El Salón de Gascón: Así se investigó la mayor trama de corrupción de la democracia, con Ketty Garat

Desde el escándalo sexual a las tramas de corrupción, pasando por el conflicto dentro del Gobierno entre comisionistas y lobistas: un recorrido por el thriller del sanchismo.
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¿Por qué cayó José Luis Ábalos? A partir de su libro “Todos los hombres de Sánchez”, la periodista Ketty Garat explica cómo la vida disoluta de Ábalos fue el ‘macguffin’ que escondía algo mucho más grande: una trama de corrupción con comisiones del 20% en obra pública, purgas internas en el PSOE y un Santos Cerdán enviado por Moncloa para controlar la información. Garat también habla del acoso que sufrió por parte de colegas de profesión, y de los negocios de Zapatero en Venezuela.

La conversación se grabó la semana pasada. Garat anunció ayer que ficha por ABC.

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Y una transcripción editada.

DANIEL GASCÓN: Muy buenas. Bienvenidos a Letras Libres, al salón de Gascón. Es un placer estar hoy aquí con Ketty Garat, que es periodista de The Objective, y vamos a hablar hoy de algo que es un libro muy vinculado con su trabajo periodístico, que es, yo creo, uno de los libros más importantes de este año que han salido en España: Todos los hombres de Sánchez. Cómo se organizó la mayor trama de corrupción de la historia de la democracia en España. Hola, Ketty, muchas gracias por estar con nosotros.

KETTY  GARAT: Gracias a ti, Dani, un placer estar aquí, un honor.

DANIEL GASCÓN: Una de las cosas que primero sorprenden es que parece que muchos de los asuntos de los que estamos hablando estos días, para entenderlos, está en este libro. Eso por una parte, sobre la autoridad del libro. Y luego la otra cuestión: esto bebe mucho de tus investigaciones periodísticas, que las has contado en otro formato, pero esto es algo distinto. ¿Por qué escribes este libro?

KETTY  GARAT: Lo que es verdad que está sorprendiendo es que efectivamente parece que todo está en el libro. No todo, pero una gran parte de la información que estamos viendo y que todavía no tiene explicación, o que incluso solo aparece en una fase muy indiciaria, muy germinal, muy primaria, como en el caso de la trama del petróleo. Pero es el fruto de cuatro años y medio de investigación. Cuatro años y medio en los cuales yo iba sacando informaciones, no todas las que tenía, en un periodismo de investigación que yo creo que se debe hacer de manera reposada y tranquila, asumiendo que en ocasiones hay noticias que no salen hasta los cuatro años, otras hasta los dos, otras hasta los dos y medio, en función de cuándo están preparadas para ver la luz. No se publican y aparecen ahora, de manera ampliada, en un libro, mostrando también un poco las bambalinas, el backstage, el making of.

Por eso yo creo que hay gente que está disfrutando, y yo me congratulo de ello, al ver que detrás de Carmen Pano estaba la historia de Carmen Pano, o detrás de la trama millonaria del petróleo estaba la historia de cómo se llega a esa trama millonaria, y que se muestra incluso la torpeza de la periodista que al principio va dando unos primeros pasos erráticos, que no consigue avanzar, y que va avanzando a veces fruto de la casualidad, a veces porque hacemos bien nuestro trabajo, hasta llegar al quid de la cuestión, que con una base documental o con unos testimonios, o con las dos cosas, permite salir a la luz.

Cuando yo me doy cuenta de que tengo una cantidad acumulada de material importante, y sobre todo por unos motivos un poco más profundos, que es básicamente mostrar la parte chunga, por decirlo coloquialmente, de nuestro oficio del periodismo, pero también de la política, es el motivo por el que quiero escribir este libro, que rechacé escribir hace cuatro años, hace tres, hace dos, y que decido escribir en el momento en que llego a una serie de fuentes que me permiten ya no solo contar, sino entender. Cuando entiendo toda la película, que era imposible de entender hace cuatro años, hace tres, hace dos, incluso hace uno, cuando hace un año empiezo a entender la película y me doy cuenta de que todo esto fue una operación de control de daños, un intento de teledirigir una investigación periodística y un intento, sobre todo, de tapar la corrupción, es cuando digo: ahora sí hay que contar este libro, ahora sí hay que contar toda la historia y que la gente entienda lo mismo que yo ya he entendido, que la gente se caiga del guindo conmigo, porque yo me he caído del guindo y me he metido una torta monumental, digo, internamente. Y sin embargo, esa torta para mí ha sido muy gratificante porque me ha permitido entender la verdad, y lo que quería es que el lector, mi lector habitual o el telespectador que normalmente nos ve en televisiones o nos escucha en radios, entendiera conmigo qué es lo que ha pasado en este país estos últimos cuatro años y medio.

DANIEL GASCÓN: Antes veníamos hablando de que tiene algo del macguffin, ¿no? Porque también, como en las películas de detectives, donde tú vas a buscar a la mujer de uno que ha desaparecido y acabas encontrando una trama mucho mayor. Entonces el libro es: ¿por qué cae Ábalos? Y parece que no se habla mucho de su caída, ¿qué pasa? Y entonces parece que es por la vida disoluta, el eufemismo que se usa, y tú empiezas a tirar de esa madeja, eres la primera que lo cuenta, pero luego eso te va llevando a una cosa mucho más grande, mucho más amplia.

KETTY  GARAT: Claro. Yo creo que eso es el quid de la cuestión y la clave de bóveda del libro. Y creo que para escribir este libro hay que tener dosis de humildad y de honestidad, reconocer incluso que el periodista a veces también es víctima de lo que le cuentan, o víctima de sus fuentes, o víctima de la información que tiene. Todos tenemos una pequeña porción de la realidad, siempre, pero es la persistencia y la constancia en hacerse la misma pregunta durante un tiempo prolongado, cuatro años y medio en este caso, lo que te permite ir completando todas las porciones de la realidad que contiene el puzle. A mí me llega una información hace cuatro años y medio que era verdad, que era cierta, que eran los motivos de la caída de Ábalos, la vida disoluta, que por cierto no eran solo las prostitutas, eran las facturas, era un indicio de algo. Aquí hay algo que huele mal.

