No deja de sorprenderme la imagen de Trump celebrada por John Gray con ánimo, más que descriptivo, cínico. En una de sus columnas, el exliberal traza un retrato fantástico del presidente norteamericano dinamitando el orden occidental de la pos-Guerra Fría “montado en su carrito de golf, como un nuevo Napoleón en la batalla de Jena-Auerstedt”. Tras la agudeza, cabe suponer el estallido de algunas carcajadas: “considerarlo un mero taumaturgo político, un hechicero de las redes sociales, es subestimar su relevancia histórica. Si así fuera, sería una anomalía, como les gustaría creer a los liberales. Pero seis meses después de su segunda investidura, no hay vuelta atrás al mundo previo a su llegada” (“Trump in the wilderness”, The New Statesman, 30 de julio de 2025). Un año antes, en una conversación con Peter Thiel publicada por el mismo diario, el patrocinador tecnológico de Trump ya le había adelantado a Gray el mismo diagnóstico: “Tengo la impresión de que Tony Blair se encuentra atado a un pasado muy extraño que, evidentemente, ya no funciona. Es obvio que no podemos volver al tipo de globalización que él representaba, aunque nadie lo reconoce abiertamente.”
Las anécdotas tienen que ver con el libro Donald Trump y la rebelión en la granja. La ideología política detrás de la “nueva derecha” norteamericana, de Ángel Jaramillo Torres. En estas páginas, el fundador de PayPal y Palantir es una figura de primer orden, al lado de otros ejemplares de la nueva derecha norteamericana como Steve Bannon, Curtis Yarvin, Nick Land, Patrick J. Deneen, Harry Jaffa, Michael Anton, etc., sobre los que Ángel Jaramillo traza una genealogía intelectual. Y es que, pese al aparente contrasentido tratándose de Trump y su círculo anti-intelectual, Ángel Jaramillo cree –como decía Richard M. Weaver–que las ideas siempre tienen consecuencias.
Antes de este volumen, Jaramillo editó junto con Marc Sable un libro precursor en el análisis del fenómeno: Trump and political philosophy (2018). Título con el raro mérito de haber sido reseñado casi inmediatamente por Michael Anton en las páginas de Claremont Review of Books. En efecto, Michael Anton, funcionario de seguridad nacional y de políticas públicas del gobierno de Trump en mandatos respectivos; quien bajo el seudónimo de Publius Decius Mus había escrito “The flight 93 election”, un ensayo que se viralizó en los meses previos a la elección de 2016 y al que Mark Lilla no dudó en calificar como un “artículo en línea absolutamente desquiciado”.
Donald Trump y la rebelión en la granja forma parte de la avalancha de libros, artículos y ensayos que, tras las elecciones norteamericanas de 2016, se han multiplicado para explicar el momento desde los ángulos más dispares. En ese espectro, distingo tres líneas generales, la de una izquierda académica (crecientemente radical) horrorizada ante la Nueva Derecha global; un frente liberal, circunspecto y ensimismado; más la propia Nueva Derecha no solo normalizada, sino triunfante y desafiante. Naturalmente, la primera es la más prolífica, con autores como Tariq Ali, Naomi Klein, Quinn Slobodian o Enzo Traverso, cuyos títulos reciben reconocimiento y crean escuelas. Tras la publicación de Globalists. The end of empire and the birth of neoliberalism y Hayek’s bastards, por ejemplo, Slobodian recibió el National Book Critics Circle Award for Criticism en 2025. Por su parte, Traverso es una eminencia apapachada entre la izquierda académica latinoamericana y su libro Las nuevas caras de la derecha (2025) comparte con Slobodian la idea de que la extrema derecha populista (un adjetivo que enoja a Traverso) no es una ruptura con la larga noche neoliberal, sino su previsible culminación. Tanto para Traverso como para uno de sus émulos, Pablo Stefanoni, la amenaza que se cierne hoy mismo sobre Occidente es la variante más perniciosa que cualquier otra de la derecha posmoderna: su mutación fascista. De hecho, en su reciente libro, Un fantasma recorre el mundo (2026), Stefanoni aporrea las alarmas enumerando los nuevos rasgos del engendro, entre los que destaca, increíblemente, un “fascismo con sello kosher”.
