Estefanía Molina charla con Daniel Gascón sobre por qué el ideal aspiracional que definió a la clase media en España ha dejado de funcionar, qué tiene que ver eso con el estancamiento de los salarios, la burbuja del alquiler y el gasto en pensiones, y qué ocurre con la democracia cuando la gente deja de creer que el sistema puede mejorar su vida.
Estefanía Molina es politóloga y periodista por la Universidad Pompeu Fabra. Cronista parlamentaria y columnista en El País, colabora también en la Cadena SER, Telecinco, TV3 y Canal 24h. Es autora de El berrinche político (2021) y Los hijos de los boomers (2026).
Aquí en YouTube, Spotify, Apple e Ivoox.
Aquí una transcripción editada.
DANIEL GASCÓN: Hola, muy buenas. Bienvenidos al salón de Gascón en Letras Libres España. Estoy muy contento de hablar hoy con Estefanía Molina, que es politóloga, periodista y analista en muchos medios, columnista en El País. Hola, muy buenas.
ESTEFANÍA MOLINA: Muy buenos días, Daniel. Estoy también muy contenta de estar aquí porque eres compañero mío, también te leo mucho y te admiro.
DANIEL GASCÓN: Vamos a hablar de tu libro más reciente, que es Los hijos de los boomers, que habla de uno de los grandes asuntos de Occidente y en concreto de España, que es la fractura generacional, la brecha generacional. Y también una idea con la que arrancas, que podría ser como el fin de la clase media.
ESTEFANÍA MOLINA: Sí, exactamente. Digamos que al final los libros a menudo nacen de una obsesión personal, porque es mucho trabajo, como bien sabes. Yo quería reflejar por qué sentía que me había criado en un ideal aspiracional de que si te esfuerzas eso tiene que llevarte a algún lado. Y por esfuerzo nuestra generación ha entendido mucho ir a la universidad. Muchos de nuestros padres no pudieron, otros sí, pero somos ya las generaciones más implantadas en los estudios superiores. Y mucha gente que había hecho todo lo que de ella se esperaba, gente que está a mi alrededor, son amigos, son conocidos, no estaba obteniendo ese resultado que vemos en la vivienda, que vemos en los salarios. Quería hablar mucho de eso, de por qué cuando hablamos de la juventud no solo es la juventud, sino la cara de la clase media del futuro en España, que ya es presente y está muy deslizada hacia abajo. Como aquel ideal aspiracional en el que me criaron mis padres baby boomers ya no se estaba cumpliendo. Se ha esforzado, tiene un trabajo, tiene estudios, tiene idiomas, pero esa persona no está pudiendo llevar la vida esperada. Y a partir de ahí, si quieres, podemos definir qué es clase media, pero esa era un poco la fijación, también muy a partir de una historia personal. Mi familia es una familia humilde que ha creído mucho en el ascensor social, y mediante las tres generaciones, abuelos, padres y la mía y mi hermana, de algún modo sí hemos ido a mejor, hemos ascendido de clase. Pero eso ya creo que se ha gripado en nuestro país, y era lo que quería de alguna forma genuina y muy personal reflejar.
DANIEL GASCÓN: Has dicho “si quieres ahora definimos clase media”, pues define clase media.
ESTEFANÍA MOLINA: Claro. Cuando entramos en el debate de qué es la clase media, cuando saqué el libro, la gente dice: “Bueno, pero esto que estás diciendo ya es más viejo que el hilo negro, esto se viene diciendo desde hace un montón de generaciones.” Sí y no. Porque esta idea de qué es la clase media, por supuesto hay gente que no lo es y se siente que sí, y gente que se siente que no lo es y sí lo es, pero creo que al final es algo muy intuitivo, no hace falta un baremo de renta porque eso también es un poco engañoso. Creo que la clase media se definía por unos pocos elementos que se resumen en tres. El primero, la sensación de que tu esfuerzo, tus estudios, te van a llevar a un estadio mejor en la vida. El segundo, que esa vida que vas a llevar te permite realizar algún tipo de proyecto personal: vivir solo, tener un piso en propiedad, formar una familia, un proyecto que te realiza a nivel personal sin grandes estridencias. Clase media obviamente no es querer ser Steve Jobs, ya nos entendemos. Y luego también un sentido de ideal aspiracional, de trascendencia: que cada vez puedes ir a más mediante esa senda de esfuerzo, o que tu legado, tus hijos, también van a ir a mejor. Creo que la clase media sobre todo tiene un componente muy aspiracional, porque también está muy discutido esto de clase obrera. El concepto clase obrera te pega mucho a una clase, pero la clase media tiene esa idea de la trascendencia, de la aspiración de ir a más. Y eso ha reventado en nuestro país. Hoy gente que tiene lo que se espera, como digo, no llega. Esa idea aspiracional de que si me esfuerzo más voy a ir a más tampoco se cumple. Y esa idea de un mañana mejor también se ha ido resquebrajando. Por tanto, creo que todos esos elementos nos hablan de que la clase media se ha ido hundiendo en este país. Si vamos a los datos, en dos y tres décadas en España los salarios en proporción a la inflación están estancados. Hemos tenido momentos de inflación, momentos de crisis y de austeridad, pero en dos o tres décadas el común está prácticamente igual que estaba. Eso también nos habla de ese motor gripado.
DANIEL GASCÓN: Y si tuviéramos varios factores en eso: has hablado del estancamiento de los salarios, y entonces hay gente que piensa “yo no voy a poder ser clase media, no voy a poder llegar a eso.” También el miedo de otros, porque es una clase media reciente y frágil, parece que no hay mucho patrimonio al que puedas agarrarte, y entonces dices: en cualquier momento puedes descender. Eso creo que también genera una cierta ansiedad muy comprensible.
ESTEFANÍA MOLINA: Sí. Al final el libro, como bien dices, lo que busca es explicar por qué tenemos jóvenes hoy que han asumido que no van a lograr eso, y que se están, entre comillas, radicalizando o votando opciones antisistema. Esto no es la primera vez que ocurre en España: ya en el 15M creo que fue la primera generación que dijo que no iban a vivir mejor que sus padres. Y ahora, 15 años después, vemos que ese resurgir se da, pero no desde el lado de una izquierda populista, sino desde el lado a lo mejor de una derecha populista, de una ultraderecha, una derecha reaccionaria, como cada uno la quiera etiquetar, porque siempre en una familia metemos tantas derechas, pero cada una tiene sus particularidades. Esa protesta está hoy en el lado de la derecha. Y como bien dices, una de mis fijaciones es explicar que si hoy el problema no es tan evidente es fruto de que todavía hay unos padres que están tapando esas carencias de sus hijos: la generación del baby boom, que pudo llegar a ser clase media. Obviamente no todo el mundo, pero en términos generales en mucha mayor proporción que los jóvenes actuales. Son esos padres los que todavía están tapando esas carencias, lo cual hace que la foto que recibe la gente no sea tan descarnada. Hoy los padres pagan facturas, como pongo datos en el libro, les dan la entrada de un piso, les van a legar a lo mejor un piso. Eso va a hacer que de algún modo se maquille. Cuando digo que el estado del bienestar son los padres es porque todavía no vemos esa pobreza tan descarnada porque la generación del baby boom le está cubriendo las carencias a sus hijos.
DANIEL GASCÓN: Incluso hay un momento en que dices que veremos que es una ventaja tener pocos hermanos.
ESTEFANÍA MOLINA: Sí, exactamente. Porque al final, si la herencia, y esto creo que golpea fuerte, si la herencia es lo que va a cambiar tu vida, vamos a un sistema completamente injusto y desigual, que creo que no era el modelo que se quiso proyectar en el siglo XX mediante el estado del bienestar. El objetivo del estado del bienestar al final es que, nazcas en la familia que nazcas, tengas unas oportunidades que te permitan progresar. La idea de que lo que te va a permitir progresar es la herencia es muy descarnada, es previa a la eclosión del estado del bienestar en Europa. Y lo vemos hoy: el joven que pueda heredar un dinero para la entrada de un piso, o cuyos padres le ayuden a llegar a final de mes, tiene una vida muy distinta a otro que no vaya a recibir nada de eso. Entonces, al final dices: bueno, pues mejor no tener hermanos, te llevas tú todo el pastel.
DANIEL GASCÓN: Hace poco entrevistamos aquí a Félix Ovejero, y decía que la idea básica de la izquierda es reducir las desigualdades de partida. Y aquí es como que estamos aceptando una desigualdad muy grande, que como padre o como hijo claro que entiendes esa transmisión, pero dices: si eso es la única esperanza de mantenerte socialmente, es un problema.