DANIEL GASCÓN: Hay algo que es más grave, que es cuando empiezan a aparecer, pues eso, la cuestión de las facturas, que es por un viaje a Canarias, y eso es lo que lleva al otro asunto.

KETTY  GARAT: Exacto, y a la sospecha que tenía el partido en ese momento del blanqueo, a los viajes a República Dominicana, porque entre los motivos de la caída de Ábalos, como vivimos en este ecosistema mediático político contaminado en muchas ocasiones, en el que no pasamos a veces del titular o de la primera pantalla, se quedó todo el mundo en la primera crónica, la de las prostitutas. Pero fue una serie de ocho entregas, y en esas ocho entregas ya hablábamos de viajes a República Dominicana, ya hablábamos de viajes a Guinea Ecuatorial, ya hablábamos de las facturas, de la sospecha que había de blanqueo de dinero, ya hablábamos de que cesaron al gerente precisamente por este motivo, y hablábamos, por supuesto, del problema político que era capital en el seno del Gobierno que existía, y de la alerta de las feministas del partido por el comportamiento y la vida disoluta de Ábalos. Todo eso era real.

DANIEL GASCÓN: Vida disoluta y contradicción con los principios del partido.

KETTY  GARAT: La colisión, sí, a las puertas de la celebración del cuadragésimo Congreso Federal del PSOE en Valencia, en el que iban con el abolicionismo de la prostitución como bandera. Con lo cual, claro que había un problema político, claro que hubo gente que alertó: Carmen Calvo, lo contamos, Maricha Ruiz Mateos, Adriana Lastra. Después de una reunión en casa de una de ellas aparece la exmujer de José Luis Ábalos y se desahoga, da una serie de informaciones y alerta de que tiene pruebas, y eso pone en guardia a las feministas del partido. Carmen Calvo avisa a Pedro Sánchez, y este no hace nada, no hace nada hasta nueve meses después. Eso es lo que siempre me inquietó, que dije: vale, muy bien, cae por esto, pero ¿por qué la fiesta de Halloween es en noviembre de 2020 y Pedro Sánchez durante nueve meses no hace nada hasta el 10 de julio de 2021, que es cuando lo cesa de manera fulminante? Y además lo camufla, lo camufla con la destitución también de Iván Redondo, la destitución de Carmen Calvo, con una remodelación enorme en la cual de repente hay un retorno del zapaterismo. Eso es lo que me ha obsesionado un poco, lo que me ha picado. ¿Por qué nueve meses? ¿Por qué se calló durante tanto tiempo? Aquí hay una pieza que falta, o varias piezas que faltan.

Y en ese recorrido en el que empiezo a investigar, bueno, de una manera distinta, básicamente porque me montan la mundial en el momento en que publico precisamente los motivos de la caída de Ábalos, de una manera más silente, más pausada, más reposada, más aislada, más marginada, podríamos decir también, es cuando en ese camino me encuentro con una trama de corrupción, y me voy encontrando varias fuentes que me llevan unas a otras, que me van contando cosas que no cuadran en absoluto con lo que me habían contado en un primer momento, como por ejemplo que había gente aterrorizada por Koldo, que ¿qué es lo que hacía Koldo para que tanta gente le tuviera miedo? Que hay empresarios que van a Ferraz a entregar dinero, que hay otros empresarios a los que les dicen que tienen que entregar una comisión al partido del 20% si quieren que se les agilice un contrato o conseguir un contrato de obra pública, que hay un restaurante que se llama La Tragantúa, que ejerce de sede social de una trama, de un grupo que se llama el grupo acelerador, en el cual siempre están presentes José Luis Ábalos, Koldo García, un ginecólogo llamado Ignacio Palomo, un empresario que se llama Víctor de Aldama. Y de uno a otro, de otro a uno, me voy dando cuenta de que aquí estamos hablando de otra cosa totalmente diferente. De eso va la investigación: de cómo a veces a los periodistas se nos intenta utilizar vendiendo una explicación prefabricada, las prostitutas. Y si el periodista es honesto y hace bien su trabajo, tendrá que seguir investigando y acabar reconociendo que la historia no era solo como se la habían contado, que lo que contó era verdad porque estaba contrastado y había información y soporte documental para poder publicarlo, pero que era solo una pequeña parte, y que en realidad estábamos hablando de una operación de control de daños para tapar la corrupción.

DANIEL GASCÓN: Un escándalo que tapa un escándalo mayor.

KETTY GARAT: Claro, un macguffin como la copa de un pino, como decías antes. Efectivamente.

DANIEL GASCÓN: Y ahí, claro, el que te da a veces la información siempre tiene sus propios intereses, y lo utiliza. Y aquí es como, porque ahora grabamos justo cuando acaba de salir la condena de Ábalos, eso es diferente.Recuerdo también que tú citas muchas veces las críticas que surgen cuando aparece la información: que esto es puritanismo, que no sé qué, que se cuenta la vida personal. Y luego otra figura clave en el macguffin parece que es Santos Cerdán.

KETTY  GARAT:  Esto es interesante al hilo de lo primero que decías: las fuentes tienen sus propios intereses. Y el periodista siempre tiene que preguntarse qué interés tiene su fuente. Santos Cerdán no era mi fuente. Yo la información la contrasté con una decena de fuentes. Siempre lo dije y lo sostengo, porque es así. Yo las tengo identificadas, evidentemente hablo de ellas en clave: hablo del ministro M, de la ministra P, de una “garganta profunda” de Moncloa, de diferentes fuentes del Partido Socialista, de otro tipo de ministros que tenían menos información. Esas fuentes estaban identificadas. Pero cuando llega el momento final, esa obligación de diligencia del periodista, cuando contrastas al final con las alturas, con el Palacio de la Moncloa, con el Gobierno, para alertar de que sale esta información, voy a decir esto, no voy a contar esto y voy a sacar esto, tengo esta información, estoy trabajando en ella o directamente la voy a sacar. Hay gente que avisa con veinticuatro horas, hay gente que avisa con una semana. Yo era consciente de que manejaba información muy sensible, en la que también me la jugaba, y por lo tanto avisé con mucho tiempo, y aviso a quien yo califico como mi garganta profunda de Moncloa.

