Ana Merino estrenó La redención en el teatro José María Rodero de Torrejón de Ardoz. No es su primera actividad teatral pero sí la primera profesional. Merino es autora y productora de La redención. Ha publicado, como libro, otras obras teatrales. La redención se publicó hace diez años (Reino de Cordelia). La de hoy es una versión con variaciones en los actos tercero y quinto. Pero sigue siendo la misma obra.
Como escritora, Merino viene alternando dos líneas: la sentimental y la distópica. No son dos líneas paralelas. Se cruzan. La línea sentimental –la querella de los afectos– se expresa en novelas como El mapa de los afectos –premio Nadal 2020– o la reciente El camino que no elegimos. La distópica aparece en Planeta Lasvi o La redención. Ambas líneas comparten aspectos que pueden parecer secundarios pero que no lo son. Uno de ellos es el juego, que está presente hasta en su poesía (Juegos de niños) y que aparece en La redención –piedra, papel, tijeras–.
Merino ha concebido La redención como un alegato ecologista. “Nos estamos dejando llevar por la inercia de un lento apocalipsis que promovemos con nuestro egoísmo. El consumo parece dar sentido a nuestra existencia y, confiados a esa religión, generamos basura tóxica que tardará miles de años en desaparecer,” nos dice el programa de mano. Y le ha dado el marco conceptual necesario para el alegato.
La arquitectura conceptual de esta obra se funda en “la esencia primitiva de la propia existencia” de la humanidad. Esa frase está referida en el texto a los extraterrestres que vienen a salvar la tierra cuando los humanos ya no pueden hacerlo. Pero se trata de una licencia que encubre y funda el alegato. La esencia primitiva de la humanidad es el impulso para la supervivencia. Y la necesidad de sobrevivir obliga a imaginar el futuro, por otra parte, tan cercano. De este principio se devienen los motivos que van conformando la obra: el sueño, las experiencias psíquicas, la fantasía, la locura, los excesos y agresiones verbales, las situaciones extraordinarias. Todo ello es el andamiaje del utopismo.
La utopía –un mundo sin basura nuclear– exige dos motores: la provocación y la confrontación. Los cinco personajes forman una estrella de cinco vértices de esos dos motores. La alucinación de la desequilibrada Isabel se enfrenta a la ceguera de la funcionaria Ada. La responsabilidad de Rodrigo choca con el cinismo de Jaime. Nicolás es un cuerpo extraño. Es escéptico y cobarde. Representa la superficialidad del saber convencional. Llama la atención de esta distopía su realismo. Quizá en el libro el realismo quedé más marcado que en la representación. Tal vez por la dificultad de presentar la basura, tanto marítima como terrestre. El simbolismo de la basura no solo es relevante por el tema de la obra –los residuos tóxicos que envenenan los océanos– sino que impregna los espacios. Los personajes se quejan de los olores. Y los escenarios son umbrales –lugares de paso: el comedor y “el área de paso con mirador acristalado” en el libro–, espacios sucios. El refugio del quinto acto es un infierno. Es el mundo subterráneo. El mundo celeste es el mundo de los extraterrestres salvadores. Esa disposición espacial vertical –cielo, tierra, submundo– es imprescindible para un alegato distópico.
No falta en esta obra el humor. Son pinceladas de un humor agrio. Cuando Isabel desenmascara el cinismo de Jaime, que trata de justificar su apetito sexual, le ironiza que su interés es “el origen del mundo”. Los momentos de erotismo ilustran el debate sobre el amor y el escepticismo de Isabel (“el desapego mecánico”). Se trata de la presencia de la querella de los afectos que domina las novelas de Ana Merino. Esa querella apunta la imposibilidad del amor. No es la única querella. El acto quinto se cierra con un largo poema –la primera etapa literaria de Ana Merino es poética–, una oda a la desesperanza. En la representación este momento está atenuado. Y, sin embargo, el final de la representación y del libro es un apunte de esperanza. Ada abraza a Isabel. Es el símbolo de la sororidad. La hermandad femenina salvará al mundo.