ESTEFANÍA MOLINA: Efectivamente. Porque cuando hablamos de que creo que el estado del bienestar nunca había estado tan tambaleándose como ahora, un elemento es el ascensor social, como dice Ovejero. Pongo datos en el libro de que antes la educación tenía un impacto en tu capacidad de ascender de clase. Hoy vemos que eso también se ha gripado: el salario que cobra hoy una persona está muy condicionado por el entorno socioeconómico de sus padres, por su origen. Y la gente dice: “¿Cómo que antes había más ascensor social que ahora?” Pues los datos así lo demuestran, porque hoy vemos que hay gente titulada que no tiene una mejor posición que unos padres que a lo mejor no lo eran. Eso es un elemento: cuando hablamos de la izquierda, esas condiciones de mejorar tu posición de partida ya empiezan a tambalearse.
Y luego, lo explico en el libro, creo que la izquierda ha mutado. Esta es una de mis grandes batallas cuando explico el libro, porque creo que no se quiere reconocer que antes teníamos una izquierda, sobre todo en España, muy vinculada al ideal socialdemócrata, que es dar oportunidades para emanciparte de tu condición de partida: la liberación del individuo a través de las oportunidades, educación, sanidad pública. Hoy tenemos una izquierda que se ha resignado. Yo la sitúo post 15M, a raíz del surgimiento de Podemos, y creo que el PSOE también ha bebido de eso: lo que se busca es, como mínimo, que la gente no caiga en la pobreza, pondremos un salario mínimo, un ingreso mínimo vital para quien lo necesite, pero esa misma izquierda ya no te está dando la oportunidad de soñar con el regreso de la clase media y de un mañana mejor. Hoy lo único que te garantizan es que no vas a estar como en los tiempos de austeridad, desahucios, despidos: como mínimo habrá un colchoncito, un escudo social, unos mínimos salariales. Pero hay una escasa diferencia entre, por ejemplo, el que cobra el salario mínimo y el salario más común, porque cada vez más el salario mínimo es el más común.
Una de mis críticas, porque esto al final es un alegato de mi libro, es recuperar ese ideal socialdemócrata que en mí ha funcionado a través del estado del bienestar. Creo que ni siquiera hoy hay medidas en el debate público por parte de la izquierda que defiendan ese ideal. Hoy tenemos una izquierda muy asistencialista, que no te está invitando a soñar con un mañana mejor, te está invitando a aceptar que como mínimo no vas a ir más abajo. ¿Y qué ocurre en toda sociedad? La gente busca siempre esa ilusión de un mañana mejor, porque si no, no habría protestas en países como Irán. La gente no saldría a protestar si no soñara con un mañana mejor, con el coste que se asume en un país así, en una teocracia de esas características. Pero ese ideal aspiracional, la izquierda dice “¿y por qué se está yendo al sueño liberal?” Porque todavía la gente en el ideal liberal puede soñar con un mañana mejor. Cuando yo digo que hoy el streamer ha ido a Andorra, es una especie de ideal escapista, es eso: si no te puedes realizar en este sistema, el sueño de realización se traslada a otros lugares. El que le da la patada al sistema, el free rider, el listo, el que huyó del sistema. Otros piensan: bueno, a lo mejor el bienestar está en el pasado, el ideal reaccionario. Pero la gente siempre busca ese ideal que hoy la izquierda no está sabiendo ofrecer.
DANIEL GASCÓN: Otra de las cuestiones muy centrales del libro es la pregunta de si el sistema está amañado contra los jóvenes en España.
ESTEFANÍA MOLINA: Claro, el libro tiene muchas miradas, y una es la brecha generacional. Esta es la más incómoda de explicar, pero creo que es lo más genuino del libro. Creo que hoy el sistema está diseñado para la generación del baby boom por un motivo de votos que es muy evidente: es la generación mayoritaria de voto, y eso se ve cuando el arma arrojadiza en el bipartidismo es “no me apoyas esto, que son pensiones, pues ya lo sufrirás en las urnas.” La vertiente electoralista es la más evidente, pero luego hay algo todavía más profundo, y es el sistema diseñado para los baby boomers en España y en otros países donde se está dando esta misma brecha. A menudo me escriben corresponsales que me conocen, han leído el libro: “Esto pasa en mi país”, un amigo mío esloveno me dice que pasa también en Eslovenia. La cosa es que el sistema se diseñó para los baby boomers porque, tras la Segunda Guerra Mundial y con el desarrollismo en España, era el ideal de una democracia que se consolida sobre dos patas: democracia y estado del bienestar en expansión. Los baby boomers son los más arraigados a la democracia por un imperativo moral, libertad e igualdad, venían huyendo de dictaduras o de guerras. En España lo mismo, pero también porque les dio resultados.
En paralelo está la construcción del estado del bienestar, donde había tres premisas que se creía que cimentaban ese estado del bienestar. Una, que la demografía se iba a ir renovando, iba a ser constante.
DANIEL GASCÓN: Pero venían de un trauma demográfico en muchos casos también muy grande.
ESTEFANÍA MOLINA: Exactamente, la guerra impidió, hubo ahí un pico, un down de fertilidad, porque habían muerto muchísimas personas en la guerra. Entonces la demografía se renovaba, la productividad era creciente, y por último la esperanza de vida era corta. Antes, cuando se creó esta idea de estado del bienestar, 60, 70 años; hoy 80, 90, por suerte, ojalá fueran 150. Pero esas premisas, hoy las tres han hecho aguas. La demografía: vemos que nuestros hijos no tienen hijos. Vemos que no viven mejor que nosotros, y viven más años. ¿Qué ocurre? Los políticos, por una cuestión electoralista, tienen fácil meter recursos en pensiones, pensiones como algo sacrosanto, cada vez más pensiones y mejores pensiones, que los pensionistas no pierdan poder adquisitivo. Pero cuidado, porque ahí hay una injusticia generacional: hoy la pobreza no es de los abuelos, como era antaño, es de los hijos. El estado del bienestar, donde la generosidad es con los abuelos, se entiende cuando la pobreza era de los abuelos. Todos hemos vivido o conocido entornos donde el abuelo estaba en casa porque era más pobre que la familia. Hoy no: hoy son los hijos más pobres que los padres, o son los hijos los que tienen que dar esa ayuda. Eso ya te está demostrando que, mientras el sistema no sabe inventar algo mejor, porque ese es el modelo de estado del bienestar, empieza a poner parches.
Por ejemplo, creo que parte del boom migratorio es necesario, pero también lo hemos convertido en parche, porque cuando vengan esas personas migrantes, por contexto ya van a tener menos hijos que los nuestros, no se soluciona el problema de la demografía. Los salarios tampoco están repuntando, por lo cual tampoco se soluciona el problema vía incrementos de productividad. Y mientras tanto, hoy la mayor parte del gasto son las pensiones, que también sirven para mantener a la familia. A veces decimos que son para comprar votos, y lo son en algunos casos, pero también es para mantener a la familia: hoy, en el entorno de un pensionista, hay millones de personas que no son pobres porque están en el entorno de ese pensionista. Mientras tanto, en 20 años las partidas que repuntan en gasto son pensiones y sanidad, muchísimo más pensiones que sanidad, y las que retroceden son transporte y vivienda. Claro que hay un conflicto pasado-futuro. Obviamente nuestros padres dirían “¿qué me estás diciendo? yo no soy el pasado.” Pero hay un conflicto pasado-futuro: un estado del bienestar envejecido y cuyos pilares se tambalean hace que desvíes el gasto hacia allí. Tampoco sabes crear otro sistema mejor. Lo único que voy a decir en descargo de nuestra clase política es que creo que no tienen ideas para crear algo mejor. Y como saben que, vía padres, muchos hijos ven paliada su situación, pues siguen invirtiendo recursos ahí. Y claro, son votos. No es más difícil de solucionar el problema de la vivienda que el de las pensiones, pero curiosamente hacemos todo lo posible por las pensiones y nada por la vivienda.
DANIEL GASCÓN: Tanto en las pensiones como en la comparación de los ingresos de pensionistas y jóvenes tienes algunos gráficos en el libro de Jon González que son impresionantes, la disparidad y cómo ha aumentado en las últimas décadas.
ESTEFANÍA MOLINA: Exactamente. Lo primero que quiero hacer es reivindicar la labor de Jon González: creo que ha aportado muchos datos a todo este fenómeno de la brecha generacional. Como tú dices, ahora mismo la revalorización de las pensiones es creciente. También hay un efecto composición: la política se esfuerza en ofrecer mejores pensiones para que no pierdan poder adquisitivo nuestros pensionistas, pero también es cierto que están entrando al sistema más pensionistas que, por sus cotizaciones, tienen pensiones mejores porque en su momento pudieron cotizar mejores salarios; eso es el llamado efecto composición. Pero ahí está la injusticia: lo estás descargando sobre una masa laboral muy empobrecida. Esa masa laboral muy empobrecida está sosteniendo pensiones muy suculentas,
DANIEL GASCÓN: Muy empobrecida y decreciente, ¿no?
