Ucrania aguanta

Ucrania resiste una guerra que ya dura más que la primera mundial. El libro de Héctor Abad Faciolince sobre su breve pero intenso vínculo con la escritora Victoria Amelina, muerta en el ataque ruso a una pizzería en Kramatorsk, retrata el coste humano —y heroico— de esa resistencia.
AÑADIR A FAVORITOS
Please login to bookmark Close

Llegué con tardanza a leer Ahora y en la hora, el conmovedor libro de Héctor Abad Faciolince, pero sigue tan relevante como cuando se publicó hace más de un año. Para los que no lo han leído, es la historia de la relación del escritor con Ucrania, al inicio “un país tan ajeno y desconocido” para él. Esa relación comenzó con un correo electrónico de una joven editora de Kiev y casi terminó en la muerte del escritor. Es un libro sobre un país, la guerra, la amistad, el compromiso y el miedo, un texto honesto, cuyo tema es tan doloroso como ameno su relato. Retrata la lucha heroica de Ucrania contra la invasión y la tiranía rusa, que ahora por fin parece que podría no ser en vano.

La relación entre Abad Faciolince y Ucrania empezó cuando la editora mencionada le pidió permiso para traducir al ucraniano El olvido que seremos, la extraordinaria memoria del autor colombiano sobre el asesinato de su padre. Esto llevó a una invitación en la feria del libro de Kiev, que demoró en concretarse debido primero a la pandemia y luego por la invasión rusa de 2022. Finalmente, Abad Faciolince viajó a Ucrania en junio de 2023 en compañía de su compatriota Sergio Jaramillo, el exnegociador del acuerdo de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, quien luego fundó la campaña ¡Aguanta Ucrania! para movilizar la solidaridad con esa causa en América Latina. En Kiev, Abad Faciolince se encontró con su amiga Catalina Gómez, periodista colombiana, quien le presentó a Victoria Amelina, joven y prometedora escritora ucraniana. Jaramillo y Gómez decidieron que debían acercarse más al frente de la guerra en el Donbás. De último momento Amelina se unió a los planes y los acompañó. Abad Faciolince “no quería ir”. “No tengo pasta de héroe”, confiesa, pero se dejó persuadir “por falta de carácter” (¿quiénes hubiéramos tenido la fuerza de carácter de negarnos a ir con la corriente?).

Después de visitar algunos pueblos recuperados por el ejército ucraniano y escuchar los testimonios de sobrevivientes que hablaron de secuestros y tortura infligidas por los rusos, el grupo se dirigió a la ciudad industrial de Kramatorsk para pernoctar. Se sentaron a comer en la terraza de una pizzería. En el transcurso de la cena, Abad Faciolince cambió de lugar con Amelina, para oír mejor la conversación. Instantes después, un misil Iskander ruso se estrelló contra la pizzería. Mató a doce personas en el interior del restaurante. Tanto Abad Faciolince como Jaramillo sufrieron heridas leves. Un pedazo de metal golpeó la cabeza de Amelina, lo que causó su muerte a los 37 años.

Las heridas psicológicas y emocionales, la culpa del sobreviviente, evidentemente eran profundas. Abad Faciolince describe el libro como un homenaje a Victoria Amelina y “a los ucranianos que han perdido la vida luchando por ser libres y por ser ellos mismos, sin que una potencia imperial les diga cómo deben ser”. Le costó escribirlo. “Me he tenido que arrancar a la fuerza toda la prosa de este libro [… que] no se acaba nunca para mí. O lo termino o me termino yo”, escribe.

La lucha, titánica, de los ucranianos está por fin mostrando señales de no ser en vano. Cuando Rusia lanzó su invasión plena en febrero de 2022 (había anexado Crimea y partes del Donbás en 2014), afuera muchos pensaron que aplastaría rápidamente a Ucrania. No fue así: debido a la resistencia terca de los ucranianos el conflicto bélico ya ha durado más que la Primera Guerra Mundial. Las bajas y el sufrimiento han sido inmensos. Pero Ucrania ya no está perdiendo la guerra. Gracias a su dominio de los drones ha parado el avance ruso en el Donbás. Con sus drones de largo alcance está golpeando duramente a la infraestructura petrolera de Rusia. Su capacidad de refinación ha disminuido un 13% según un informe del Fondo Carnegie para la Paz Internacional. Hay racionamiento de gasolina en algunas ciudades rusas.

Pero Ucrania está pagando un costo alto. Rusia conserva la superioridad en misiles balísticos. Frustrado, Vladímir Putin ha golpeado duramente a la red eléctrica ucraniana, y ha ordenado ataques dirigidos deliberadamente contra zonas residenciales. Como dijo recientemente Kaja Kallas, la alta representante para asuntos exteriores de la UE, estos ataques son “actos abominables de terror con la intención de causar lo máximo posible de muertes de civiles”. Son crímenes de guerra.

El año pasado Putin tenía altas expectativas de que Donald Trump, quien admira a los “hombres fuertes” y desdeña a las democracias europeas, le ayudara a doblegar a Ucrania y su líder, Volodímir Zelenski. Pero este no se dejó doblegar. Trump cortó la ayuda militar, pero Estados Unidos sigue ofreciendo colaboración en inteligencia que es crucial en el frente de guerra. Y Europa reemplazó a Trump al armar a Ucrania. La derrota electoral en Hungría de Viktor Orbán, aliado de Putin, permitió la aprobación de un préstamo de noventa mil millones de euros al gobierno de Zelenski. Hoy, por fin, se vislumbra la posibilidad de una negociación en igualdad de condiciones para terminar la guerra.

Rusia invadió un país soberano e independiente en flagrante violación de la Carta de las Naciones Unidas que, como miembro permanente del Consejo de Seguridad, tiene una obligación especial de respetar. El hecho de que Trump e Israel también la hayan violado con su ataque a Irán lo justifica.

Algunos en América Latina han ofrecido su solidaridad con Ucrania. Otros como el gobierno de Lula en Brasil equivocadamente la han negado. Como retrata Abad Faciolince con elocuencia, Ucrania ha aguantado a pesar de todo. Merece el apoyo pleno de todos los que nos resistimos a vivir en un mundo donde la fuerza bruta se impone sobre la razón y el respeto a la vida humana. ~


    ×

    Selecciona el país o región donde quieres recibir tu revista: