Los que no publican

Los libros son finalmente objetos hermosos (a menos que los edite Quinto Sol o alguien así) y pensamos en ellos con un gesto de seriedad y espanto, como si aún estuvieran cobrando la vida de centenas de copistas. Pero la literatura es una polizón por naturaleza, ha viajado en tablillas, papiros, opúsculos, ediciones Penguin, lo mismo que bolsas de cuero, maletas, vagones, sobres Multipack o kbytes del correo electrónico. Es algo que acontece de repente en alguna sección del periódico o a mitad de una presentación. En horas de trabajo y en madrugadas de compensación, incluso en los últimos minutos de una clase –vaya extravagancia– sobre literatura. Nadie sabe en dónde aparecerá ni en qué lugares intentaremos de nuevo la feliz coincidencia (como esas chicas misteriosas que van dejando pistas a lo largo de nuestra vida y salen al paso cuando buscábamos otra cosa, digamos, la bibliografía de la tesis).  

Lo contundente apariencia de una biblioteca es que nos hace sentirnos culpables. No es lo mismo tener veinte kilos de periódico sin leer (sucede todo el tiempo) que una centena de libros intactos en casa.  Es más sencillo apretar el botón “Dejar de seguir” en el Twitter que deshacernos de los ejemplares regalados por esos mismos autores a los que hemos dejado de seguir. A pesar de lo que nos han enseñado las mesas de novedades (donde cada día llegan títulos más insulsos), los libros nos siguen pareciendo objetos sagrados. 

Y es que a veces un libro es como esos discos que se van componiendo a golpe de giras, de tocar en foros insalubres, con un público que nos insulta a la menor oportunidad y que la mayor parte del tiempo está drogado. Esa escritura de hoyo funky nos educa para la supervivencia, pero no reditúa en prestigio, pues el prestigio –ese muro edificado a base de reseñas que nos separa del resto de los contemporáneos– está destinado para aquellos que pasan encerrados veinticuatro meses en un estudio creando una obra maestra (todos sueñan con esconderse por dos años y luego salir a la superficie con The dark side of the moon bajo el brazo).

Hablamos de ciertos borradores como si del esbozo de un robo se tratara: cualquier pista, cualquier palabra dicha por error puede tirar todo por la borda. Un plan perfecto cuyo cumplimiento se sustenta en la discreción, pero también en las convocatorias de los premios. Una novela es esa otra vida que mantenemos en secreto con la esperanza de que sea el boletín bimestral de Anagrama el tabloide que saque a la luz nuestro genio. 

Los otros, los que no sacamos libros, parecemos menos escritores. Los diaristas, los que no nos vamos con cautela, ni pensamos que infringimos las bases de la beca al dejar rastros por todos lados. Escribimos aquí y allá, y nunca nos atenemos al arte de la contención porque posteamos a la menor oportunidad. Publicamos pero no tenemos bibliografía. Nuestro currículo es un compendio de direcciones de Internet. 

Nadie nos agradece que no publiquemos. Nadie nos dice: hey, tú, gracias por no regalarme otro de esos libros que no voy a leer. Gracias por no despilfarrar el presupuesto oficial en una de esas ediciones apresuradas, de letra pequeña y al menos tres logotipos horrorosos en la cuarta de forros.

Nadie agradece que no lo convirtamos en nuestro distribuidor, en nuestro reseñista. Que no le asentemos un compromiso más, otro fastidioso volumen al inventario. Libros dedicados, libros enviados por correo. Libros de regalo y libros para repartir. Nada tan afortunado como que la biblioteca te llene de amigos y no al revés.

Escribir sin publicar. Una actividad clandestina que no pocos están dispuestos a ejercer. Cada semana me aborda alguien para preguntarme por el próximo libro. Ni siquiera el que estoy escribiendo ahora sino el que en estos momentos está en la mesa de un dictaminador, en la sala de espera de un concurso. Cuando las conversaciones pasan de los libros ajenos a los propios es hora de tomar las cosas y marcharse. Evita hablar de un libro tuyo si no se encuentra al menos en manos de un corrector de pruebas.