ESTEFANÍA MOLINA: Exactamente, menos personas por pensionista. La gente te dice: “Esto es demagogia, porque no todos los pensionistas cobran muy buenas pensiones.” Y tú dices: vale, la revalorización de las pensiones, el mayor grueso de gasto en la revalorización ha ido a pensiones que ya son muy buenas. Ni siquiera es una cuestión de justicia social, porque mucha gente compraría que no se destine eso al pensionista que cobra la máxima, sino que se destine la revalorización a hacer mejor la pensión del que cobra muy poca. Esto ya es un primer elemento que demuestra que no es justicia social, son votos. Generacionalmente son votos lo que obtiene el gobierno actual de esa medida, llevada a cabo en tiempos donde la inflación era pírrica, no en tiempos donde la inflación era del 6 u 8%.
Luego ves que cada vez hay más una detracción de recursos en este dilema pasado-futuro, donde se quiere negar que las pensiones contributivas tienen un déficit contributivo. Hoy, si las pensiones son 202.000 millones de euros, 60.000 millones no se cubren con cotizaciones de empresarios y trabajadores, se tienen que sacar de otras partidas o emitir deuda. Por tanto, ya es un encargo a las generaciones que suben y a otras partidas. Como decíamos, en 20 años ha ido para atrás vivienda y transportes en términos relativos, lo que más necesitaría hoy la clase media o la juventud que sube. Ahí ves que hay un desvío de dinero hacia una generación, y esa es la principal crítica: una generación que en sus tiempos pudo acceder a vivienda, pudo acceder a ser clase media, y esto es tan verdad como que el 90% tiene la casa en propiedad o la está pagando. Esto no ocurre proporcionalmente con la gente que sube. Cuando pones todos estos elementos encima de la mesa, te dicen: “Ah, bueno, pues entonces lo que queréis, fachas”, ser “facha” lo acalla todo en este país, “es acabar con el estado del bienestar.” Perdone, es que hoy el estado del bienestar ya tiene este problema y esto le está detrayendo recursos. Por ejemplo, España está a la cola de Europa, junto a Bulgaria y países del este muy pobres, en gasto en vivienda protegida. Entonces dices: claro que hay una descompensación. Pero es tan impopular decir “oiga, a lo mejor hay que hacer algún ajuste”. Y por último, cuando dicen “esta es mi pensión y me la he cotizado”, tampoco es cierto: pongo datos, son un 60% superiores a lo que se cotizó. Esto no se trata de decir “hay que acabar con el sistema de pensiones públicas”, esto no lo ha dicho nadie, esto es un trampantojo, tampoco es una guerra generacional como se dice. Esto es un sistema más justo. Un amigo mío me dijo: “Mi padre creo que cobra la máxima, y con ese dinero que más le van a dar, nos iremos a comer, no lo necesita.” Pensemos hasta qué punto hay cuestiones que generacionalmente deberían ser más justas, y dentro de esa generación baby boom también más justicia. El que cobre una pírrica pensión, la viuda, mejor pensión, pero a lo mejor hay gente que no necesita revalorizarla, o a lo mejor las cosas deberían estar mucho más vinculadas a tu patrimonio o a las rentas que has tenido a lo largo de la vida.
DANIEL GASCÓN: Ahí también dices que primero hay una cuestión económica, demográfica: no sabemos bien cómo desarrollar un estado del bienestar en una demografía diferente de como se pensó. Y luego esa cuestión electoral, porque dices que además los jóvenes son cada vez menos y parece que votan por razones más variadas, y en cambio muchos pensionistas dicen “somos más, y encima sabemos que hay una cosa que es muy importante, que es la pensión.” Y entonces los grandes partidos piensan que eso no lo pueden tocar.
ESTEFANÍA MOLINA: Claro, al final hay una cuestión de ciclo de vida. Cuando uno es joven, y esto también está demostrado en algunos estudios, lo hablé con un amigo mío politólogo, se han hecho experimentos en los que sientas a un joven y le dices “¿cómo organizarías el presupuesto de un país?”, y tiene en cuenta sus prioridades y las de sus mayores. Una persona mayor, por ciclo de vida, ¿cuáles son sus prioridades? Es decir, esa pobre persona también está hacia el final de su vida, tampoco creo que sea jauja ser pensionista, con lo que lleva asociado de salud, de saber que ya has vivido más quizá de lo que te queda por vivir. Esas cuestiones humanas están ahí, pero sí es cierto que el colectivo de pensionistas está mucho más aglutinado en torno a una prioridad, que es ya su sustento hasta que ya no esté. Obviamente esa persona ya no va a poder tener mejores salarios. Pero creo que la trampa está en enmascararlo todo en una lucha generacional, cuando incluso el sistema no es sincero con los baby boomers, con los pensionistas. ¿Por qué? Porque estos pensionistas, muchos de ellos, van a acceder a una sanidad mucho peor que la que ya están accediendo sus hijos. Si el motor está gripado y no está ofreciendo mejores salarios ni mejores condiciones para entrar a la vivienda, de tal manera que a un joven se le come todo su salario, esos contribuyentes no pueden sostener una buena sanidad, y esa generación baby boom es mucho más longeva, por lo cual tendrá más necesidad de esa sanidad. ¿Qué va a pasar? También va a sufrir, porque ya está pasando que hacen la hipoteca inversa, la nuda propiedad, para complementar sus cuidados, para tener a una persona que les cuide o para ir a una sanidad privada o complementaria. Creo que como esto va de estado del bienestar, que es lo que hay que defender frente a estas tesis de que esto es para destruir el estado del bienestar, es que ya tienes un estado del bienestar peor. Mientras vivimos en esta calma chicha donde los padres tapan las carencias de sus hijos, ningún político se va a esforzar en hacer que la vivienda sea la prioridad absoluta, en ver cómo conseguimos mejores salarios. Porque ya el sistema está dopado y tapado para que parezca que hay paz social. ¿Por qué no están los jóvenes incendiando las calles? Porque todavía no hemos visto esa pobreza descarnada. Cuando los baby boomers ya no estén, vamos a ver esa pobreza muy descarnada y una sociedad muy desigual.
DANIEL GASCÓN: Hay una cosa que dices sobre la vivienda, que es uno de los grandes factores de esa brecha: que de la situación actual también se beneficia mucha gente. A veces se dice que siempre son los fondos buitre, y luego dices que las sociedades de inversión son una parte bastante pequeña, pero hay mucha gente que se vería muy perjudicada si bajaran de precio los pisos.
ESTEFANÍA MOLINA: Exactamente. En el libro culpo de los grandes males del estado del bienestar al bipartidismo, no porque considere que los extremos son mejores, sino porque son los que gobiernan. El bipartidismo sabe muy bien quién es su votante. Si hoy le viene perfecto ciertos discursos de extrema izquierda según los cuales el problema es el fondo buitre, el problema es el piso turístico, es porque al bipartidismo le viene bien que circule eso. Pero eso no es verdad, ese no es el problema. Las sociedades de inversión, los llamados fondos, son el 8% del parque de alquiler. Este no es el problema. Los pisos turísticos en Barcelona son el 1,3% del parque de alquiler, no es el problema, pero todos los relatos pivotan alrededor de eso. ¿Cuál es la trampa? Hoy mucha gente puede seguir siendo clase media como la entendíamos antes porque complementa sus rentas con un piso de alquiler. Esa es la trampa. Hoy el problema de la vivienda, tristemente, creo que el bipartidismo en el fondo lo sabe, y si no lo sabe, es el equilibrio homeostático que se sostiene en este país: si el niño no se puede emancipar, ya se quedará en casa de sus padres. Hoy 6 millones de jóvenes entre 18 y 34 años dicen que o viven en casa de sus padres o sus padres les ayudan. Una dependencia total de los padres. Y en el fondo perciben que su votante, más del 90%, tiene el piso en propiedad o pagado. Y aquí está la trampa, y pongo datos: mucha gente está pudiendo volver a ser esa clase media de antes gracias a esas rentas del alquiler.