Antes de que yo avise a mi garganta profunda de Moncloa, aviso a Óscar López. ¿Por qué? Porque me llega la información del parador, y la información del parador era muy sensible, y Óscar López era presidente de Paradores hasta que acababa de ser nombrado, justo en la remodelación de Gobierno del 10 de julio, jefe de gabinete del presidente del Gobierno, en sustitución de Iván Redondo. En el cuadragésimo Congreso Federal de Valencia, en octubre de 2021, voy a hablar con Óscar López y le digo: tengo lo del parador. Y cuando le digo esto, me sorprende su reacción. Llevaba semanas persiguiéndole, “tengo que hablar contigo, es un asunto importante, Ábalos”, y me daba esquinazo, me huía reiteradamente. Cuando ya lo veo en Valencia le digo eso, y su reacción es: “Yo no he sido”. No “esto es mentira, esto no ha ocurrido”. No, es “yo no he sido. No avisé al presidente”. Que es lo que a mí me dicen muchas fuentes, que efectivamente se había producido, que él es quien alerta al presidente de que se han producido unos destrozos en una habitación de un parador en la que se aloja Ábalos con prostitutas, y que dejan restos de cocaína y de otras cuestiones, y que esto genera una alarma total en el seno del Gobierno.

La reacción del presidente, de Óscar López, es esa, y lo que a mí me consta por las fuentes que luego consulto es que Óscar López va automáticamente, ese sábado 17 de octubre de 2021, a hablar con Pedro Sánchez, que en ese momento estaba reunido con Adriana Lastra y Santos Cerdán en una de las salas en las que estaban organizando la ejecutiva, y les dice: “Ketty tiene lo del parador y nos va a reventar el congreso mañana, mañana domingo, que era el día de la clausura.” Eso no ocurre jamás. Yo saco la información tres semanas después. Tres semanas después, en las cuales ellos actúan en esa operación de control de daños y me mandan a Cerdán. Cerdán no era mi fuente, Cerdán era un paracaidista, era un emisario. Y es una persona con la que yo jamás había tenido trato, porque era un hombre muy gris, un hombre que hablaba poco con la prensa, un hombre sin dotes de oratoria, sin capacidad, sin don de gentes. Con pocas capacidades para las relaciones sociales y mucho menos con la prensa, que somos un entorno complicado.

DANIEL GASCÓN: Sí, no es como Ábalos.

KETTY  GARAT: Sí, que es todo lo contrario, un animal político y un animal mediático, además un hombre con muchísimas dotes naturales precisamente para la comunicación y para la persuasión con los medios de comunicación. De hecho, era la fuente, yo creo, de todos los periodistas de este país. Pues bien, Cerdán me aparece y me da una serie de informaciones que yo me cuestiono: ¿por qué me está contando esta información? Me confirma todo lo anterior, todo lo que tengo, y me habla por primera vez de las facturas, de los gastos desorbitados, de los gastos desordenados, de que Ábalos presentaba gastos por encima de los nueve mil euros. Y yo me pregunto: ¿para qué me está contando esto este señor? Porque, como yo sabía, Santos Cerdán no solo era el número dos de Ábalos, sino que era su íntimo amigo, y quien se encargaba de la interlocución con Ábalos, de tenerlo tranquilo y contento. Con lo cual yo me pregunto constantemente qué está pasando, y sospecho que me está queriendo utilizar. Pero bueno, él me aporta una serie de informaciones, me enseña una serie de cosas, y yo digo: pues este hombre está diciendo la verdad. Pero hay una cosa que me mosquea, y es que en nuestra última conversación me coge y me dice: “¿pero lo vas a sacar o no?” Me mete prisa en un momento dado, me apremia, me urge a sacar esa información, y entonces es cuando me acojono.

DANIEL GASCÓN: Te inquietas, ¿no? Porque dices: en vez de estar preocupado, está como animándome.

KETTY  GARAT: Exacto. Y es cuando contacto con mi fuente de Moncloa, y le pregunto por Santos Cerdán, por la información, y mi fuente de Moncloa me dice algo que jamás olvidaré, que es: todo lo que te ha contado es verdad. A Santos lo hemos mandado nosotros, y te vamos a dejar sola. Decide tú si te compensa o no sacar esta información. Y a mí se me pasa por la cabeza, porque digo: ¿y si estoy siendo fruto de una intoxicación? Pero sabía que era verdad, y estaba ampliamente contrastada, yo había visto determinado tipo de material, con lo cual tenía la certeza, con un montón de gente, con la decena de fuentes del PSOE y del Gobierno, con el soporte documental. Eso lo tenía claro, pero me inquietaba que me estuvieran intentando utilizar. Aun así, fui para adelante. Pero evidentemente, en el momento en que tú te comprometes con esa información al publicarla, te tienes que comprometer a seguir el rastro de esa información, porque tú no puedes soltar la bomba y desaparecer. Esto no es una bomba de humo.

DANIEL GASCÓN: Claro.

KETTY  GARAT: Y ahí es cuando empieza verdaderamente la investigación, y cuando verdaderamente me doy cuenta de que sí, Santos Cerdán es un emisario, Santos no es una fuente, es alguien a quien mandan, es un ejecutor, como hemos visto y estamos viendo en otras tramas en las que también desempeña ese papel, aunque la trama sea distinta, véase el caso Leire.

DANIEL GASCÓN: Es el señor Lobo.

