El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince

Septiembre 2007 | Tags:

De Agamenón para acá, padre es el que hace la guerra, el orden frente al caos, la autoridad frente a la desobediencia. Y si no es el mismo Dios, pues es el que negocia con los dioses. El ateniense sacrifica a Ifigenia para que el viento inflame las velas; el patriarca propone y dispone, el padre es la ley y la patria su territorio. Y sin embargo hasta el orden simbólico sufre sus cimbronazos.

Matar al padre, predestinó el psicoanálisis. Y Alexander Mitscherlich, de la Escuela de Frankfurt, exploró la ausencia de la paternidad en la sociedad alemana de posguerra. Genio sin imagen, a la deriva de una teoría que lo recupere y lo salve, el relato del padre en Occidente intenta reflejar su complejidad desde la tragedia, aún antes de la escritura. Por la carga ideológica en torno a esta figura, a menudo densa y en estrecha relación con el rol autoritario de los patriarcas –léase dictadores– latinoamericanos, cualquier versión en contrario no sólo llama la atención, también es bienvenida, porque la paternidad suele brillar por su ausencia, según las estadísticas, en el fragor cotidiano de la vida familiar.

En ese sentido, El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958) es un libro “padre” como dirían en México –que es así como la lengua popular define todo aquello más que bueno–, por su calidad narrativa y sobre todo porque el protagonista de la historia es el doctor Héctor Abad (1921-1987), un progenitor diferente: “Cristiano en religión, marxista en economía y liberal en política”.

El médico Héctor Abad, en efecto, era un convencido de la necesidad del compromiso social de la medicina en países devastados por la pobreza como Colombia. Durante toda su vida batalló por la paz, la tolerancia y la justicia, se encerraba en su estudio a oír a Bach y Beethoven para sanar su pena y su rabia, y confiaba en el amor a rajatabla, el amor por la vida, por los hijos, por el arte y por la justicia. Lo amenazaron muchas veces pero él no quiso exiliarse ni tampoco calló, en sus audiciones radiales y en sus escritos siguió denunciando a los ejecutores de la violencia que desgarraba a su país, a sus cómplices y a sus mentores. Hasta el 25 de agosto de 1987 en que dos sicarios vaciaron los cargadores sobre su cuerpo frente al Sindicato de Maestros de Medellín. Tenía 65 años, vestía saco y corbata, y en el bolsillo de su pantalón llevaba un soneto de Borges, “Epitafio”, acaso un apócrifo, y cuyo primer verso reza: “Ya somos el olvido que seremos...”

La mano, la memoria, el alma del escritor necesitaron cincelarse durante dos décadas para abordar la escritura de esta pérdida. “Me saco de adentro estos recuerdos como se tiene un parto, como uno se saca un tumor”, cuenta Héctor Abad Faciolince, quien escribió entre otras las novelas Basura (2000, Premio Narrativa Innovadora Casa de América) y Angosta (2003). Y no hay duda que el tiempo ayudó no sólo a madurar el trazo sino también a encontrar el tono adecuado en una tradición literaria donde prevalecen el padre autoritario, el tirano y el patriarca. Mientras la figura del padre de Kafka se impone sobre su labor y sobre su existencia, y Joseph Roth confiesa: “Yo no tuve padre, en el sentido que nunca conocí al mío...”, el narrador colombiano en cambio escribe: “Amaba a mi padre por sobre todas las cosas... Amaba a mi papá con un amor animal. Me gustaba su olor, y también el recuerdo de su olor... Me gustaba su voz, me gustaban sus manos, la pulcritud de su ropa y la meticulosa limpieza de su cuerpo”.

Por eso quizá el relato El olvido que seremos cobra grandeza a partir de la extrañeza. ¿Es posible este padre amoroso? Se carcajea más que sus hijos, llora a mares cuando está triste, canta tangos y escribe poemas. Tampoco es el sostén económico de la familia –al igual que en la antigua Grecia, en el gineceo de la familia Abad, del dinero y el presupuesto familiar se encargó la madre por vocación, en una división de roles totalmente atípica. O por lo menos a contramano de la estadística, que si bien incorpora la jefatura de familia en la mujer en los hogares con ausencia del padre, éste no era el caso del médico Abad. Esta madre entiende además su función de proveedora como un acto más de amor hacia su esposo y a su prole, convencida que de esa forma el médico puede dedicar más tiempo a sus ideales. Por si fuera poco el doctor Abad educa a su prole a fuerza de abrazos, con amor protege y rodea esa familia en una caricia permanente, como un útero placentero y seguro en medio de una sociedad atravesada por la violencia intrafamiliar, política, institucional e histórica.

“La idea más insportable de mi infancia era imaginar que mi papá se pudiera morir, y por eso yo había resuelto tirarme al río Medellín si él llegaba a morirse”. Hay que imaginar al escritor, adulto, “nunca tanta sangre” en sus manos como la que brotó aquel día del cuerpo inánime de su padre. Imaginarlo durante años escribiendo otras novelas, hasta que un día decide ya no tirarse al río Medellín y en cambio relatar la vida de ese hombre amado hasta poner orden en los cajones, cicatrizando la herida desde la memoria. Un poco como quería Nietzche escribir “para sobreponerse a la realidad”. El resultado es la historia verídica del médico Héctor Abad contada con los recursos de la novela y que a la vez es carta, testimonio, documento, ensayo y biografía; cuarenta y dos capítulos que son la saga de la familia del escritor, iluminando la historia de Colombia de las últimas décadas desde el lugar del amor y la justicia, aunque sin poder evitar la pregunta con la que comienza y termina el libro. El por qué de la muerte.  