Voy a poner datos. Hay mucha demagogia con que los propietarios son los más ricos de esta sociedad. Sí, sí lo son. Pero veamos la composición de esta sociedad. Hoy un inquilino cobra entre 19.000 y 26.000 euros. Su propietario, su casero, incluyendo las rentas del alquiler, está en una pinza de unos 50 a 56.000. Incluyendo las rentas del alquiler, ¿50 o 56.000 es probablemente lo que cobra un 5% de la gente en España? Sí, vale, asumimos. Vale, ¿pero tú me estás queriendo decir que esas rentas, en el hogar de un casero, son el hogar de un millonario? Aquí está la trampa. Yo no puedo comprar que una persona que ingresa 2.500 o 3.000 euros es un millonario. Si me dices que esto es un millonario, qué mal están los millonarios en España. Ya hemos llegado a un punto en que dices: claro, es el doble que un inquilino. Sí, lo es, pero eso es la media, y son datos cruzados de la Agencia Tributaria y otros organismos oficiales, incluyendo las rentas del alquiler por hogar del casero. Y en ese hogar a lo mejor hay un abuelo, a lo mejor hay niños, a lo mejor hay una pareja. Esa es la trampa: como ingresa eso, y creo que sin ingresar esas rentas la renta media del hogar del casero estaría en unos 40 o 45.000, ¿también esto es un millonario? Esta es la trampa de este país. Claro que está un poco mejor, claro que puede acceder a ser una clase media que ya no existe, pero tampoco me diga usted que esto es un millonario. Esto es lo que explica por qué no se pone coto al tema del alquiler: no va de ultramillonarios, fondos buitre y demás. Algunos hay, claro que sí, pero básicamente es la clase media de antes. ¿Quién es propietario en este país? El 92% de la propiedad son familias. El Banco de España dice que la propiedad no está concentrada, está en manos de pequeños propietarios. Esta foto te muestra cómo el sistema logra sus equilibrios, pero les viene bien que circulen discursos de extrema izquierda diciendo que estos son los poderosos, y luego te dicen: “Pero fíjate, en el último año los pisos que se compran son a tocateja.” Claro, por supuesto. Cuando tú no haces nada para solucionar el problema de la vivienda, los precios no hacen más que subir, hay escasez de oferta, algo que también se niega, y una demanda muy elevada porque crece la población, claro que los precios se disparan. ¿Y quién puede pagar eso? ¿Una familia normal? No. Lo puede pagar un millonario, a tocateja, un inversor extranjero o de aquí. Tú mismo has creado que el único que puede acceder a la propiedad sea el que lo tiene calentito en el bolsillo, no una familia media.
DANIEL GASCÓN: Claro, un narco que tenga que lavar dinero.
ESTEFANÍA MOLINA: Claro. ¿Quién puede dar hoy en día la entrada de un piso? A lo mejor son 30, 50 u 80.000 euros. ¿Qué familia media o corriente de este país los tiene? Entonces, claro que no.
DANIEL GASCÓN: Es muy asombroso ver, cuando se habla de la vivienda, el tabú en parte de la izquierda con la construcción. Dices que claramente lo que pasa es que hay pocos pisos disponibles, y parece que eso sea un tema tabú.
ESTEFANÍA MOLINA: Claro. Al final escribí un día un artículo en el periódico, “Construir vivienda no es facha”, lo titulé, porque hemos llegado a escuchar en este país que construir es porque tenemos intereses inmobiliarios. Y digo: a ver, yo vivo de alquiler, no sé qué intereses inmobiliarios son estos. ¿Qué me convendría más a mí? Que se aplicaran políticas de reducción al 50% de los alquileres. Pero hemos llegado a un punto donde se coge la crisis de austeridad, que generó un trauma muy fuerte en España, para elaborar un relato según el cual se construía mucho y no bajaban los precios. Pero esto no es verdad: no había una burbuja de construcción, de oferta, era una burbuja crediticia. Se daba crédito de forma barra libre, muy fácil, los pisos estaban inflados por encima de su valor, fue una burbuja de crédito. En el momento que pinchó la burbuja, los precios volvieron a su valor real.
DANIEL GASCÓN: Lo que estaba inflado era el préstamo.
ESTEFANÍA MOLINA: Claro, yo iba a la universidad y recuerdo estas cosas que se decían: te dan un préstamo y luego te metes un viaje al Caribe y te compras otro coche nuevo. Estas cosas pasaron, y esto ya no ocurre. Por tanto era una burbuja crediticia. Y esto es la ley de la oferta y la demanda. No entiendo por qué se quiere negar la ley de la oferta y la demanda. Se cogen casos estrambóticos de cualquier país, siempre edulcorados. Se dice, por ejemplo, que en países de Europa del Este se está construyendo y no bajan los precios, y tampoco crece la población. Claro, porque había muchas familias antes que vivían siete en un piso. Sí, pero hay una confusión entre demanda y población. A mí me han llegado a decir estos gurús económicos que salen bajo las piedras con el discurso de la extrema izquierda, siento decirlo así, pero es el discurso que es, que hay pueblos donde cae la población pero no bajan los precios. Y digo: claro, porque la demanda se mantiene. A lo mejor hay menos gente, pero lo que antes vivían seis personas y el abuelo en un piso, ahora hay gente que ya puede acceder por separado, gente que con su salario se puede ir de casa de sus padres porque tiene un trabajo, y antes no. Se confunden términos para que al final siempre haya un poder oscuro y un poderoso detrás, cuando esto es matemático. El bipartidismo es el sistema de los baby boomers. Si el bipartidismo no mueve un dedo, pregúntese usted a quién le conviene. Seguro que no es un fondo opaco.
DANIEL GASCÓN: Además, hay sitios en los que ni bajan los precios ni se venden, porque nadie quiere comprar, así que es un precio inexistente. Esto pasa, por ejemplo, con casas en pueblos de Teruel: dices que está muy cara, pero tampoco la compra nadie, entonces da igual, porque es un precio que no existe. Y en España sí que hemos tenido un aumento de la población, que se ve en las infraestructuras. Hubo un reportaje en El País de Alicia González hace poco que decía que es un país de 50 millones con infraestructuras de 40 y también con viviendas pensadas para unidades familiares mucho más grandes que las de ahora.
ESTEFANÍA MOLINA: Claro, aquí hay varias cosas. La primera: luego se dice “no, los pisos en algún lado están.” Si la gente se está concentrando en las urbes porque ahí están los mejores trabajos, que haya un piso vacío en la carretera de Teruel no soluciona el problema de la vivienda en Madrid y en Barcelona, donde está la mayor densidad demográfica. Luego, los 3,8 millones de viviendas vacías que decía el INE: el INE sacó esto a partir del censo de la luz, pero ha habido estudios de catedráticos solventes que han ido a mirar, en Barcelona se decía que los pisos ya estaban, el gobierno de Ada Colau lo reconoció, y se descubrió que no llegaban ni al 1% de los que esperaban encontrar.
Y luego hay algo que me apena profundamente. Cuando decimos que crece la población y que necesitamos más vivienda, he llegado a escuchar que esto era un argumento de la ultraderecha, y digo: oiga, esto no es un argumento de la ultraderecha, porque lo que viene a decir es que estás culpando al inmigrante. No, el inmigrante no tiene ninguna culpa del problema de la vivienda en España, el inmigrante viene a buscarse la vida. Pero si somos más, si parte de la política del actual gobierno es lucir crecimiento económico, donde uno de los pilares fundamentales es crecer al peso porque vienen personas migrantes a trabajar, creo que esto lo dice Rallo, el gobierno quiere lo bueno de la inmigración, que hace crecer el PIB, eso necesita una dotación, lo que dices de las infraestructuras, y también somos un país de muchos turistas-
DANIEL GASCÓN: Creo que son 100 millones que vamos a recibir este año.
ESTEFANÍA MOLINA: Entonces crecemos en población por varios motivos. No estamos culpando ni al turista ni al inmigrante, pero a la vez hay que asumir que necesitamos más pisos. Hoy estamos viendo hasta qué punto el problema de la vivienda perjudica a la gente pobre, y entre la gente pobre también está el migrante, porque ocupa profesiones, son datos de la revista Nature, un 29% menos de salario, porque son profesiones más precarias: hostelería, agricultura, construcción. Hay que no hacer una postilla de esto: atraemos el tipo de persona migrante que necesita nuestra economía, esto no es Silicon Valley, aquí no van a venir el ingeniero indio o pakistaní a trabajar en las tecnológicas, porque no es esa la economía española, nuestros titulados se marchan, nuestros médicos se marchan. Entonces estamos atrayendo grupos de trabajo que cobran menos. Hoy hay muchas personas migrantes, y también personas más precarias de nuestro país, viviendo en el llamado chabolismo vertical: en un piso, una familia en una habitación, otra familia en otra habitación.
DANIEL GASCÓN: Como en el franquismo. Mi familia recuerda que vivían así: mis abuelos en una habitación, en la de al lado alquilada a otra familia del pueblo, y en otra la hermana de mi abuela con su marido, todos en Zaragoza buscándose la vida.
ESTEFANÍA MOLINA: Mis abuelos me lo han contado también, que antes había dos familias viviendo en un piso, lo que tú dices de tu familia. Me gusta esa idea: queremos lo bueno de la inmigración, que aporta cosas a la economía, obviamente, pero luego no vamos a mover ni un dedo para complementar eso, y luego es fácil que vengan partidos de ultraderecha con ese discurso, porque hacen que la gente asocie el problema al que acaba de llegar. El problema es que la administración no ha movido un dedo, pero no podemos decir que el crecimiento poblacional implica que necesitamos más vivienda y que eso son argumentos de ultraderecha, no se sostiene por ningún sitio. Todo el tiempo el sistema pone en circulación argumentos que solo sirven para que la clase política nunca tenga culpa de nada. La culpa siempre es de alguien, pero no de los que mandan.