KETTY  GARAT: Es el señor Lobo el que va a limpiar el rastro de sangre, a que todo esté controlado y a decir “aquí ya no hay ningún problema, todo está en orden.” Pues efectivamente, Santos Cerdán es el señor Lobo. Y yo me empiezo a dar cuenta, aparte de la sospecha de que es el señor Lobo, cuando Ábalos interpone una querella contra mí durante tres años y medio, en la que yo estoy sentada en un banquillo, junto con el periódico The Objective, mi director Álvaro Nieto, igual. Y en ese periodo Ábalos cita a declarar como testigos a muchas de las que él podía sospechar que eran mis fuentes, entre ellas a Santos Cerdán. Y Santos Cerdán va a sede judicial, al titular del juzgado número 52 de Madrid, y miente, dice todo lo contrario de lo que pasó. Entonces yo pienso que aquí está pasando algo, y es cuando empiezo a investigar a Santos Cerdán, a otras personas, a través de otros empresarios que me acaban contando que Santos Cerdán es el testaferro de José Luis Ábalos, que está dentro de una trama de corrupción que se dedica a amañar contratos de obra pública y se lleva el 20% de comisión. Esa es la historia: encontrarse con que de ese macguffin lo que aflora efectivamente es una trama de corrupción en la cual uno que aparentemente era tu fuente en realidad era otra cosa, que lo que pretendía era tapar la trama de corrupción en la que él estaba inmerso, y encapsular en Ábalos las responsabilidades, para que pareciera que todo era un lío de faldas, una cuestión personal, cuando en realidad era algo mucho más profundo.

DANIEL GASCÓN: Tiene muchos gastos porque se gasta mucho en mujeres, digamos. Y luego otro de los temas: todo el rato son como luchas de poder y varias tramas corruptas que operan dentro del Gobierno, dentro del Partido Socialista. Hay un momento en que tú hablas de los comisionistas contra los lobistas, que acaba siendo también un factor en la caída.

KETTY  GARAT: Estoy muy orgullosa de ese concepto, porque luego me lo están copiando muchos, pero creo que está muy bien. Yo he tenido mucho tiempo para la reflexión, y he aprendido mucho del proceso de la redacción del libro, gracias también a mi brillantísima editora, Verónica Puertollano, porque el libro te permite conectar cosas que no has entendido en el fragor de la batalla, en el frenesí de los ritmos trepidantes informativos a los que estamos acostumbrados los periodistas, que a veces no te permiten serenidad para pensar y para conectar hechos que están conectados y que tú no ves hasta que no te sientas y juntas todas las piezas. Los comisionistas y los lobistas es fruto de esa reflexión, porque efectivamente yo no tengo todas las piezas, tengo muchas, pero de repente me voy dando cuenta, y me van contando, que aquí había un equipo de corruptos premium y de corruptos low cost, de profesionales y de amateurs, y que de repente son los profesionales los que empiezan a dar una serie de pasos para sacar de la ecuación, del mismo mercado en el que ambos están cohabitando, coexistiendo en ese mismo ecosistema, a los cutres. ¿Por qué? Porque están dejando rastro, porque están siendo ruidosos, están cometiendo demasiadas torpezas, dejando demasiadas migajas de pan que pueden ser recogidas por los investigadores, por la UCO, por la UDEF, por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y por los tribunales, y por lo tanto aflorar y que salga a la luz precisamente esta trama de corrupción.

De repente, en un momento concreto, coincidiendo además con el cenit de la vida disoluta del ministro de Transportes, se produce precisamente una serie de movimientos, coincidiendo además con las operaciones de rescate por parte de la SEPI, en el cual los comisionistas ganan una primera batalla, el rescate de Air Europa, pero pierden la segunda, el rescate de Plus Ultra, momento en el cual ganan, o cogen fuerza, los lobistas, y aprovechan ese contexto para hacer una operación de mucho mayor calado que saque de la ecuación al máximo adalid de los comisionistas, que es José Luis Ábalos. Y a partir de ahí hay que recordar, además, que el presidente de Paradores, Óscar López, zapaterista de pro, junto con Antonio Hernando, también zapaterista de pro, acaba convirtiéndose en jefe de gabinete de Pedro Sánchez, pese a que Antonio Hernando y Óscar López fueron los dos principales traidores de Sánchez en el llamado Comité Federal de Pedro Urraco, el 1 de octubre de 2016, en el cual se destituye, se depone a un secretario general del partido que acaba tomando luego las riendas siete meses después, en las segundas primarias. Y ese presidente de Paradores, que acaba reconvertido en jefe de gabinete del presidente, es solo una de las piezas que son rehabilitadas del zapaterismo. Junto con esas dos piezas, también Antonio Hernando, que era alguien absolutamente mandado al ostracismo, odiado por Begoña Gómez y odiado también por el propio Pedro Sánchez, pues junto con ellos recuperan a todas las personas significadas del zapaterismo de la siguiente generación, como Isabel Rodríguez, Pilar Alegría, personas que se convierten precisamente en ministras, en una operación de mucho mayor calado, y en la cual salen de la ecuación todos los comisionistas menos uno: Santos Cerdán, que es la persona que se encarga de controlar a José Luis Ábalos.

DANIEL GASCÓN: Sí, claro, porque es otro de los temas: la traición. Digamos que todo el rato vemos cómo se traicionan unos a otros, o se recupera, como decías, a quien te ha traicionado antes, porque parece que hay un momento en que Sánchez necesita rescatar a esa gente.

KETTY  GARAT: Te confieso que el título del libro inicial, el que yo tenía en mente, es verdad que yo soñé con esta portada desde que empecé a maquinar realmente si quería escribir un libro. Pero mi título no era este. Este es mucho mejor que el mío, pero el título inicial era El traidor. Porque a mí lo que me empieza a obsesionar cuando decido que quiero escribir el libro es la traición en política. ¿Hasta qué punto llega la traición en política? Es verdad que El traidor no se ajustaba verdaderamente a la historia, porque la historia no iba solo… yo pensaba en la historia de una traición múltiple, en la que efectivamente Santos Cerdán traiciona a José Luis Ábalos, pero José Luis Ábalos también traiciona a Pedro Sánchez, traiciona a Koldo García, Koldo García a su vez traiciona a José Luis Ábalos grabándole. Y claro, todos se traicionan entre sí, y el último que nos traiciona es Pedro Sánchez, que nos traiciona a todos, porque efectivamente tiene información que se calla durante mucho tiempo, que nos la oculta a todos los españoles sabiendo que era el germen de una gran trama de corrupción. Creo que evidentemente el título es mucho mejor, Todos los hombres de Sánchez, porque la traición es múltiple y tiene muchas más aristas, no se circunscribe ni siquiera a estas cuatro personas. El último capítulo del libro es de una persona, de un protagonista de un perfil que no está ahí, que es José Luis Rodríguez Zapatero, por ejemplo.

