas fundadas por exiliados, como Romance, Ultramar o Las Españas, ayudaron a renovar el panorama cultural local, ya que bajo su influencia se conformaron más tarde los primeros suplementos culturales, los cuales dieron espacio a escritores e ilustradores, nuevos y consagrados, mexicanos y españoles. No se trataba solo de mantener activa una vocación, sino de salir adelante ante la necesidad económica. Ello también las motivó a colaborar en las publicaciones mexicanas como Taller, Rueca, Cuadernos Americanos o La Espiga y el Laurel. A diferencia de los intelectuales masculinos que fueron aceptados con rapidez y soltura, las mujeres periodistas se enfrentaron a la resistencia del entorno. La participación de Nelken en la prensa mexicana se fue restringiendo con el transcurso del tiempo hasta constreñirse a la crítica de arte. Mientras que su hermana, Magda Donato, se concentró en la literatura infantil y dejó de lado el trabajo de reportera; a pesar de que, antes de la guerra, había publicado numerosos reportajes, incluso de inmersión, en los que se hacía pasar por una empleada para documentar el trabajo en un hotel o por una paciente para mostrar la cotidianidad de un hospital psiquiátrico. Tanto Mercedes Pinto como Luisa Carnés desarrollaron una importante labor en la prensa de sociales, también llamada del corazón. Este desplazamiento respondía a una sociedad que se negaba a abrir los espacios públicos a las mujeres y a aceptarlas como poseedoras de opinión.

Ciertamente, en el México de los años cincuenta, la mayoría de las periodistas eran relegadas a secciones de mínimo alcance. De esta manera, Mercedes Pinto mantuvo durante años una columna en la que resolvía dudas y preguntas con el seudónimo Sor Suplicio, con él alcanzó tal fama que fue invitada a participar cada semana en el programa de Manolo Fábregas en el canal 13. En la necrológica de Pinto, aparecida el 27 de octubre de 1976 en El Universal, definían su labor: “daba consejos, no de cura o de líder, sino de mujer experimentada que era”. Del mismo modo, los artículos de una periodista de experiencia como Carnés se encontraron junto a notas como el Buzón Sentimental a cargo de María Antonieta, en el popular diario La Prensa. Un ejemplo es el texto, publicado en ese medio, titulado “¿Con medias o sin ellas?”. Esta pregunta surgía frente a las dificultades de las mujeres para conseguir pantimedias en 1943, cuando la guerra mundial provocaba la escasez de diversos productos. Carnés, en la mejor línea reporteril que había aprendido en Estampa, salió a las calles mexicanas a preguntar la opinión de los ciudadanos. Mientras las mujeres consideraban las medias dispensables porque se podían sustituir por la raya que se pintaba a lo largo de la pantorrilla –y que, de acuerdo con Carnés, constituía una práctica habitual–; para los hombres, las piernas desnudas perdían elegancia. El reconocido actor David Silva respondió: “Las medias son el mayor aliciente para el amor, y ellas suponen la parte más afectiva del gancho con que nos pescan las señoras.” A partir de estos testimonios la autora concluyó que las medias creaban un conflicto entre economía y exigencia masculina. En estos artículos, Carnés filtró las críticas a la misma sociedad que notificaba. Sus temas solían dirigirse a un público femenino identificado con el ama de casa, hablaban de maquillajes, vestidos y organización del gasto. Por su parte, Pinto, además de escribir en las secciones dedicadas a las mujeres, en sus muchas columnas, publicadas en México, Chile, Uruguay, Argentina y Cuba, realizó una crítica frontal a la situación femenina.

Con el tiempo, Carnés se convirtió en la redactora principal de esta sección y este trabajo fue su ingreso más importante desde marzo de 1943 hasta 1961. A la escritora y crítica mexicana María Elvira Bermúdez no dejaba de asombrarle que una novelista de talento como Luisa Carnés tuviera que ganarse el pan en el periodismo más popular y rudimentario, pero claramente en esa circunstancia no contaba con demasiadas alternativas. De hecho, Carnés compartió área de trabajo en La Prensa con Magdalena Mondragón, periodista y escritora mexicana, encargada de editar la sección de noticias policíacas (robos, secuestros, atracos, etc.), que se desempeñó como la primera directora de un diario en México. Ambas fueron reporteras pioneras, que lograron encargarse de secciones completas. Otras periodistas que padecieron situaciones similares fueron Esperanza Velázquez, Adelina Zendejas, Elvira Vargas, Rosa Castro, María Luisa Ocampo y Rosario Sansores. Esta escritora sufrió la misma marginación que Carnés y, aunque también era poeta, solo fue aceptada como periodista en las secciones de sociales del diario Hoy y del Novedades, donde publicó la columna “Rutas de emoción” acerca de las clases altas y medias en el México de los años cincuenta. Su poesía, de hecho, solía ser calificada de cursi. La estudiosa Rosa María Valles Ruiz ha señalado que, en los años sesenta en México, las mujeres consiguieron “pasar de las secciones sociales a las culturales”, pero eso no significó que pudieran hablar de política, que siguió vedada hasta finales de la década.

A pesar de estas restricciones, las intelectuales del exilio español mostraron las sociedades en las que vivían y sumaron esfuerzos para transformar el papel social y político de las mujeres en Latinoamérica. Así, dialogaron no solo con sus contemporáneas, sino con una tradición narrativa femenina precedente rastreable en sus artículos, crónicas y reseñas. Con su labor, abrieron el camino para fundar las bases de las creadoras del futuro. ~


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