Otra idea de lo contemporáneo

Historia contemporánea de América Latina

Massimo de Giuseppe y Gianni la Bella

Turner

Madrid, 2022, 440 pp.

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El cambio de siglo comienza a hacer su obra y la noción del tiempo cambia en la historia de América Latina y el Caribe. A mediados del siglo XX, cuando se instalaba la Guerra Fría en la región, algunos historiadores del mayor prestigio, como el argentino Tulio Halperin Donghi o el francés François Chevalier, no dudaban en ubicar los orígenes de la historia contemporánea de esta parte del mundo en los procesos políticos de las independencias, a inicios del siglo XIX.

En fechas recientes, esa perspectiva comienza a ser desplazada por una visión de la modernidad latinoamericana y caribeña anclada en el siglo XX. Es el enfoque que eligen los historiadores italianos Massimo de Giuseppe y Gianni la Bella, profesores de las universidades de Milán y Módena. En el más reciente libro de ambos, dedicado a la historia contemporánea latinoamericana, el punto de arranque es la Revolución mexicana y las primeras décadas del siglo XX.

Giuseppe y Bella transfieren la plataforma fundacional de la contemporaneidad latinoamericana a la crisis del liberalismo que marca el inicio de la pasada centuria. No solo la Revolución mexicana, gobiernos como los de Hipólito Yrigoyen en Argentina, Arturo Alessandri en Chile o Carlos Eugenio Restrepo en Colombia señalan un primer rebasamiento del modelo liberal del siglo XIX, por la vía republicana, que se consolidará con el ascenso de los dos grandes populismos clásicos en los años treinta: el varguismo y el peronismo.

Bien atentos a la historia económica global, estos historiadores italianos establecen una relación directa entre la crisis del liberalismo y el colapso del esquema exportador y de crecimiento hacia fuera, que se consumaría tras el crac del 29. La reorientación de las políticas económicas hacia estrategias de sustitución de importaciones, dilatación del mercado interno y crecimiento de las clases medias, a partir de los treinta, sería un fenómeno distintivo de los experimentos populistas y del nacionalismo revolucionario cardenista en México. El arranque del libro en el primer tercio del siglo XX, al excluir la etapa del liberalismo decimonónico, permite a los autores presentar este periodo como consolidación de los Estados nacionales heredados de las “repúblicas de orden y progreso”.

A diferencia de la periodización de Halperin Donghi, en la que las décadas iniciales del siglo XX correspondían a la “madurez del orden neocolonial”, Giuseppe y Bella proponen reinterpretar la primera mitad de la centuria bajo la tensión entre el despegue de la hegemonía de Estados Unidos y los gobiernos revolucionarios, nacionalistas y populistas. Ese largo periodo, que se extendería hasta los años cincuenta, se ve superado por una Guerra Fría cuyo aterrizaje, según los historiadores italianos, estaría dramáticamente escenificado en el golpe de Estado contra Jacobo Árbenz en Guatemala, en 1954.

Siguiendo de cerca las tesis de Vanni Pettinà, historiador del Colmex, los autores describen en detalle la alteración del sistema interamericano que produjo la Guerra Fría. Luego de dos décadas de colaboración entre Estados Unidos y América Latina, en el marco de las políticas del buen vecino de Franklin D. Roosevelt, el endurecimiento del enfoque anticomunista en Washington y la radicalización de las izquierdas latinoamericanas, tras la Revolución cubana, derrumbaron el “laboratorio multilateral” construido en los treinta. Giuseppe y Bella ilustran aquel laboratorio con algunos foros e instituciones como las Conferencias Interamericanas de Panamá y La Habana, en 1939 y 1940, la Oficina de Coordinación de Asuntos Interamericanos (ociaa) y el papel de América Latina en la fundación de la ONU y la UNESCO, con especial mención a la dirección general de Jaime Torres Bodet.

El impacto político más tangible de la Guerra Fría, según este libro, habría sido la propagación en América Latina de diversas modalidades autoritarias, especialmente de dictaduras militares, que a toda velocidad frustraron intentos de relanzar iniciativas interamericanas como la Alianza para el Progreso. Giuseppe y Bella reconstruyen rigurosamente la degradación del Estado de derecho que se experimentó entre los años sesenta y setenta en muchos países de la región. La gran demanda del respeto a los derechos humanos, frente a aquellos regímenes, sería uno de los motores de las transiciones democráticas emprendidas en las dos últimas décadas del siglo XX.

Los académicos italianos aprovechan el momento actual de reescritura de la historia para actualizar la visión del pasado de América Latina con un cierre sobre los últimos treinta años. La mirada a ese presente está muy lejos de ser apologética y destaca el avance, bajo el paradigma de las democratizaciones, de las políticas económicas neoliberales y de la emergencia de los neopopulismos políticos, lo mismo desde la izquierda que desde la derecha. El enfoque de historia global que aplican a la situación de América Latina a inicios del siglo XXI les permite llamar la atención sobre cuestiones de la mayor relevancia como el cambio climático, los movimientos migratorios, las redes del narcotráfico y las demandas de derechos de los pueblos originarios, los afrodescendientes, las mujeres y los jóvenes.

A diferencia de otros libros similares, escritos en Estados Unidos o Europa, esta obra parte de un conocimiento bastante amplio y actualizado de la historiografía académica producida en universidades y centros de investigación latinoamericanos. Pero, a la vez, el texto de Giuseppe y Bella rinde honores a la gran historiografía italiana sobre América Latina y el Caribe, donde nombres como los de Ruggiero Romano, Marcello Carmagnani, Antonio Annino, Maria Matilde Benzoni, Benedetta Calandra y Tiziana Bertaccini son referentes ineludibles. ~

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