DANIEL GASCÓN: Claro. Y también está bien que sea “hombres”, porque parece, en el Gobierno más feminista de la historia, como muchas veces ha dicho, los protagonistas son hombres, y de hecho casi empieza con la expulsión de las feministas.

KETTY  GARAT: Eso te iba a decir, es que precisamente son todos los hombres de Sánchez porque se purga a las mujeres, porque se purga a las feministas. Son las que alertan precisamente de que algo está pasando, desde 2021, y estamos en 2026, son las feministas del Partido Socialista, que luego algunas ejercen también de cómplices, de colaboradoras necesarias. Hay perfiles muy híbridos, muy poliédricos, como por ejemplo el de Carmen Calvo, que me niega en ese capítulo, La catedral de Burgos, que me niega taxativamente que ella haya sido quien realmente alertó al presidente del Gobierno para tapar precisamente todo esto, y que cuatro años después confirma punto por punto todas las informaciones que yo le hice y que ella me negó, diciendo que eso es una mentira como la catedral de Burgos. Pues resulta que no, que era como digo, no. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, pues voy colgándome la medalla. Pero yo creo que la historia es la hipocresía de un falso feminismo, en el cual las mujeres fueron purgadas, y las mujeres eran conscientes de que había un grupo de “machirulos”, si así lo llamaban, el grupo de los machirulos, que tenían hasta nombres para definir a muchos de ellos: a Paco Salazar le llamaban “El Moranco”, por ejemplo, a Santos Cerdán le llamaban “El Chispas”. Tenían determinados motes para cada uno de ellos. Pero ese grupo de mujeres padecían y sufrían la purga sistemática, y muchas veces lo hacían en silencio, porque sabían que la alternativa al silencio era una purga aún mayor: que ya no solo te purgaban de la ejecutiva del partido, sino también de las listas, también de tu puesto en el Congreso o en el Senado, o también de luego ser rehabilitada, como Adriana Lastra posteriormente, como delegada del Gobierno en Asturias.

Adriana Lastra sale de la ecuación de la política nacional en el año 2022, presionada, a mí me cuentan que en una operación casi de acoso y derribo por parte de Santos Cerdán, de moobing, porque estaba embarazada, por cierto, de cinco meses. Pero en lugar de salir públicamente a denunciar a quien le estaba acosando, que era un cargo del partido, el número tres del partido, entiendo que es difícil, pero es lo que tenía que haber hecho alguien que se dice feminista y que vela por los derechos de las mujeres, empezando por el suyo. Es desterrada, se va, decide desaparecer, y con posterioridad, casi de tapadillo, desde la penumbra, es rehabilitada como delegada del Gobierno en Asturias.

DANIEL GASCÓN: Estaba pensando, claro, que hay muchos políticos que muestran ese lado, por una parte traidor y por otra parte cobarde, de una política con una estructura muy jerárquica, donde todo el mundo se siente muy en manos del jefe y de que te pueden castigar. Pero casi una profesión que en teoría es más libre y menos jerárquica, pero tampoco sale muy bien parada en muchos casos, es el propio periodismo, que es otro de los temas del libro. El libro es como una descripción del oficio del periodismo de investigación, pero también tiene una parte de denuncia o de lamento de un trato que has recibido.

KETTY  GARAT: Sí, hay un sublibro dentro del libro que es la parte de crítica de la profesión, que yo creo que merece muchas críticas, por lo que ha pasado en estos cuatro años y medio, y en general. Yo creo que hay una parte de nuestro oficio en la que los periodistas debemos ser muy conscientes, como yo cuento incluso en primera persona, de que a veces nos están utilizando. Una cosa es que tú seas consciente de que te están utilizando, que lo puedas sospechar, y que cuando lo descubres, desde luego, hagas lo que debes hacer, que es destaparlo, incluso si te deja mal a ti. Yo creo que a mí no me deja mal el libro, pero yo admito, cuento los hechos casi en tercera persona más que en primera. Es decir: esto pasó con Ketty Garat. A mí me contaron esta información, y ahora juzga tú lo que quieras juzgar, y si yo he estado a la altura o no.

Pero la realidad es que hay otra parte de la profesión que decide, por voluntad propia, con dolo, con premeditación y alevosía, plegarse a ese servilismo, y ejercer en ocasiones funciones que trascienden a nuestro oficio, como ejercer de sicarios del poder, de mamporreros del poder, de francotiradores del poder, de señalar a periodistas que están investigando con el objetivo espurio de que no se investigue, de que no salga a la luz una información. Y por supuesto que aireo eso. Creo que lo hago de manera bastante contenida, Dani, porque era el capítulo que más me preocupaba del libro, el que más he padecido, el que más he penado en este tiempo, el que más me ha dolido. Y yo no quería que sonase revanchista, vengativo, no quería que se palparan mis sentimientos, que los tengo con este capítulo. Por lo tanto, es el único capítulo que he purgado, que he revisado y esquilmado varias veces, que he quitado cosas, que he dicho: no, un poco menos, un poco menos, porque no quiero que se perciban los sentimientos, quería que fuera un relato factual, es decir, los hechos, las personas, lo que se dijo, lo que no se dijo, todo punto por punto.