DANIEL GASCÓN: Estaba pensando en estos argumentos que a veces se dan, aunque ahora has hablado de los más vulnerables, que siempre son los más perjudicados en estos problemas. Recuerdo que hace poco una tribuna en El País te contestaba y decía: “Bueno, pero esto no es un problema generacional, es un problema de clase.” Como cuando se ha hablado de las cuestiones de género, y parecía que no hubiera clase en los problemas de género, que también la hay.
ESTEFANÍA MOLINA: Exactamente. La clase es algo que interesa sacar en algunas cosas y en otras no. No es lo mismo una mujer de clase alta que una de clase media o una de clase humilde, se va a enfrentar a casuísticas muy distintas aun siendo mujer. El otro día sacó The Economist un artículo, y dije: bueno, si lo dice The Economist… luego me dirán que The Economist tiene intereses de otro tipo cuando saque datos buenos del Gobierno, entonces ya no será una fuente solvente. Pero hablaba de eso, y pensé qué bien que con qué desacomplejamiento lo dice en la columna de Charlemagne, que es la mirada europea, del corresponsal europeo. Decía que antes la desigualdad en Europa estaba muy atravesada por el este o el oeste, por el bloque del Este que se integró, y hoy era una cuestión generacional. Y te dicen: “Es cuestión de clase.” Y yo digo: bueno, pues otro topicazo. Los que tenemos las tesis generacionales nunca lo hemos negado, es más, no solucionar el problema generacional agrava el problema de clase. Como decíamos antes, si hoy el bienestar lo proveen los padres, no es lo mismo el bienestar que pueda dar un gran empresario a sus hijos que el que pueda dar un señor que trabaja en la construcción. Pero el bienestar está en los padres. No mover un dedo para que los salarios sean mejores en este país, vía productividad y no vía tener más trabajadores, no mover un dedo para arreglar el problema de la vivienda, perjudica a la persona humilde y agrava el problema de clase. Claro que es una cuestión de clase agravada por la cuestión generacional, pero no lo ven así. Esto lo hablaba mucho con mi madre. Cuando dicen, por ejemplo, sobre el tema de la vivienda, que es un factor que empobrece mucho a la gente joven: incluso si los salarios fueran igual de bajos, con que la vivienda fuera un poco más asequible, el problema no sería tan evidente. Mi madre dice: “Claro que en los años 80 los intereses eran del 17 o 18%, eran muy altos.” Sí, pero la gente tenía más capacidad de ahorrar y de entregar mucho más dinero en el momento de la compra. Y la prueba es que mucha gente hoy ya tiene la vivienda pagada. Hay gente joven que con 50 o 60 años no va a tener la vivienda pagada, a lo mejor se muere y no la ha pagado.
DANIEL GASCÓN: Hay que ver los años de sueldo a los que equivalía una vivienda, eso lo pones.
ESTEFANÍA MOLINA: En los años 80 eran como tres años y algo de salario, ahora son 11 o 14 según el sitio. Si te vas a los datos de qué franjas generacionales han mantenido o incrementado su renta desde la crisis de austeridad, las personas mayores de 60 años la mantienen, el resto de grupos caen en picado. Hay políticas detrás, pero también es una generación que tiene su vivienda más o menos asequible, su hipoteca pagada o acompañada por pensiones, o que en su ciclo de vida pudo tener ahorros.
Claro que es una cuestión de clase incentivada por el tema generacional, pero en muchas de estas tribunas que me contestan veo una pereza de pensar. Porque, vamos a ver, ¿por qué crees tú que hoy el discurso a la izquierda del PSOE no seduce en absoluto a los jóvenes? Porque hacéis el discurso del sistema. Yo hoy no veo diferencia entre lo que se dice a la izquierda del PSOE y lo que dice el PSOE. Bueno, ahí podemos también hablar de si el PSOE se ha acercado a ellos. Pero hoy la izquierda que debería impugnar el sistema es la pata más útil al sistema con sus discursos sobre quién es el culpable de la vivienda: todo menos la ley de la oferta y la demanda, con discursos de que esto solo es un tema de clase, pero nunca abordan el tema generacional. Claro que hoy la gente joven se ve seducida por otros discursos a la derecha del PP, porque les están hablando de esos temas generacionales. Me sorprende que se siga insistiendo en eso, y Jon González lo decía: es un tema generacional. Antes, siento decirlo así, mal se te tenía que dar si ibas a la universidad, que llegaba mucha menos gente, y con ese sueldo no podías tener una familia o un piso; eso lo tenía gente que ni siquiera era universitaria. Hoy tienes todos esos requisitos y no has alcanzado ese bienestar en muchos casos. No entiendo por qué no quieren el tema generacional, porque creo que les obligaría a destapar la realidad: que muchas de las políticas que hacen benefician tanto a Amancio Ortega como al señor que trabaja en la obra, porque solo buscan votos en una generación. Y eso a una parte de la izquierda le dolería muchísimo: aceptar que sus políticas sirven para que el que ya tiene algo, o tiene bastante, perpetúe su situación.
DANIEL GASCÓN: ¿Y por qué crees, en cifras, que las propuestas de Vox, o la crítica de Vox, porque yo a veces no sé cuáles son las propuestas, atraen más o suscitan más cercanía entre los jóvenes?
ESTEFANÍA MOLINA: Claramente hoy la brecha generacional que más absorbe es Vox. Y, como tú dices, muy bien visto, ¿cuáles son las propuestas? Creo que las propuestas ni siquiera solucionarían la cuestión generacional, pero hoy están absorbiendo el malestar, y lo saben. También está pasando algo curioso en Vox: hay una brecha generacional entre los cuadros jóvenes y los mayores, y la inmigración es su gran tema. Ahí ya hay una brecha generacional. Veo, por ejemplo, a un Girauta, a un Hermann Tertsch, que son muy hispanistas, por lo cual para ellos la inmigración no les parece tan mal, siendo un partido que está en contra de la inmigración, si es un migrante hispano.
DANIEL GASCÓN: Sí, creen en la hispanidad, en la cultura común.
ESTEFANÍA MOLINA: Exactamente, ellos tienen esta idea del imperio español. En cambio, ves a gente tipo Carlos Quero cuya crítica a la inmigración es a toda la inmigración, que es mucho la línea de Silvia Orriols, Aliança Catalana en Cataluña.
DANIEL GASCÓN: El chovinismo del bienestar.
ESTEFANÍA MOLINA: Exactamente, leí a un autor sobre eso, no recuerdo cómo se llama, me parece muy interesante el chovinismo del bienestar. Entonces, ¿por qué probablemente el discurso de Quero pega más fuerte, incluso dentro del propio Vox, que el de Girauta o Tertsch? Porque hoy, cuando hablamos de inmigración, al menos el rechazo que yo veo que genera en muchos jóvenes, claro que habrá gente que es xenófoba y racista, esto en toda sociedad hay un porcentaje, es que muchos jóvenes se ven compitiendo por los recursos con el migrante, por lo cual les da igual su nacionalidad, el imperio español y la hispanidad. Pero Vox a veces hace esa trampa: critican al menor migrante del norte de África, o critican a la persona marroquí, como hace Abascal, y luego la gente le dice en redes: “Perdona, la regularización mayormente ha sido a personas latinoamericanas, ¿por qué no las criticáis?” Gente de su cuerda. Ellos saben que su idea de sociedad es más la hispana, o que aspiran a sacar votos en ese segmento, como creo que también Ayuso tiene la mirada puesta en ese votante. Pero la gente joven se ve compitiendo en recursos, vivienda y salarios, piensan que son más personas, por lo cual piensan que necesitamos que venga menos gente. Esto lo dice mucho Carlos Quero. A la vez, ciertos jóvenes que a lo mejor no son titulados van a competir en profesiones más precarias con el migrante, e incluso en medicina: tenemos médicos que se marchan y vienen otros, y para un médico mexicano puede ser muchísimo mejor vivir en España, aunque sea por cuestión de seguridad y otras prestaciones, no solo salario.
Escribí un artículo diciendo que no podíamos verlo solo como un tema de xenofobia o de racismo, sino que también hay esa sensación del penúltimo contra el último, competir por los recursos. Este relato se dice menos, y está muy elaborado: mucha gente que veo en redes secundando el ideario de Vox tiene estas peleas. ¿Sería la solución que no venga ningún migrante? A mí me lo dicen embajadores de otros países: Japón es un país donde se ve descarnadamente qué pasa cuando la gente no quiere inmigración, hay profesiones que ya no hace nadie, necesitan gente que construya. Y como es un país que no quiere inmigración, la que atrae no tiene la ventaja que tiene la nuestra, que es culturalmente más parecida o habla el mismo idioma. Que no necesitamos inmigración no es verdad, siempre aporta, pero para muchos jóvenes es más la lucha por los recursos lo que les despierta esa atracción por Vox. Incluso dentro del pack de ultraderechas, hay un componente liberal: como la izquierda no quiere ni hablar del problema que tiene nuestro estado del bienestar, del envejecimiento, de las pensiones, esto se está yendo a discursos liberales, esto de “la motosierra” y demás.