La bibliografía propia. El respeto por haber escrito algo caduca a los cinco años. Después, tu libro de 2004 empieza a ser menos un placer y más una suerte de reproche.

"Nadie nos agradece que no publiquemos. Nadie nos dice: hey, tú, gracias por no regalarme otro de esos libros que no voy a leer".

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Pues para mí, tu libro del 2004 sigue siendo un placer. Ni que decir de estas entradas que me han alegrado el fin de año. 

Si por un lado la autoedición produce miles de libros que "nadie va a leer", el modelo tradicional de publicación tampoco me parece el ideal. Por qué tenemos que esperar que un editor se decida por publicar un libro? Por que tenemos que ser obligados a leer lo que un pequeño grupo de personas decide que debemos leer? Antes la respuesta era económica. Era el unico medio que los autores tenían para publicar un libro (era costoso imprimir y distribuir miles de libros), pero hoy día existen editoriales web que te permiten publicar un libro, distribuirlo y ganar por las ventas. En este modelo, los lectores (y no los editores) son los que dicen si un libro es bueno o no. Y permite a los autores buenos cobrar un precio justo por la venta de cada libro.

Has dado en el meollo del asunto, como diría mi madre, al leerte vi escrito eso mismo que pienso muchas veces, al amar tanto escribir y quererlo decir y a la vez desear tener para uno solamente aquellas letras, de la intimidad de nuestros cuadernos y computadoras al mundo, es un paso gigante. A penas este blog ha sido un escape porque la manera tan auténtica en que escribes me inspira para querer ser yo y permitirme escribir sin tapujos. Gracias.

Perdón: recién advierto que pulso una letra y a veces sale doble y omite lass 'haches´. Dije ahora tengo 12 blogs y ya se envió en letra pequeñita, con varios errores. Pido disculpas.

"Los otros, los que no sacamos libros, parecemos menos escritores"

Efectivamente, el gremio o círculo es tan elitista que si no tienes el sello de alguien tras de tí, pareciera que tus letras carecen de valor.

Sin embargo hay cientos que escriben diario, que expresan sus ideas a través de las letras y se atreven a ser criticados por ese seguidor único y uno que otro extraño que tropieza con esas letras a través de un buscador.

Una vez un escritor "renombrado" en esta localidad me dijo categóricamente: "Usted nunca podrá escribir". Desde ese día sólo me dedico a vomitar letras.

Amiga en las letras. como tantos otros escritores, se la decepción y el desgaste que causa ir a editoriales y saber que los precios son inalcanzazbles. En otros casos, DICEN QUE VAN A LEER TU ORIGINAL, PERO ESPERAS EN VANO PORQUE DETRAS DE ESE ESCRITORIO, HAY CAJAS DE MATERIAL INÉDITO QUE VA DERECHO A UN CAALEFÓN DE CAMPO.

Fue así que me sume a un grupo literario y con una donación integré una antología de varios poetas.Pero después, al producir más poemas, cuentos y dos ensayos, no encontré eco en una editora local. Pasé de la frustración a la nueva energía del ¿porqué sufrir si puedo publicar por mi cuenta?

Encontre en BLOGGER, un nuevo aliciente aa mi vida. tengo aaora 12 blogs de diferentes temáticas y me siento libre de escribir lo que quiero, entre homenajes y trabajos que recibo, más lo mío.

Si no ess armando una pequeña cooperativa con otros escritores, intentaa seguir lo pasos hastaa un blog. es muy gratificante. Un saludo desde San Luis, ARGENTINA

http://www.abaloriospoeticoss.blogspot.com

TWITTER@SANLUISPRESS2

<agendafederalprensa(arroba)gmail.com

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