Hay gente que se ha sorprendido al ver a determinadas personas, me decían: “pero ¿cómo va a estar ahí Girauta?” Pues estuvo, estuvo y lo dijo. O cómo va a decir Antonio Ansón, pues estuvo y lo dijo. Y es bueno también que hagamos ese ejercicio, porque yo creo que, sin ánimo de cargar las tintas contra nadie, que se señale efectivamente a Palomera, o que se señale a determinadas personas, es relevante para que hagamos examen de conciencia de lo que no se debe hacer, y por lo menos para que nos dé más vergüenza si vuelve a ocurrir. Yo no le pongo adjetivos a esto, lo que cuento es lo que fue, porque fue y pasó, y fue muy duro. Entonces creo que es una perversión de nuestro oficio, como creo que es una perversión, por ejemplo, en el caso de Santos Cerdán, entender mal el secreto profesional. También creo que es una perversión, porque en base a esto del secreto profesional, entendemos que como es mi fuente la protejo. Cuidado, ¿hasta dónde? Como tú descubras que tu fuente es un topo de una trama de corrupción, o que es un corrupto, tienes que destaparlo, estás obligado a destaparlo, porque nosotros tenemos que ser conscientes de que nuestro trabajo responde al interés general, no al interés particular, ni de tus fuentes, ni de periodistas, ni de medios de comunicación, ni de élites periodísticas, ni de élites políticas.

Y yo tenía claro, entiendo que hay gente que respira por la herida y que ha criticado mucho el libro, y eso me congratula porque eso es que está bien hecho, que el libro no podía estar escrito ni para políticos ni para periodistas, que estaba escrito para que el ciudadano entienda que a veces la política y el periodismo funcionan así, y a veces se produce una simbiosis en la cual, o casi diría, también es parasitismo.

DANIEL GASCÓN: Quizás es más parasitismo.

KETTY  GARAT: Son las dos cosas a la vez. Y yo creo que eso efectivamente no puede ocurrir, no puede ocurrir, y se tiene que airear para que no ocurra, o para que ocurra menos, o para que nos dé más vergüenza ver plasmado negro sobre blanco ese tipo de comportamientos.

DANIEL GASCÓN: Sí, cuentas, por ejemplo, de encerronas televisivas y manipulaciones. O por ejemplo hay otro momento en que dices: y me doy cuenta, cuatro años después, de que muchos de los que me estaban atacando nunca habían leído las informaciones. O lo que cuentas de cuando te está atacando y llevando a los tribunales Ábalos, la Asociación de Periodistas Parlamentarios le nomina, y al final le da, ex aequo, el premio a la mejor relación con la prensa, que parece casi de parodia.

KETTY  GARAT: Esa fue la parte más dolorosa, fíjate, de todas, porque es verdad que yo soy, todavía lo soy, miembro de la Asociación de Periodistas Parlamentarios. El periodismo parlamentario es lo que me motivó a empezar en esta profesión, y fue mi mayor decepción. Digo que fue mi mayor decepción, y que el periodismo de investigación se convirtió en ese momento un poco en mi refugio, porque es lo que me permite desviar la atención e intentar no pensar en lo que está pasando. Lo que estaba pasando era eso, que efectivamente Ábalos había conseguido convencer a mis compañeros de que el bueno de la película era él, de que él no era un corrupto. Y consigue convencerlos durante cuatro años, durante cuatro años consigue que prácticamente todo el mundo piense que yo estoy mintiendo, que soy una bulera, que soy una intoxicadora profesional, que lo que yo cuento es mentira, y que él está siendo víctima de una campaña de acoso. Y en esa realidad paralela, yo estoy embarazada de ocho meses, sentada en un banquillo, declarando en los tribunales durante tres años y medio, siendo víctima de una cacería mediática instigada por Ábalos y por miembros del Partido Socialista como Santos Cerdán, pero utilizando a algunos de mis compañeros, que emprenden una campaña para recabar votos, para darle a Ábalos el premio a la mejor relación con la prensa. Y lo hacen justo unas semanas después de que él interponga la querella contra mí, lo cual es dantesco, que esto haya ocurrido.

Fíjate, tanto que se habla de feminismo en el libro, de feminismo bien entendido o mal entendido, y se retrata a los personajes, ya que se habla de los hombres de Sánchez pero también de las mujeres, yo creo que esta historia ha sido una historia de acoso profundamente machista, por ser yo una mujer, por ser yo una mujer ubicada en el espectro de la derecha. Cuando yo soy periodista, yo no soy periodista de derechas, soy una periodista que publica una serie de informaciones de la izquierda y del Partido Socialista porque llevaba catorce años siguiendo al Partido Socialista. De hecho, yo no era periodista de investigación, era periodista política, y casi me encuentro con esta trama un poco por casualidad.

DANIEL GASCÓN: Y esta cosa que dicen siempre: “¿Y por qué no hablas de la corrupción del PP?”

KETTY  GARAT: Porque no sigo al PP.

DANIEL GASCÓN: O si siguiera al Gobierno, pues cuando el Gobierno sea otro…

KETTY  GARAT: Eso por supuesto. Nosotros los periodistas tenemos que fiscalizar al poder, y cuando toca el poder, eso para empezar. Pero es que yo, donde tengo fuentes, excelentes fuentes, es en el Partido Socialista. Ha sido mi ecosistema, y de hecho hay un párrafo final ahí que hago como un pequeño homenaje, porque es verdad que mi vida en los últimos dieciocho años ha estado vinculada al Partido Socialista, mi vida, mis amigos, mis amigas, mi entorno familiar, incluso personal, ha estado vinculado al Partido Socialista, y yo no tengo estas fuentes, ya me gustaría, en el Partido Popular, no las tengo, las tengo en el Partido Socialista. Por eso consigo aportar un valor añadido tan cualitativamente relevante, y cuantitativamente también, en este campo, porque era mi ecosistema. Yo iba empotrada en la campaña con Pedro Sánchez, seguía las campañas electorales desde Alfredo Pérez Rubalcaba, conocía a Pedro Sánchez desde que era concejal. Eso es lo que te permite tener un plus, meterte como un topillo, e ir intentando aflorar lo que había bajo la superficie.

DANIEL GASCÓN: Y además hay otra cosa que cuentas que es muy interesante: dices que siempre el periodismo ha tenido esa pulsión por lo inmediato, y ahora más que nunca, y tú dices que muchas de las cosas te las estás guardando, porque o no lo puedo decir por una cuestión legal todavía, o porque necesito una confirmación de otro sitio, me falta la prueba. Y entonces es la tenacidad y la paciencia.