DANIEL GASCÓN: Tienes un capítulo que habla de eso.
ESTEFANÍA MOLINA: Sí, exacto. La motosierra de algún modo es una cuestión de impuestos, de a dónde van las prioridades de este estado del bienestar. Pero luego también hay una idea de refundación de un sistema donde se sienten muy atrapados, que no les da oportunidades, y hay que empezar de nuevo, algo adanista. La motosierra es algo para empezar de nuevo.
DANIEL GASCÓN: Hemos tocado cosas del PSOE, de la extrema izquierda, de Vox, y por ejemplo el PP, ¿dónde lo ves ahí?
ESTEFANÍA MOLINA: Pues mira, yo creo que el PP, a diferencia de lo que se suele decir, forma parte del consenso socialdemócrata en el que está el PSOE. Pero con un agravante: el problema que tiene hoy el PP es que, al final, si todo va bien, en cualquier país hay alternancia, un día gobiernan unos, otro día otros, eso es lo lógico y lo sano en una democracia. Cuando el PP llegue al poder, su gran problema es que la gente ya ha empezado a intuir que no va a cambiar absolutamente nada. Hoy el PP se puede poner estupendo y decir que el gobierno ha subido impuestos, que ha subido las cotizaciones sociales, a los autónomos, todo lo cual lo va a mantener el PP. Vale, pero ¿por qué? Porque es poco honesto el debate en España. El PSOE ha hecho más que nadie: en el año 24, la mediana de personas mayores de 64 años ganó más que la mediana de personas en edad de trabajar. Han sido las políticas revalorizadoras de pensiones, el cine a 2 euros, todo esto que es como increíble. La única prioridad del gobierno, siento decirlo así, es la generación baby boom.
DANIEL GASCÓN: El grupo con más gasto también.
ESTEFANÍA MOLINA: Claro, son los que más pueden gastar porque son los que más posibilidades tienen. El PSOE ha hecho como nadie para acentuar la injusticia generacional. Pero seamos honestos: más allá de lo que han querido dar de más a sus votantes, tienen detrás un problema de envejecimiento. El PP tiene el mismo problema: cuando llegue no puede bajar las cotizaciones, ni a los autónomos, ni muchos impuestos. ¿Por qué? Porque tiene que sostener, como digo yo, la gerontocracia, y a la vez tiene que hacer otro tipo de políticas sociales porque tenemos ya bolsas estructurales de pobreza en este país: necesitas mantener pensiones, ingreso mínimo vital y escudo social. Porque si quitas todo eso, no quiero ni imaginar la pobreza que habría en este país. Fíjate que el PP podría haber venido engañando a la gente diciendo que cuando llegue bajará las cuotas de autónomos, pero ni lo dicen, porque saben que no pueden. Esto es una crítica que se le hace a los economistas del PP: que se mueven en el consenso socialdemócrata, y ese consenso nos ha dado este estado del bienestar que tiene problemas estructurales. Creo que mucha gente ya se ha dado cuenta de que el PP no va a hacer nada distinto. También lo digo por pereza de pensar: no sé cómo es tan imposible sentarse un día y decir “repensemos el mercado laboral, repensemos qué se está produciendo en este país, repensemos las titulaciones.” No sé cuántos son, pero pongamos 500 periodistas al año; podríamos hacer que de esos 500, 100 los absorba el mercado y 400 se desvíen a otras profesiones que tienen más precariedad.
DANIEL GASCÓN: Claro, es que si no se tienen que dedicar al espionaje o a la extorsión.
ESTEFANÍA MOLINA: O luego vienen los minijobs, ¿no? O yo tengo muchos amigos que se han hecho funcionarios. El otro día alguien me dijo: “Los jóvenes no estáis tan mal porque podéis emigrar, antes esto, como no teníamos idiomas, no podíamos.” Y digo: vaya, o ser funcionarios, emigrar o funcionarios.
Yo viajo mucho, como sabes, por los países del Este de Europa, que me gustan. Un día en Lituania me dijo una de las guías turísticas que allí, si querías ser, no sé, historiador, no podías, porque el mercado absorbía solo a tantos, y la oferta educativa estaba diseñada según lo que necesitaba el mercado laboral. Sería triste decirle a la Estefanía de 18 años “no puedes ser periodista”, que era el sueño de su vida, pero para un caso de éxito a lo mejor hay muchos que no. Creo que el principal problema que tiene el PP, y esto también lo escribí en un artículo, es que la gente ya asume eso, y por eso hay esa ansia de votar a Vox: el PP va a mantener muchas cosas del PSOE. Cuando el estado de las políticas para cuando llegue al poder es la ley de costas, y esto generó mucha chanza en redes entre gente que vota a la derecha, o la financiación del ELA, oye, eso sí me parece importante, pero no hay ninguna política de cambio estructural de la economía. La gente ya se ha olido que el PP va a gestionar lo que ha hecho el PSOE. Ese es el principal problema del PP, y luego tiene otros muchos: ha tenido casos de corrupción, tiene una relación no resuelta con Vox, tiene otros muchos más. Pero creo que lo principal es que, si alguien cree que esto es la alternativa… el sistema ya no genera alternativa.
DANIEL GASCÓN: Mucha gente dice que la única solución para el problema demográfico y para nuestra economía es la migración. Sin embargo hay estudios que se fijan más en la natalidad, en la permanencia de los que llegan, en la edad que tienen los que se quedan, o en las cotizaciones sociales que ponen en duda eso, que por otra parte es un argumento que a mí me parece un poco utilitarista. Puedo entender que venga bien, pero defendería la inmigración por otras razones.
ESTEFANÍA MOLINA: Claro, al final a veces tenemos argumentos para defender la inmigración que a mí me sonrojan. Decir “quién hará las profesiones precarias”, hombre, son seres humanos. Lo que estás diciendo es eso, utilitarismo: que alguien venga a hacer la profesión que nadie quiere. A mí me gustaría que fuéramos un país donde quien venga también aspire a un ascensor social, no que diga “hay que pagar las pensiones” como si fueran divisas estas personas. Son seres humanos, pero también ahí está la crueldad del sistema. Estaba leyendo una noticia que decía que las personas más pobres de la sociedad hoy son jóvenes inmigrantes en muchos casos, y que el problema de la vivienda se está focalizando mucho en personas jóvenes e inmigrantes. Entonces usted se vende como persona solidaria porque ha permitido la llegada de una inmigración que, cuando llega aquí, sufre como el que más, como el que ya estaba aquí. No se le está garantizando a ese inmigrante unas condiciones de vida mucho más dignas, porque además, y lo estamos viendo, España trae la inmigración que necesita por modelo económico, y son profesiones más precarias. Muchas personas con estudios, inmigrantes que a veces son chóferes de VTC, dicen: “He venido aquí, estoy haciendo esta profesión, pero tengo estos otros estudios y no estoy pudiendo prosperar”, o “he querido fundar un negocio y no prospero.” España es letal para el emprendedor. Mucha gente viene por el idioma, pero luego ve que ni siquiera el idioma le permite progresar más.
Otra cosa, esto son datos de la revista Migraciones: que la demografía se soluciona con la llegada de inmigrantes porque tienen más hijos no es verdad. Ya en origen muchas culturas están teniendo menos hijos.
DANIEL GASCÓN: Eso lo ha contado mucho Fernández-Villaverde.
ESTEFANÍA MOLINA: Las personas africanas todavía tienen una natalidad elevada, pero las latinoamericanas ya en origen han caído. Cuando vienen aquí, además, enfrentan un cambio cultural: esas mujeres se van a relacionar con una sociedad donde el papel de la mujer ya no es solo la familia o ser madre, hay otras pretensiones, otras ilusiones. Y luego la precariedad que golpea a nuestros hijos, y los sueldos más bajos que cobran, garantizan, uno, que esto no es la solución al estado del bienestar; dos, que esas personas también sufren como el que estaba aquí; y tres, me preocupa que simplemente quieran migrantes para maquillar el PIB, porque eso es lo que parece: “ha crecido la economía”, mientras esa gente enfrenta realidades complejas en su día a día. Regularizarlos siempre va a ser mejor que no regularizarlos, por supuesto, faltaría más que la gente tuviera que estar en negro encima de estar trabajando. Pero tampoco se le está ofreciendo un horizonte mejor a esas personas, y eso no se dice. Es muy utilitarista siempre el argumento. ¿O realmente tenemos políticas de integración?