A veces los bestiarios hablan más de quien los traza que de la realidad que pretenden ilustrar. No es el caso de Jaramillo. Su caracterización de los extremismos ideológicos del trumpismo es gráfica antes que prescriptiva o una caricatura –aunque el material se preste–. Y si tuviera que delimitar la ascendencia de Donald Trump y la rebelión en la granja diría que, en sus párrafos reflexivos, aspira a cierto liberalismo crítico como los retratos intelectuales de The shipwrecked mind. On political reaction (2016), de Mark Lilla, coordinado con panoramas ideológicos al estilo de Carlos Lozada, columnista de The Washington Post y de The New York Times, quien cometió la hazaña de leer “todos” los libros sobre Trump antes de escribir What were we thinking. A brief intellectual history of the Trump era (2020).
La estructura de Donald Trump y la rebelión en la granja se compone de dos amplias secciones: la primera con los perfiles intelectuales de figuras que Jaramillo estima necesarias para entender a Trump y su movimiento: Peter Thiel, Steve Bannon y Curtis Yarvin; en la segunda el autor analiza con detalle las corrientes de pensamiento que vertebran el trumpismo: la corriente straussiana de la Escuela de Claremont (con Harry Jaffa y Michael Anton), el posliberalismo católico encabezado por ideólogos como Patrick J. Deneen, más el NatCon, un nacionalismo cristiano con figuras politicorreligiosas enfocadas en la soberanía nacional, el proteccionismo y el antiglobalismo. De este entramado, las páginas más sugerentes corresponden a la Escuela de Claremont, examinando el magisterio de Leo Strauss sobre Harry Jaffa y de este sobre las subsiguientes generaciones del Claremont Institute, hasta llegar a Michael Anton. Sin duda, esta particularidad se explica no solo porque la tesis doctoral de Ángel Jaramillo fue sobre Strauss y por el hecho, ya lo dijimos, de que Michael Anton reseñó el primer libro de Jaramillo. La importancia de Anton es mayor que la de un oportuno pero limitado referente intelectual. Es un ideólogo clave en el Consejo de Seguridad Nacional y, junto con Stephen Miller, responsable directo de la política migratoria norteamericana –como sabemos, una de las más severas y agresivas en la historia norteamericana moderna.
El capítulo sobre Donald Trump como estratega empresarial es quizá el que menos entusiasmo puede despertar. En efecto, con base en The art of the deal, Ángel Jaramillo destaca la teatralidad de los negocios del actual presidente, quien presume con irritante frecuencia su capacidad sobrenatural para salirse con la suya y cerrar el mejor trato invariablemente a su favor. Cuando William F. Buckley Jr. escribió sobre las aspiraciones políticas de Trump en el 2000, creía que, si se le interrogaba, no tendría duda en responder que él, Donald Trump, era la mejor opción en cualquier coyuntura política. Porque la regla invariable de su política es ganar-ganar siempre: “Al mirar un vaso de agua, queda hipnotizado por su reflejo”, ironiza Buckley. “Y si tuviera un aspecto un poco diferente, competiría incluso por miss América.”
Paradójicamente, en este aspecto de Trump se halla la clave de los nuevos tiempos, según el autor de The world under capitalism (2025), Branko Milanovic. El economista coincide con las reflexiones de Slobodian en Hayek’s bastards y discrepa de la idea de John Gray sobre una improbable ruptura con el orden de la pos-Guerra Fría. Trump no representa ninguna quiebra radical respecto de la larga noche neoliberal, sino que –muy al contrario– encabeza su culminación fatal.
Me parece que esta idea no debería resultarle descabellada a Ángel Jaramillo, quien en las conclusiones de Donald Trump y la rebelión en la granja sugiere entender al trumpismo como “una especie del pragmatismo económico estadounidense”. El autor cita como ejemplo la estrategia norteamericana en Venezuela, en donde el trumpismo –afirma– “intentará que el país sea gobernado por una especie de CEO” dejando las decisiones importantes a Washington: “Es el modelo aplicado por los mongoles de la horda dorada en la Rus de Kiev, pero ahora con tecnología del siglo XXI.” A este respecto, en “Trump as the ultimate triumph of neoliberalism” Milanovic cita la disyuntiva política de Mancur Olson entre el depredador sedentario y el saqueador nómada. En términos de política exterior, el neoliberalismo de Trump pertenecería al segundo caso. Antes los grandes negocios de la política y la economía se hacían tras un telón de discreción estricta con el que todos estaban de acuerdo. Ahora, gracias a la impudicia de Trump, se hace a la vista de todos. Según Milanovic, la relevancia histórica de Trump es haber desenmascarado la política: “Gracias a Trump pudimos ver la inmensa corrupción que subyace en el proceso político.” Con argumentos similares, hemos escuchado a circunspectos lopezobradoristas normalizar la corrupción del actual régimen: siempre ha sido así. ~