KETTY  GARAT: Sí, yo he aprendido mucho con eso, porque fíjate, yo venía de la radio, entonces el periodismo radiofónico, que es una belleza, es un periodismo muy inmediato. Es verdad que también hacía prensa escrita al mismo tiempo, cuando estaba en Radio Libertad Digital, pero estaba acostumbrada a lo que tienes, lo contrastas, lo cuentas ya automáticamente en el transcurso de una mañana, de unas horas. Y de repente, yo creo que casi tengo que agradecer esa campaña de acoso contra mí, porque sin esa campaña de acoso no me habría obsesionado tanto, hasta el punto de guardarme información durante años, en ocasiones hasta cuatro años, de manera paciente y casi temerosa, porque efectivamente quería primero entender, saber y controlar la información para saber cuándo la podía sacar. Y ese trabajo de casi artesanía periodística me ha enseñado mucho, porque nunca había trabajado así, pero he trabajado así a la fuerza, a la fuerza, quiero decir, deslegitimada, habiéndote quitado tu credibilidad, que es lo más sagrado que tiene un periodista. Cuando te quitan tu palabra, cuando estás inmersa en una crisis reputacional tan profunda, sabes perfectamente que te la tienes que jugar con papel de fumar, que cada noticia que vayas a sacar tiene que estar meticulosamente tratada. Y hay noticias en las que he estado cuatro años trabajando, cuatro años, y fuentes con las que he hablado todos los días durante cuatro años, a veces varias veces al día.

Y eso me ha enseñado mucho, y estoy orgullosa del trabajo, del producto, de cómo ha quedado el libro, porque también creo que sirve un poco de revulsivo profesional, y para proyectar que necesitamos otra manera de trabajar. La irrupción de las redes sociales, la cantidad de medios que hay, la cantidad de desinformación que existe, de canales de YouTube, de tanta saturación, nos ha hecho perder un poco, o dejarnos arrastrar a una vorágine en la que tenemos que sacar información todos los días, sacar información inmediata, publicar. Y en ocasiones hay que serenarse y decir: no, esta investigación requiere un tiempo. Y también mandar un aviso a los medios de comunicación: es importante que los medios sean conscientes de que hay que pagar a periodistas que en ocasiones tengan que estar cuatro años investigando un tema sin sacarlo hasta que lo saquen, trabajando también en otros temas a la vez, porque no te puedes dormir en los laureles. Pero yo creo que ese periodismo, que es el periodismo clásico, que está inventado desde el Watergate, haciendo el guiño precisamente, y desde antes del Watergate, es decir, que nadie ha inventado aquí nada, que esto ya existía desde tiempos inmemoriales, es recuperar esas esencias del periodismo que yo creo que son necesarias, y que a lo mejor los ritmos trepidantes de ahora no nos permiten conectar con ellas, pero que es, por lo menos a mí, lo que me ha permitido sacar gran parte de las exclusivas de este caso: el haber vuelto a los orígenes, y el haber dicho, pues desde el descrédito más profundo voy a recuperar mi credibilidad. Y la he recuperado gracias a esa paciencia, esa serenidad, en ocasiones difícil de conseguir, porque a veces efectivamente la vejación constante, los francotiradores, el señalamiento, el constantemente hablar de “El Ojete”, los ataques por parte del Gobierno desde tribunas públicas, desde el Congreso, desde la Moncloa, no ayudan y te enrabian. Y yo en esos tiempos tenía una máxima: intentemos no entrar en redes, intentemos no responder, no contestar, que nuestras noticias hablen por nosotros. Contestemos con noticias, no contestemos nosotros, no conteste yo. Y en casos muy puntuales he respondido a un tuit ofensivo, a un ataque directo, en casos muy puntuales, y seguramente en esos casos puntuales en los que he respondido me haya equivocado respondiendo, porque creo que es mejor no contestar, marcar hoja de ruta y seguir adelante.

DANIEL GASCÓN: Claro. Y además también sucedía que tú estabas en un medio que era nuevo, y que tampoco podía hacer mucho. A veces los medios te sirven un poco de protección, en cierta manera, y ahí se denigraba a ti y al medio. Y sí que me parece que luego lo que hemos ido viendo te ha dado la razón. También has tenido algún reconocimiento, como el Premio de la Asociación de la Prensa de Madrid, y luego lo que seguimos viendo en las noticias. Antes te quería preguntar, porque en el libro aparece, no exactamente lo que estamos viendo sobre Zapatero, pero sí algunas actividades inquietantes de Zapatero, aparece el caso Begoña. ¿Qué te está sorprendiendo de lo que estás viendo confirmado de lo que estamos aprendiendo estos días?

KETTY  GARAT: Me sorprendió el momento en que sale el auto del juez Calama, porque es verdad que el auto, cuando sale, sitúa a Zapatero como el vértice de un entramado de tráfico de influencias a escala internacional, a escala global, en el mercado del petróleo, del oro, del níquel, del gas natural, de bienes materiales. Y yo, en el último capítulo del libro, hablo de los inquietantes negocios de Zapatero, concretamente en el mercado del petróleo. Hablo de cómo Zapatero cobra en buques de petróleo por blanquear al régimen de Maduro, y cómo lo hace, además, conociendo a Aldama en 2019, cómo Aldama tiene un cupo de petróleo que comparte con un trader de petróleo y con un político estadounidense, y cómo él se da cuenta de que tiene una posición privilegiada con Delcy, y se arrima precisamente a Aldama, con quien tenía una mala relación y tenía reticencias, porque ambos reciben el mismo encargo por parte de Air Europa para recuperar los doscientos millones de dólares que tenían retenidos en Venezuela. Él se cabrea inicialmente, tiene recelos del personaje, pero de repente se da cuenta de hasta qué punto este tipo tiene entrada en el Palacio de Miraflores, de que tiene una relación muy cercana con Delcy Rodríguez, que es la ministra del petróleo y la vicepresidenta de Maduro, y por lo tanto aprovecha eso como escalón, como catapulta, para llegar a Delcy Rodríguez, y lo consigue, pero lo consigue después de China, de blanqueamiento de Huawei, de entrar precisamente en un momento de bloqueo, de sanciones internacionales al petróleo de Venezuela, a la compraventa de petróleo de Venezuela por parte de Estados Unidos, por parte de la Unión Europea. El mayor comprador de petróleo venezolano era China, y Zapatero sabe ver la ventana de oportunidad, y aprovecha la posición de China para aprovecharse de un cupo de petróleo. Y ahí entra la colisión entre los comisionistas y los lobistas. Todo eso, de momento, no lo hemos visto desarrollado en el auto del juez Calama, la explicación del petróleo, estamos viendo la consecuencia directa.