DANIEL GASCÓN: Supongo que lo que te dirían es: bueno, algún horizonte tienen, porque vienen.
ESTEFANÍA MOLINA: El otro día vi a una señora que me partía el alma, contaba que ella estaba con sus tres hijos en una habitación de un piso, y vi comentarios terribles en redes, ya te puedes imaginar. A mí me dio mucha pena: esa mujer asume que se va a sacrificar soñando con que sus hijos tengan un mañana mejor, eso lo habría hecho cualquiera de nuestros padres, eso es así. Pero esos muchachos, el inmigrante no te va a alterar el estado del bienestar ni a mejor ni a peor, pero esos niños, cuando estudien, el estado del bienestar que hay en España es el que ya había antes de ellos, los sueldos precarios son los que hay en este país aunque estudien y progresen. Todos son parches: van a sufrir el inmigrante de primera, segunda, tercera generación, como el español, como nuestros padres, los que vienen y los que ya estaban. Todos son parches, nunca hay una mirada a largo plazo. Digo también en el libro que esto es parte de la crisis de la Unión Europea, no es solo cosa de España, el motor se ha gripado en la Unión Europea. Hay muchas iniciativas ya, el informe Draghi, primeros ministros protestando contra la Comisión, donde hemos tenido una serie de políticas que hacen que Europa, que ya de forma natural se queda atrás frente a gigantes como China, cada vez más se ponga trabas y piedras a su propio crecimiento: excesiva regulación, y con la IA hay un discurso de criminalización absoluto. Perdonen, pero esto va a ser el futuro en otros países, y aquí lo vamos a dejar de criminalizar cuando veamos que en otros países crecen gracias a esto y nosotros no. Ya hay iniciativas que hablan de que la competitividad europea ha pegado un frenazo, esto es parte del problema también. Y, como decíamos de las personas migrantes, tampoco hay honestidad en reconocer los datos. No creo que sea criminalizador hacer un estudio profundo, como ya hacen algunos economistas como Fernández-Villaverde, sobre cuál es la aportación al PIB: la tesis viene a ser que un estado del bienestar debe atraer aquello que mejor le venga. Pero, como decíamos, tampoco España es primera potencia tecnológica para atraer científicos.
DANIEL GASCÓN: Te quería preguntar: ¿qué es el “pacto del legado”?
ESTEFANÍA MOLINA: Mira, el pacto del legado no es ni más ni menos… creo que es la primera vez que lo voy a decir así de sincero. Un amigo mío me dijo: “Mi madre te escucha y te lee, es boomer”, y su madre es socialdemócrata, y dice que comparte muchas de las tesis.
DANIEL GASCÓN: Los boomers son, has dicho, ¿como del 60 al 75?
ESTEFANÍA MOLINA: Justo, vamos a ver: los boomers son el periodo de crecimiento en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, por tanto son años 45, 50 y algo. En España fue el desarrollismo. En puridad, yo le he puesto una pinza muy ancha, pero son años 60, del 58 al 70 y algo. Y luego la generación X levanta la mano más o menos en los años 60 finales, 70 principios. Su madre dijo que comparte muchas tesis de la clase media de los jóvenes, pero le echa para atrás que parezca una lucha generacional. Y también lo entiendo: ha habido libros que parece que quieran culpar a nuestros padres de haber crecido en una bonanza, o esa es la lectura que se ha extraído. Yo no culpo a quien vivió: no puedo culpar al que vivió en el Neolítico, como no puedo culpar al que vivió en los años 80 en España, ni nos pueden culpar a nosotros como ciudadanos de esta situación que tenemos ahora.
El “pacto del legado” fue intentar explicar que en el fondo no es una lucha de generaciones, no es un suma cero. En alguna cosa sí habrá que hacer algún ajuste, pero en el fondo, si el sistema no provee bienestar para los que suben, lo que le vengo a decir a los boomers es: no se crea usted que su vida ya es ese sueño de estado del bienestar y ascensor social que pudo vivir y que le han prometido los políticos en este país. Si los salarios de sus hijos no son mejores y no se hace nada, sus pensiones no van a poder ser buenas. No hace falta que venga ninguna motosierra a llevárselas por delante, puede venir una crisis y llevárselo todo. Cuando España tuvo la crisis de austeridad tan brutal, España tenía un 40% de deuda pública sobre el PIB. Hoy estamos por encima del 100. En aquel momento, hacer recortes fue horrible para la mayoría de la gente; en un país cuya deuda está por encima del 100 y cuyo crecimiento no es el del boom inmobiliario previo, no hace falta que venga ningún malvado a recortar pensiones, ni siquiera una crisis: sus hijos no van a poder, y usted mismo va a ir a una sanidad peor, y quien se la pueda pagar mejor lo hará, pero a lo mejor usted no.
Era intentar explicar cómo, en el fondo, esto son los cimientos del estado del bienestar y perjudican a todos. Tampoco me parece un buen argumento, como he visto en algunos supuestos progresistas, decir “qué suerte que al menos están los abuelos con la pensión.” Eso fue algo puntual en la crisis de austeridad, cuando menos mal que estaba el abuelo y la gente iba a comer allí. Pero ahora es estructural. Hubo una ex vicepresidenta de este país, la de Hacienda, Montero, que dijo que los pensionistas no quieren la pensión para ellos, que es para mantener a la familia, y esto se quiso hacer pasar por un argumento progresista. Pero eso ya es asistencialismo, ya no es socialdemocracia emancipadora. La socialdemocracia que buscaba emancipar al individuo habría visto esto como una tragedia, y yo lo veo como una tragedia. Siento que me he quedado en una ideología del pasado, que era: quiero un país que te dé oportunidades, y cuando tú las tengas en igualdad con otros, ahí ya peleen por quién le va mejor. Pero ya no va de eso, va de que está todo tan mal que por lo menos no vas a caer en la miseria.
El pacto del legado es intentar explicar cómo un país no se sostiene siempre bajo la idea de “mi pensión, ando caliente” o “estos niños siempre se están quejando, esfuérzate un poco más”, este argumento es terrible, “no tenéis pisos porque vais de cervezas.” Mi madre dice: “los bares también estaban abiertos en los años 80, la gente fumaba más, aunque era más barato fumar.“ Mi abuela era una mujer empoderada porque en su época fumaba, iba con minifalda, habían emigrado a Suiza y cuando regresaron ella venía supereuropea. La gente fumaba, iba a los bares, hacía vida en la calle, iba al baile. ¿Cómo que antes la gente no hacía ocio? A veces alguien dijo una maldad: “Los boomers a veces nos quieren hacer creer que su juventud fue la de la posguerra”, y esto no es verdad, fue otra.
DANIEL GASCÓN: Los que se jubilan ahora no son los que salen de la posguerra, son los de la bonanza económica.: la entrada en la Unión Europea, el aumento de los salarios…
ESTEFANÍA MOLINA: Justo, exactamente. Y nadie le dice a los boomers, que creo que es donde les duele, “usted lo tuvo fácil”, como si te echabas a dormir y te caían tres pisos y dos sueldos millonarios. Esto no lo ha dicho nadie. Pero entienda usted que cuando se esforzó, porque todo el mundo se esfuerza, en todas las generaciones, era más fácil obtener recompensa que ahora. Hay gente que se esfuerza y no la obtiene. Eso es lo que intento explicar, que revienta la legitimidad del sistema. Un sistema donde tú te esfuerzas y no obtienes recompensa te condena al nihilismo, a la desidia, a la frustración, y entonces quieres que ese sistema reviente. Lo que legitima el sistema es “en este sistema yo me puedo realizar.” A mí me han llegado a decir que la clase media no ha existido nunca. Y digo: ¿cómo que no? Si los momentos en Europa en que más se ha diezmado la clase media son cuando ha habido el ascenso de los ultras, en los años 30 y ahora de otro modo. No es la misma ultraderecha, por suerte, es de otro tipo. Pero siempre que se diezma la clase media hay un auge ultra.
DANIEL GASCÓN: ¿Crees que la crisis de la democracia liberal está vinculada con la crisis de la clase media?