La vida es una herida absurda, dice el tango, ése que tanto le gustaba cantar al doctor Abad. Pero la vida no tiene cura. Ya lo dijo Artaud. ~

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Comentarios (17)

Mostrando 17 comentarios.

Cordial Saludo

 

Es un libro qe vale la pena volver a leer y el que no lo a leido que lo lea que nunca se arrepentira. Me identifique demasiado con el al amor del  escritor a su  padre,

 

 

 

me pereció un buen libro donde pude reflexionar,comprender y aprender muchas cosas.. . Este libro habla de casi todo ..lo que me impacto más fue la muerte de su hermana marta .murió muy joven pero bueno así es la vida aunque uno no quiera hay que hacertarla habeces la vida te pone caminos muy difíciles en lo que nos he difícil afrontar y no sabemos como buscarle solucino a muertos problemas te felicito héctor

Una obra muy interesante, donde se muestran personajes con los que algúnos se podran identificar, además de quedar maravillados por tan buena historía.

me parecio un libro muy interesante donde llega el  amor de un padre por sus hijos y supais .y la mujer que tiene al lado es de admirar

 

 

 

Buenas quiero contactar al escritor de este libro para hacerle una entrevista hacerca de sus obras y su vida para un trabajo gracias.

me parece que esta obra es muy buena, que nos relata la relacion de un padre con su hijo 

angie leon

Gracias Muy Interesante 

He tenido muchos comentarios favorables de este libro, apenas lo tenga lo comentaré.

este libro es revelador de la historia triste de Colombia donde por pensar diferente al sistema se mata desde cualquier bando de la pugna. 

me gusto mucho y pase un rato de continua reflexión. felicidades a Héctor Abad

Yo deseo, ese ejemplar tengo familia colombiana y me interesa la historia.

Gracias

tuve la oportunidad de leer este magnifico libro, lloré como niño, yo tambien tengo un excelente PADRE!

estoy absolutamente enamorada de este libro.Me cambio una cantidad de paradigmas que el autor no imagina y anivel de otros sentimentos aprendi a aprecier en el autor cualidades que no le veia y en estos momentos me siento incapaz de criticarlo .Lo respeto profundamente en adelante .Me conmueve en forma profunda.

Lo vi en una entrevista en UNE y me agrado su expresion y da mucha curiosidad lo de su libro (olvido que seremos) voy a leerlo ....esperar a ver que pasa.

Saludos soy un actor profesional y un teatrista de pasión, este señor dice tener fobia al teatro pero que no es que tenga algun resentimiento con los que nos dedicamos a ello, siemplemente le tiene fobia, y en su crítica empieza a detallar sin criterio ni conocimientos aplicados y actualizados del teatro una serie de esteticas que lo convierten en un enemigo del teatro, que pena por él que se topa con espectáculos que no complazcan su exigencia, porque por mas allá de lo poco "realista" que se vea una actuación en escena, es totalmente orgánica y verdaderamente pasional, este hombre enemigo de la expresión escénica debe haber tenido algún trauma de niño sobre las tablas para que tenga la fobia, pues dejenme decirle que siento mucha lástima por él, como sabemos una fobia es un límite y este hombre se va a morir sin haber sentido ese derrotar fobias de la vida y si no es una fobia y simplemente quiere dejar en claro una manifestación contra el teatro pues es una enemigo de la cultura, que escriba lo que le de la gana y hable lo que le de la gana, pero que sepa muy bien que el no es ni una pizca de parásito al lado d miles de años de cultura teatral ni le llega a las plantas de los pies a esos hombres que el cita en su critica, yo recien acabo de escuchar de él por la palabra "teatro" y que el tanto critica, para colmo se empeña a hacerla en la semana de celebración por el teatro, personalmente le diría esto: "quedese en su pais escribiendo para sus fanaticos porque el mundo no lo aguantaria ni un segundo"

Caballero, Colombia es un país democrático y afortunadamente aquí hay libertad de expresión como en casi todas las geografías del mundo, además, estamos en la postmodernidad, época que se abre a la multiplicidad de discursos que habitan nuestra orbe, entiendo que es usted un acérrimo amante del fabuloso mundo de las tablas. Está bien que sea un lector que le hace aduana a lo que lee, pero no se tome tan a pecho los comentarios que hace el autor en cuanto al teatro, y por favor no lo descalifique por ello, pues pese a sus opiniones y gustos es un excelente escritor.

es un excelente libro tuve la oportunidad de leerlo, es donde la ficcion se cruza con la realidad

porque ese tipo de personas no se ven a menudo y por todo lo que nos da a conocer el hijo del padre y su familia entera, que en realidad es un verdadero modelo a seguir, y es una lastima que no hayan tantas personas como el Dr. puede que hayan personas buenas y con buenas intenciones pero no he escuchado de personas como el.

gracias a su hijo por entregarnos esa bella lectura

 

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