DANIEL GASCÓN: Es como si pudiéramos ir o por Ábalos o por Zapatero, más o menos. Cuando yo leí eso me acordaba, aunque no había leído todavía tu libro, de lo que tú contabas en alguna entrevista.

KETTY  GARAT: Sí, claramente, porque además quienes estaban en ello conocían que la vía anterior había sido la de Ábalos, pero que esa vía había dejado rastro, como te decía antes, se habían dejado pelos en la gatera, había habido algunos comportamientos, porque Ábalos en ese momento estaba también a por uvas, las prostitutas, se quedaba dormido en los consejos de ministros, tenía una vida cada vez más ostensible. Y entonces los lobistas sopesan: oye, ¿contamos otra vez con los amateurs, malo conocido, o bueno por conocer? Y deciden optar por el bueno por conocer, que resulta que tampoco era bueno. Con lo cual se produce efectivamente esa colisión, pero queda mucho por conocer de la parte del petróleo, por ejemplo, creo que hay datos en el libro que van más allá de lo que ya se sabe. Hay otros en los que lo que estamos viendo es la consecuencia de lo del petróleo, por ejemplo cobrar a través de sociedades instrumentales determinadas partidas, que si Bolivia, que si Perú, que si Plus Ultra. Pero esto, de momento, es la espuma de la cerveza, nos queda meternos en harina.

A mí una fuente, hace muy poco tiempo, cuando le pregunté por lo de Plus Ultra, lo que acababa de salir en el auto del juez, me dijo una frase que utilizó José Luis Ábalos, y que lo sabes porque te lo has leído en el libro: “Plus Ultra es el chocolate del loro.” Y digo: pero ¿no eran las mascarillas? Ahora Plus Ultra, que es un escándalo mayúsculo de rescate a través de la SEPI de cincuenta y tres millones de euros, ahora es el chocolate del loro. Antes eran las mascarillas. Fíjate cómo será el iceberg de grande para que Plus Ultra sea el chocolate del loro, para que sea una parte muy pequeña de todo lo que nos queda por conocer. Lo que me ha sorprendido es el momento, porque yo pensaba que daba el pelotazo con lo del petróleo, que es verdad que es importante y es una exclusiva muy importante, pero yo creo que lo que el juez Calama está haciendo, lo que está dilucidando precisamente al principio de esta investigación judicial, es seguramente lo más importante, y lo que más va a repercutir directamente en Pedro Sánchez.

DANIEL GASCÓN: Ya para terminar, además tengo mala conciencia por tomarte tiempo porque pienso que estás desatendiendo noticias. Leyendo el libro, que está muy bien construido, y sé que ahí Verónica también ha sido importante y está muy bien llevado, tiene algo que casi pensaba: esto es una película en realidad.

KETTY  GARAT: Sí, es un thriller.

DANIEL GASCÓN: No sé si te han llegado ofertas, pero se podría hacer. Y luego, claro, no sé, siempre te conocen ya en el Partido Socialista porque llevas muchos años, pero a veces sucede algo en España, y es que tú eres un periodista de investigación muy bueno, y como las estructuras de los medios son pequeñas, te acaban ascendiendo, ya no puedes hacer investigación porque te mandan a hacer opinión, o tareas más de gestión, o lo que sea. ¿Cómo vas a seguir siendo periodista de investigación, o de repente vas a ser también una figura más relevante? ¿Eso es una ventaja, puede ser una desventaja?

KETTY  GARAT: Pues a ver, es un riesgo. Es un riesgo porque además el periodismo de investigación no está tan bien pagado como otras cosas. Pero te digo que mi camino es la investigación, mi camino es la investigación. Es tentador, y yo creo que intentan también muchas veces ponerte caramelos para sacarte de la ecuación, sacarte de la carretera. Pero mi camino es el de la investigación. Creo que yo he vuelto a creer en el periodismo estos años, y he visto la posibilidad de dejar de ser periodista. Hace cuatro años yo pensé que me sacaban de la profesión, que me sacaban porque me dejaron sin crédito, sin honor, sin palabra, sin lo más básico que tiene un periodista, que es la credibilidad. Yo no la tenía.

DANIEL GASCÓN: No hemos dicho que los juicios los ganaste todos.

KETTY  GARAT: Sí, sí, sí, por supuesto. Pero es verdad que yo me planteé en ese momento si merecía la pena, si era demasiado coste. Y al ver que el trabajo vale la pena, que no siempre gana el bueno, que no siempre gana la verdad, y al ver que el trabajo ha servido, que además es muy emocionante cómo ha salido, cómo han sido los momentos, la alineación de los astros, el trabajo que ha sido muchísimo, que conlleva muchísimos sacrificios personales, como te podrás imaginar, me traicionaría a mí misma si renunciara a algo que me ha devuelto la fe en esta profesión. Porque yo creo que el periodismo es necesario para una sociedad democrática avanzada, y en The Objective lo hemos demostrado, creo que yo humildemente lo he demostrado, simplemente con honestidad, porque nadie es mejor que nadie, si no que hace más que alguien, y yo creo que yo lo he hecho, dedicando horas, dedicando trabajo. Y mi camino es ese. Ofertas televisivas o de otro tipo, pues hay, pero creo que me he comprometido con otra cosa que merece más la pena.

DANIEL GASCÓN: Genial. Pues yo creo que es muy buena noticia para los lectores en España, y muchas gracias por hablar con nosotros. Os recomendamos el libro Todos los hombres de Sánchez, y muchísimas gracias, Ketty.

KETTY  GARAT: Gracias a ti, Daniel Gascón, es un honor estar aquí.


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