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El teatro enfrenta la complejidad ética y técnica de enunciar la realidad de distintas maneras, ya sea desde las tendencias del teatro documental y sus variantes o la ficción renovada en la influencia de los clásicos. Dada la emergencia para pensar con y desde la feminidad que recorre calles, monumentos y pasillos en este momento, la cartelera teatral aborda el cuerpo y las preocupaciones de la mujer como una forma de confrontar las posibilidades de lo personal y lo político a través del escenario. Las siguientes propuestas presentadas hacia el final de 2019 y en el primer trimestre de 2020 dan cuenta de distintas aproximaciones que provienen directamente de la realidad o se erigen en la ficción para conformar un imaginario escénico que busca establecer un diálogo directo con el espectador, independientemente de cuál sea su género.

Arqueología de un encuentro

En Cabezas flotantes. Arqueología sobre un encuentro, Carmen Ramos incide en un territorio común dentro de la escena actual, en donde la actriz alejada de la máscara y el personaje aborda el testimonio individual para configurar un ejercicio en el que la memoria teje los afectos personales y la carga que ocupan los espacios dentro de la experiencia humana. A contracorriente del simulacro que imponen las redes sociales, Ramos fundamenta su espectáculo en una investigación sobre la amistad, a través del recuerdo de Sandra, aquella amiga de la infancia que se evoca como un punto de referencia por las experiencias compartidas. Centrados en la presencia y capacidades del intérprete, así como en la austeridad de recursos, los espectáculos de semejante naturaleza son un territorio riesgoso, ya que suelen caer en la zanja de lo autorreferencial. Ramos evade este obstáculo con gran empeño no solo por ser una artista escénica consolidada, sino por su interés en ampliar el espectro de su “investigación escénica” hacia una especie de ensayo que aborda desde su dimensión sociológica los espacios que ocupan los niños y las niñas durante el recreo, aquellos donde se esconden, juegan y construyen su identidad.

Presentada en la Sala Novo hasta diciembre del 2019, Cabezas flotantes poseía la extraña cualidad de conectar la subjetividad de la actriz con la experiencia de los espectadores, estableciendo dentro del teatro un espacio inesperado para la memoria colectiva.

El coro de las mujeres

Conformado a partir de una convocatoria lanzada por Diana Magallón y Mari Carmen Ruiz, de Vaca 35 Teatro en Grupo, el proyecto Mujeres pretende responder a la pregunta: “¿Qué es lo que está atravesando mi cuerpo hoy?” Las trece actrices que participan en la puesta exponen a través de viñetas escénicas las muchas facetas que componen el debate constante de la mujer con su propio cuerpo a nivel íntimo y social. La obra se desarrolla en un continuo que sostiene el drama desde el apoyo musical en vivo de la dj Chingona Sound, balanceando un equilibrio que trastoca con la risa y la revelación dolorosa una buena parte de los estereotipos imputados a la mujer por nuestra cultura. El cuerpo de las presentes se toma como bastión para rebatir la entelequia de un ideal corporal, la maternidad, el derecho al deseo y la libertad sexual, así como la violencia de género. Como toda propuesta conformada por una colectividad, algunas historias funcionan mejor que otras, ya que el reto de la brevedad y lo conciso se impone como una exigencia para sostener la multiplicidad de relatos.

Con presentaciones itinerantes en el auditorio del MUAC-UNAM y en el Foro Experimental Black Box del Centro Nacional de las Artes, la conexión entre el público y el proyecto Mujeres recordó el concepto de empatía que enunció Judith Butler en su última visita a México: no concebirla como un ejercicio de afinidad sino como un desbalance al que uno se entrega para entender al otro. Consciente de su cualidad fragmentaria e inconclusa, la obra acaba en una invitación de las intérpretes a los espectadores para bailar con ellas en un gesto de celebración y goce que también cumple con reinsertarlos en la dura realidad que les espera afuera.

El teatro como un acto de resiliencia

En Moscú, Aurora Cano escribe y dirige una obra que tiene como trasfondo la representación de Las tres hermanas de Chéjov para centrarse en el conflicto de las mujeres que se encuentran detrás de los personajes, en tanto se cuestionan si sus anhelos y aspiraciones personales pueden ir de la mano del arduo oficio que implica hacer teatro en México. Cano construye un universo atractivo y frenético en el que los personajes parecen estar hechos en el reflejo esperpéntico de los roles asumidos por cada una de las hermanas, interpretadas por el trío excepcional que conforman Carmen Mastache, Teté Espinoza y Tamara Vallarta. A través de un ejercicio de escarnio que hace reír a propios y extraños, se ventilan entre telones el nulo interés que puede representar el teatro para el público y las dificultades para sobrellevar una subsistencia promedio dentro de la profesión, así como los conflictos comunes a toda mujer como cuidar a un padre enfermo, cuestionarse la maternidad o gozar de su libertad sexual sin prejuicios. Ambas líneas desarrollan una trama que vincula a las hermanas del inicio del siglo XX con las del XXI en una doble ficción que posee un buen balance al transmitir temas diversos en voz de los personajes, pero falla particularmente hacia el final al prolongar su ingenio y rozar con una didáctica que subraya innecesariamente y excede la temática de la obra. Como las hermanas, estas actrices se plantean la disyuntiva de permanecer en la intensa lucha que impone el oficio teatral o de ceder ante la tentación de huir hacia otra parte, urdiendo un claro eco a la melancolía y desesperanza del original ante un futuro que parece poco promisorio dentro y fuera de la ficción.

A lo largo de su temporada en el Teatro El Galeón del Centro Cultural del Bosque, Moscú resultó en suma un interesante juego de espejos que nos enfrentó a la pertinencia del teatro en este tiempo de crisis y descomposición. ~