ESTEFANÍA MOLINA: Sí, cien por cien. Porque creo que la clase media es el motor de legitimidad democrática. ¿Por qué? Porque la gente ve un sentido en ir a votar y elegir opciones, porque siente que esos partidos se deben a su bienestar, y entonces ve legítimo el poder elegir. ¿Qué está ocurriendo ahora, por qué hay un auge autoritario entre muchos jóvenes? Porque les ha llegado la idea de que el progreso se puede producir sin libertades, y ahí quizá estamos muy bombardeados por relatos que circulan fácilmente en redes desde otros países. Pero creo que muchos jóvenes han llegado a la idealización del autoritarismo no porque piensen en el franquismo y digan “qué bien vivir sin libertades, qué bien debía ser aquello”, sino por otra vía: si una democracia no me ofrece lo que yo quiero, ¿qué sentido tiene votar y mantener a una clase política? Puede haber progreso con menos libertades. Esto lo piensa uno de cada cuatro jóvenes. Estos relatos están llegando también porque hoy, sobre todo en España, la pulsión más populista en el buen sentido, de empuje democrático desde abajo, que fue el 15M, la gente ve que ha terminado en una degradación absoluta: hay más partidos para seguir sosteniendo lo mismo que ya había antes. No es verdad que más partidos fiscalicen mejor, no hay más transparencia, no hay menos casos de corrupción, prácticamente parece que hay menos taquígrafos y menos luces, es un sistema camuflado en base a muchos más contrapesos. Creo que mucha gente joven, también bombardeada por las redes y estos relatos de otros países, ha llegado a creer eso. ¿Por qué? Porque la clase media tiene sentido si tú te puedes realizar. La gente de forma natural quiere libertades, pero esto es lo que no se ha dicho en la legitimación. A mí, cuando estudiaba, se me dijo que la democracia se legitimaba por lo buena y bonita que era, y que a partir de cierto nivel de renta ya se legitimaba para siempre. Pero hoy esto no es verdad. Nuestros padres legitiman la democracia porque vivieron la transición, están muy apegados al modelo que construyeron, pero también porque les dio resultados; ese binomio está unido. Y fíjate que algo bueno de los boomers también es que, si el bipartidismo es tan fuerte en este país, es porque los boomers son una generación muy fuerte. Los extremos no han derribado el bipartidismo porque es el sistema de los boomers, y todavía demográficamente son muy fuertes. No hemos ido a regresiones ni de ultraizquierda ni de ultraderecha; los partidos sistémicos han absorbido discursos, pero no gobierna ningún partido de los extremos, por los boomers. Esto es algo que la gente no ha llegado a esa conclusión, pero es una de las realidades. Los boomers también son los que nos han legado el inconformismo: ellos creían en este estado del bienestar, en esta democracia. ¿Cómo será la gente que suba y no pueda ir a casa de unos padres que le recuerden lo que fue ser clase media o creer en la democracia? ¿A dónde van a ir a encontrar ese referente que nos han dado nuestros padres?
DANIEL GASCÓN: Sí, o esa cuestión aspiracional. Para terminar, te quería preguntar: ¿te has sorprendido? Has tenido muchas reacciones positivas, pero también críticas, ataques. ¿Te ha llamado la atención que un libro que es político, pero más amplio que lo político, porque hay una especie de condena al sistema, haya generado bastantes cabreos?
ESTEFANÍA MOLINA: Cada vez que escribía sobre esto ya veía la reacción. Llevo escribiendo de esto cuatro o cinco años, desde que empecé a seguir a Jon, me gustaron sus gráficos, vi que ilustraba muy bien. Yo soy politóloga, no soy ingeniera ni economista, así que ver referentes del tema me ha nutrido mucho. Ya veía que esto era un tema que había que silenciar a toda costa, de forma brutal. Todavía sigo leyendo a gente que insiste en que esto es una lucha de clases, como si no se hubieran molestado ni en leer un párrafo de las tesis de quienes hablamos de esto, porque nunca hemos negado que hay un componente de clase, pero no quieren aceptar la cuestión generacional. A la vez la gente lo percibe como crítica al gobierno actual, por lo cual ya pierdes a la mitad del votante o del ciudadano, porque creen que lo digo para derribar a este gobierno. No, no tengo nada mejor que hacer. El libro es una crítica sistémica, como decíamos, crítica también al PP, que forma parte del mismo sistema, aunque quieran decir que van a hacer otro.
Sabía que me iban a atacar, tampoco lo hice por eso. El libro tiene una vocación muy personal: como ves al principio, siempre he querido saber cuál era mi ideología. Me gusta mucho la política, si pudiera decir claramente que un partido es el mío, me dedicaría a la política. Siempre me sentía, rodeados como estamos de gente que tiene clarísimo su partido, queriendo saber cuál era la mía. Y pensé: el ideal aspiracional de las clases medias, esta es mi ideología, es una especie de consenso europeo que hemos tenido, de democracia. Sabía que habría críticas. Lo que no esperaba, y de eso me he dado cuenta, es que mucha gente no ha hecho ni el esfuerzo de leerlo, ya lo ha estigmatizado. El otro día estuve en Valencia, en un acto donde había casi todo personas mayores, boomers, y salí entre aplausos, porque les llegó por primera vez todo esto que hemos hablado aquí. No les pareció descabellado, no les pareció extraño, no se sintieron insultados ni ellos ni su inteligencia ni sus vidas.
Lo que me sorprende es que un usuario de Twitter, a raíz de cómo se ha ido a por Jon González, dijo algo así: “Jon creía que si le ofrecías a la gente la verdad y los datos, ya estaba resuelto uno de los problemas de la democracia, que entendieran el tema generacional. Lo que no se dio cuenta es que esto no va de entender, va de representar intereses.” Hay gente representando intereses: si yo ataco sus políticas económicas, estoy derribando lo que está haciendo ese partido, por lo cual les da igual el ideal socialdemócrata, les importa que su partido esté en buenas condiciones. He tenido gente que defiende la lucha contra la pobreza infantil y a la vez ataca estas tesis. Me he dado cuenta de que esto iba de representar intereses. Creo que, igual que te ha pasado a ti como columnista, como persona con predicamento que escribe libros, quien te quiere entender te entiende. Pero hay gente que no es que no te haya entendido, es que no le conviene entenderte, y le conviene que se siga sin entenderte: esa especie de luz de gas, asumir que hay gente que, aunque ha entendido perfectamente lo que has dicho, va a seguir haciendo como que no te ha entendido, o que estás diciendo algo que no has dicho. Quizás viven de eso: a lo mejor es su partido, a lo mejor es quien les paga el sueldo, a lo mejor es lo que tienen que defender para no caer en desgracia en su entorno, que les provee oportunidades.
Lo que más me ha sorprendido es el cinismo. Yo también pensaba que cuando hiciera un libro muy currado, porque yo no soy economista, y para poder hacerlo he tenido que esforzarme mucho más que si hablara solo de partidos, lo leerían y me lo discutirían. Pero te siguen diciendo que has dicho algo que no has dicho, que quieres atacar a los viejos porque odias a tu familia. Y digo: pero si el libro está dedicado a mis padres, si el libro es una oda a los valores de mis abuelos y de mis padres, ¿cómo va a ser esto un ataque a nadie? Cuando se lo explico a mi madre, lo entiende perfectamente, no se siente atacada. Cuando lo he explicado en un auditorio me han aplaudido boomers, contentísimos de que les firmara el libro. Me he dado cuenta, y esto para la gente que escucha y que también quiere dedicarse al mundo de la influencia pública, de escribir, de hablar: no se preocupen, no es que no les hayan entendido, es que su vida depende de que no les entiendan, de que alguien crea que no se le ha entendido y ya está. Lo que más me ha sorprendido es el cinismo: pensaba que exponiendo los datos iba a ser un debate honesto, y no.
También sé que muchas de las cosas que digo aquí, cuando gobierne la derecha, quien hoy me ataca las va a decir. Por lo cual iré con esto que dicen los tuiteros del “yo ya lo dije”. Hay gente que cuando gobierne la derecha va a decir exactamente lo que se dice en este libro, porque lo podrá usar contra la derecha. Hoy han percibido que les atacaba a ellos.
DANIEL GASCÓN: Bueno, pues está muy bien, porque es un libro muy útil ahora para todo el mundo, y luego además va a seguir siendo útil para otros más adelante.
ESTEFANÍA MOLINA: Exacto, lo reedito con otros colores. Será como el gran libro contra el gobierno del PP, y si está Vox también será ahí el gran libro. Pero lo que ha dolido en parte, y auquí ya me desmeleno, es que las críticas siempre duelen más si creen que las ha dicho alguien que percibías como cercano. Si esto lo hubiese dicho Juan Ramón Rallo, habrían dicho “bueno, Rallo, liberal.” Pero alguien que dice: “No, perdone, yo soy el mejor producto del estado del bienestar, vengo de familia humilde, mi abuela no sabía leer ni escribir, mis padres no son intelectuales, no tienen estudios superiores, yo soy el mejor producto de la socialdemocracia, y le vengo a decir esto”, eso duele todavía más.
DANIEL GASCÓN: Eso decía Christopher Hitchens: no se puede ser un poco hereje, porque te acabas volviendo hereje del todo enseguida.
ESTEFANÍA MOLINA: Exacto, exacto. Contra esos se va mucho más fuerte, no te lo perdonan.
DANIEL GASCÓN: Muy bien. Pues ha sido un placer, muchísimas gracias, Estefanía.
ESTEFANÍA MOLINA: A ti también, Daniel. Me ha gustado mucho estar aquí en tu espacio, y que les guste a tus seguidores, que son muchos.